
Yasmany Figueroa Chaviano, doctor en Optometría y Ciencias de la Visión residente en Santo Domingo, Villa Clara, rompió el silencio para mostrar al mundo lo que la dictadura cubana prefiere ocultar: un profesional de la salud con tres títulos universitarios que se muere de hambre junto a su familia.
El caso no es nuevo. A finales de junio, Yasmany envió un testimonio escrito en el que describía su situación con una crudeza que estremece: «Hablo, o mejor dicho, escribo también en mi nombre: el de un profesional cubano que ya ha vendido hasta su ropa y sus zapatos para poder comer, al menos, una vez al día, porque desayunar es algo que hace mucho no podemos permitirnos».
Esta vez, el video difundido por el periodista Javier Díaz de N+ Univision 23 Miami amplificó ese grito.
En él, Yasmany aparece visiblemente demacrado, irreconocible frente a su imagen de 2022, cuando ejercía como profesional.
Perdió 45 libras en menos de un mes, pasando de 145 a poco más de 100 libras. «Y aquí estoy yo, la sombra de lo que fui, verdaderamente escuálido, como pueden verme, no me da vergüenza que me vean como estoy», declaró ante la cámara.
Licenciado en Optometría y Óptica, máster en Optometría Pediátrica y doctor en Optometría y Ciencias de la Visión, Yasmany lleva dos años sin poder ejercer su especialidad y sobrevive haciendo «cualquier tipo de trabajo decente, honrado, sin necesidad de dañar a nadie», según sus propias palabras.
La situación de su familia es igualmente devastadora. Su abuelo de 93 años padece cáncer de próstata sin medicamentos para el dolor y no tiene recursos ni para cambiarse la sonda.
Su madre sufre trastornos de pánico y epilepsia, se desplaza en una silla de ruedas prestada y tiene además una enfermedad en la piel aún sin diagnóstico.
Su tía de 65 años padece neurosis mixta sin tratamiento, porque una sola tableta cuesta 120 pesos cubanos. Para colmo, la familia fue despojada arbitrariamente de su libreta de abastecimiento.
Yasmany subraya que su situación es especialmente desesperada porque, a diferencia de miles de cubanos, no tiene familiares en el extranjero que puedan enviarle remesas.
«Con carácter urgente hago una súplica de ayuda y de visibilización de este caso, porque sé que lo próximo podría ser una noticia, pero del fallecimiento de una familia», advirtió en su testimonio.
El caso se enmarca en un colapso sistémico que el propio régimen ya no puede disimular. El miércoles, el primer ministro Manuel Marrero reconoció ante la Asamblea Nacional que Cuba atraviesa «la etapa más importante y tal vez la más difícil» de sus reformas económicas.
Mientras tanto, los salarios médicos en Cuba oscilan entre 7.045 y 8.880 pesos cubanos mensuales —equivalentes a entre 10,5 y 16 dólares al cambio informal—, cuando la canasta básica para dos personas supera los 41.000 pesos.
Los datos de hambre en la isla son alarmantes. El Food Monitor Program reportó en junio que el 96,91% de la población cubana carece de acceso adecuado a alimentos y que el 33,9% de los hogares tuvo a alguien que se durmió con hambre en los últimos 30 días.
Las muertes por desnutrición registradas por la ONEI subieron un 74% entre 2022 y 2023, de 43 a 75 fallecidos.
El municipio de Santo Domingo, donde vive Yasmany, ha sido escenario recurrente de denuncias en 2026: cortes de electricidad de hasta 22 horas diarias, ausencia de agua potable por semanas y desabastecimiento de medicamentos esenciales.
En junio, otra familia de ese mismo municipio denunció que se estaban muriendo en silencio ante el abandono total de las autoridades.
Quienes deseen ayudar a Yasmany pueden contactarlo a través del número publicado por el periodista Javier Díaz: +53 5 9548228. El propio médico, consciente de que la ayuda individual no resuelve lo estructural, fue contundente al final del reportaje: «Lo que necesita la isla es libertad».
Vídeos relacionados:
Archivado en: