
Con un Holguín a oscuras y en crisis, el gobierno local organizó la denominada Fiesta Cristal, un jolgorio con cerveza y conciertos que provocó indignación popular por su derroche, oportunismo y desconexión total con la realidad del pueblo.
La tercera edición del evento, organizado por la Cervecería Bucanero S.A. y MB Producciones, tuvo lugar el sábado 12 de julio en los alrededores del estadio mayor general Calixto García de la conocida como Ciudad cubana de los parques. Contó con la dirección artística de la actriz y presentadora de televisión Edith Massola, y no faltó cerveza, música en vivo y abundante consumo eléctrico.
Al show acudieron agrupaciones musicales como Maykel Blanco y su Salsa Mayor, Elito Revé y su Charangón, Juan Guillermo Almeida (JG) y Wildey, “con entrada libre para todo el público”, destacó la emisora Radio Taíno.
Este tipo de fiestas, “que ya se han realizado en Santiago de Cuba y llegarán próximamente a La Habana”, forma parte de la campaña oficial de verano “Siempre Joven”, e incluyó 16 carpas de cerveza Cristal, rifas, juegos y conciertos hasta las 2:00 a.m., según información difundida en las páginas en Facebook de medios oficialistas como el periódico ¡Ahora! y la emisora Radio Angulo.
Incluso, el Salón Benny Moré y la cafetería Charles Chaplin -centros culturales de Artex en Holguín-, cerraron sus puertas ese día para sumarse al espectáculo, con promesas de “arte y buena compañía”.
Pero la población no celebró. En redes sociales, muchos calificaron la actividad como una “vergüenza nacional”.
La periodista Annarella Grimal recordó a través de su perfil en Facebook que la celebración coincidió con el cuarto aniversario de las protestas del 11 y 12 de julio en Cuba, conocidas como el 11J, “en las que miles de personas salieron espontáneamente a las calles en todo el país para reclamar el fin de la dictadura”.
El estallido ocurrió “en un contexto de crisis económica y sanitaria que, a su vez, desató la represión descontrolada del Gobierno, con al menos un muerto, y la encarcelación de más de 1,000 cubanos, entre ellos mujeres, ancianos y menores de edad”, contextualizó.
El gobierno cubano restó legitimidad a las protestas masivas del 11J y argumentó que habían sido organizadas desde Estados Unidos. Sin embargo, fue una jornada inédita de valentía ciudadana que terminó reprimida con violencia tras las palabras del presidente Miguel Díaz-Canel en la televisión nacional, cuando expresó: “La orden de combate está dada”.
Asimismo, apuntó Grimal, la Fiesta Cristal también coincidió “con el aniversario 31 de la masacre del remolcador “13 de Marzo” (sucedida el 13 de julio de 1994) , en el que más de 40 personas, incluidas mujeres y niños perdieron la vida a consecuencia del hundimiento, por orden del MININT, del barco en el que pretendían huir hacia Estados Unidos.”
La fecha, simbólica y dolorosa, contrastó con la euforia oficial impuesta desde las tarimas.
Mientras se anunciaba la gratuidad del evento, usuarios denunciaron zonas VIP con cerveza ilimitada, manillas exclusivas y acceso restringido para dirigentes y allegados al poder. “Gratuito fue para los de la tarima”, comentó una usuaria en Facebook, mientras otro ironizaba: “¿Regalarán la cerveza también?”.
La doble moral fue otro blanco de críticas, sobre todo hacia la figura de Edith Massola, directora del evento, a quien señalaron por promover alegría “desde lejos”, mientras su familia reside fuera del país.
También hubo ironías sobre la ausencia de figuras como Sandro Castro, nieto del dictador Fidel Castro, mencionado en varios comentarios con sarcasmo: “¿Y Sandrito no viene?”, “Deja que se entere…”, en alusión a sus videos de promoción de la cerveza Cristal.
El uso desmedido de electricidad para alimentar luces, sonido y carpas refrigeradas también levantó cuestionamientos. “¿Por qué no ahorran esa corriente y nos ponen un poquito más para dormir?”, escribió un internauta, reflejando el hartazgo ante los apagones sistemáticos que asfixian a la mayoría.
Todo ello mientras los vecinos del reparto holguinero El Llano reportan días completos sin electricidad.
Otro joven se refirió a la creciente inseguridad ciudadana en el país: “Sí, todo muy bonito, lo malo es que los bandoleros esperan que se acabe la fiesta para dar golpes y quitarle las cosas a la gente”.
De acuerdo con Grimal, “los usuarios coincidieron en que estas fiestas no representan al pueblo, sino a una cúpula privilegiada que ʻsigue burlándose del cubano de a pieʼ”.
En medio del hambre, el calor, la represión y la desesperanza, esta supuesta “fiesta del pueblo” dejó un sabor amargo. A los cubanos de a pie les cuesta entender cómo se destinan tantos recursos a fiestas y espectáculos, mientras escasean los alimentos, los hospitales se deterioran y el colapso energético golpea con fuerza a los más vulnerables.
En lugar de usar lo poco que queda para aliviar la crisis, el gobierno prefiere montar shows. Lo hace con entusiasmo, aunque cada vez reciba menos aplausos. Para muchos, no fue más que una cortina de humo y un derroche que solo evidencia, una vez más, la desconexión entre quienes dirigen y quienes sufren.
No es la primera que la ciudadanía cuestiona este tipo de eventos. En febrero, la celebración de una fastuosa cena como parte de la celebración del Festival del Habano en el Capitolio de La Habana, fue un claro ejemplo de esta desconexión.
Mientras el país enfrenta apagones masivos y carencias básicas, la élite se congregó en la sede de la Asamblea Nacional para celebrar la exclusividad del tabaco cubano en un evento que dista mucho de las penurias cotidianas del ciudadano común.
La primera dama, Lis Cuesta, ha defendido públicamente la realización de estos eventos de lujo, argumentando que "forman parte de la identidad nacional y no pueden ser suspendidos".
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