Armando Chaguaceda: «En Cuba hoy se protesta...como no ha sucedido jamás en el último medio siglo»

Protestas en La Habana © Redes Sociales
Protestas en La Habana Foto © Redes Sociales

El politólogo e historiador cubano Armando Chaguaceda publicó esta semana una columna en el sitio del Centro de Estudios Convivencia en la que sostiene que la protesta en Cuba alcanza una intensidad sin precedentes en los últimos cincuenta años: «En Cuba hoy se protesta cada día y cada noche como no ha sucedido jamás en el último medio siglo. Se protesta no gracias a ninguna ley o institución del sistema, que están todas creadas para maquillar o reprimir. Se protesta a pesar de todas ellas».

Titulado «La fuerza de lo auténtico vs. las ficciones políticas», el texto llega en un momento de máxima tensión. La noche del viernes 24 de julio, casi víspera del 26 de julio, la convocatoria nacional de cacerolazo dejó imágenes de zonas extrañamente iluminadas y, aun así, protestas simultáneas en Lawton, San Agustín, La Coronela, La Lisa, Santiago de Cuba y Cienfuegos.

El régimen intentó desmovilizar la convocatoria electrificando de forma simultánea barrios enteros de La Habana que llevaban semanas sin luz nocturna, justo a la hora fijada para el cacerolazo. La maniobra no funcionó: la electricidad duró poco y las protestas estallaron de todas formas, con vecinos del parque Dolores en Lawton usando calderos y extintores para amplificar el ruido.

El déficit de generación eléctrica el día anterior alcanzó 2.315 MW, rozando el récord histórico de 2.341 MW del 8 de julio, cuando más del 70% de la población quedó sin electricidad de forma simultánea. En paralelo, decenas de policías y uniformados del MININT se desplegaron en El Diezmero, San Miguel del Padrón, ante vecinos que bloqueaban la calzada con ramas y desechos.

En su artículo, Chaguaceda dirige su crítica en tres direcciones. La primera apunta a los cubanos que emigraron alegando persecución y luego se desconectan de toda acción de denuncia: «Lo que no es justificable es el acomodamiento de esos cubanos que escaparon del sistema, recibieron acogida en otros países alegando persecución, pero luego que están en suelo seguro se 'desconectan' de cualquier acción sistemática de denuncia, organización, ayuda o protesta». El politólogo califica ese fenómeno como entendible —un legado del totalitarismo— pero no justificable.

La segunda crítica recae sobre algunos líderes políticos, periodistas e influencers del exilio que no salen «del confort ensimismado y fantasioso de sus conferencias de prensa o sus transmisiones de Facebook» para organizar a la diáspora. Señala que la retórica lanzada desde «las orillas del Potomac y la ventanita del Versalles» se convierte en «una retórica repetitiva y sin consecuencias».

La tercera crítica apunta hacia dentro de la isla: Chaguaceda cuestiona a quienes promueven el «espejismo de una transición pactada, posible y acordada» sin transparentar su agenda ni su fuerza real. Para el politólogo, «todas esas ficciones políticas, conscientes o inconscientes, solo alimentan la propaganda del régimen y la desconfianza en lo político de la gente común».

Frente a esas ficciones, el autor reivindica la resistencia cotidiana: «Los pueblos sólo aprenden el arte de la libertad ejerciéndola. En la resistencia cotidiana de un toque de caldero, un comedor comunitario, en la presentación de un habeas corpus». Es en esas formas imperfectas, sostiene, donde emerge «la fuerza contagiosa de lo auténtico, que tanto temen los despotismos».

Los datos respaldan su diagnóstico. El Observatorio Cubano de Conflictos registró 107 protestas callejeras en junio de 2026, casi el doble del récord previo, con 82 en La Habana y 18 en Santiago de Cuba. Cubalex contabilizó 319 eventos represivos y 253 manifestaciones ese mismo mes, y su directora, Laritza Diversent, fue tajante: «La militarización no apunta a un enemigo externo sino a la propia población cubana».

Chaguaceda cierra su ensayo con una reflexión personal que condensa el tono del texto: «Y a uno, que no tuvo en su momento la conciencia, el valor o la desesperación que hoy muestran —por la razón que sea— sus compatriotas, solo le queda mirar con respeto lo que estos intentan. Y hacer lo poco que esté en nuestras manos, desde nuestras burbujas de privilegio, para ayudar a que acabe ese régimen de oprobio».

Preguntas Frecuentes sobre las Protestas en Cuba y la Situación Energética

CiberCuba te lo explica:

¿Por qué están ocurriendo tantas protestas en Cuba en 2026?

Las protestas en Cuba en 2026 están siendo impulsadas principalmente por la crisis energética, que ha dejado a gran parte de la población sin electricidad durante períodos prolongados. Esta situación ha generado un descontento generalizado entre los cubanos, quienes también expresan su hartazgo con el régimen a través de cacerolazos y otras formas de manifestación. La falta de electricidad, combinada con problemas de suministro de agua y alimentos, ha exacerbado las tensiones sociales.

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¿Qué medidas ha tomado el gobierno cubano para enfrentar las protestas y la crisis energética?

El gobierno cubano ha respondido a las protestas con represión, desplegando fuerzas policiales y militares para intentar controlar las manifestaciones. Además, ha realizado cortes de internet para limitar la comunicación entre los manifestantes. Sin embargo, no han ofrecido soluciones concretas para resolver el colapso energético, lo que ha perpetuado el descontento entre la población.

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¿Qué papel juegan los cacerolazos en las protestas cubanas actuales?

Los cacerolazos se han convertido en un símbolo de resistencia en Cuba. Estas manifestaciones, que consisten en golpear cacerolas y otros objetos metálicos para hacer ruido, son una forma de expresar descontento ante la crisis energética y otras problemáticas sociales. A pesar de los intentos del régimen por desmovilizar a la población, los cacerolazos continúan resonando en varias ciudades del país, mostrando así la persistencia y el valor del pueblo cubano alzando su voz.

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¿Cómo ha afectado la crisis energética a la vida diaria de los cubanos?

La crisis energética ha impactado severamente la vida diaria de los cubanos, dejándolos sin electricidad durante largas horas, lo que a su vez afecta el acceso a agua potable y la conservación de alimentos. Las interrupciones eléctricas también dificultan las actividades diarias y exacerban las condiciones de vida, generando frustración y descontento entre la población.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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