El historiador cubano Rolando Gallardo lanzó una revisión crítica de la figura de Carlos Manuel de Céspedes, considerado el «Padre de la Patria» cubano, al señalar que el prócer no liberó genuinamente a sus esclavos en el Grito de Yara, sino que los llevó al combate como «carne de cañón» tras mantenerlos como esclavos hasta el mismo día del alzamiento del 10 de octubre de 1868.
Gallardo formuló el cuestionamiento durante una entrevista con Tania Costa para CiberCuba, donde planteó un desafío directo a la narrativa patriótica oficial: «Quiero que alguien me diga un solo nombre de un esclavo de Céspedes que haya sobrevivido la primera etapa. Ninguno. Los mantuvo como esclavos y después, como carne de cañón».
El argumento central del historiador es que Céspedes tuvo la opción de liberar a sus esclavos sin condiciones. «Pudo haberlos liberado también y haberle dicho váyanse. Los llevó al combate», afirmó, subrayando que la decisión de incorporarlos a la guerra no fue un acto de emancipación, sino de instrumentalización. «Caramba, Céspedes. Hay que revisar un poco la figura, ¿no?», concluyó.
Esta lectura contrasta con lo que recoge la historiografía crítica sobre el Grito de Yara: según Britannica, Céspedes permitía la incorporación de esclavos al ejército rebelde solo con permiso de sus dueños, y favoreció una «emancipación gradual e indemnizada» para no alienar a los plantadores del occidente cubano.
Gallardo también abordó la muerte de Céspedes, ocurrida el 27 de febrero de 1874 en San Lorenzo, Sierra Maestra, y apuntó a que los propios mambises lo abandonaron deliberadamente a su suerte.
Para sostenerlo, el historiador remitió al diario personal del prócer. «Ir directo al diario de Céspedes. Allí él habla claramente de que primero lo han dejado sin escolta, de que le han negado el pasaporte para irse a los Estados Unidos y que él sabe que lo están haciendo con una intención mezquina».
Gallardo conectó esas palabras con un hecho que la historia recoge. Se refirió a un ex esclavo de quien era en ese momento presidente de la República en Armas, que fue visto entrar al lugar donde se encontraba Céspedes, y de inmediato el batallón español de San Quintín salió a buscarlo.
«Evidentemente lo dejaron en un lugar de fácil acceso. No lo dejaron en un lugar provisto de seguridad», señaló el historiador, insinuando que fue entregado o abandonado a propósito.
La crítica de Gallardo se extendió a los mambises en general, a quienes describió como «una continuidad de la corrupción española. Es la misma y es lo mismo».
El historiador respaldó esa afirmación apuntando a la narrativa republicana. «Toda la República de Cuba hasta 1940 fue gobernada por mambises. La República Mambisa a la que llamamos la República Neocolonial». Estrada Palma, José Miguel Gómez, Alfredo Zayas y Gerardo Machado eran todos mambises, recordó Gallardo, antes de concluir: «Nosotros enseñamos en Cuba a odiar los mambises vivos y a amar a los muertos».
Estas reflexiones se enmarcan en un debate más amplio sobre el papel de las élites criollas cubanas en el mantenimiento de la esclavitud, tema que Gallardo desarrolló en un artículo publicado en CiberCuba el 22 de julio, donde argumenta que la responsabilidad histórica recae también en los propios cubanos y no solo en la metrópoli española.
Cabe recordar que la abolición total de la esclavitud en Cuba no fue consecuencia directa del alzamiento de 1868, sino un proceso que culminó en 1886 por decreto colonial español, dieciocho años después del Grito de Yara, que la narrativa oficial presenta como el inicio de la emancipación.
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