Una cubana identificada como Odelkis Nápoles publicó un video en Facebook en el que cuestiona con dureza el encarecimiento sin freno de productos básicos como el aceite, el pollo y el picadillo, y denuncia que muchos negocios privados se niegan a aceptar transferencias bancarias ni billetes de baja denominación, dejando a familias sin poder comprar alimentos.
La mujer, que aclara que habla «por primera vez» sobre el tema, apunta directamente a la eliminación de los llamados «precios dopados» —los topes máximos fijados por el Estado— como el detonante de la crisis actual.
«Desde que dijeron que ya se quitaron los precios dopados, que es a libre demanda... vinieron todos estos problemas», afirma en el video.
El ejemplo más concreto que ofrece es el del aceite: «Si el aceite estaba a 2,100, antier, ya hoy está a 3,000. Es que no hay un freno, ya no hay un pare».
Nápoles señala que el pollo, el aceite y el picadillo son los productos que más se consumen en Cuba, y que precisamente por eso resulta incomprensible que sean los que más han subido.
Agrega que los apagones obligan a los cubanos a comprar el pollo en cantidades mínimas —tres o cuatro porciones— para no perderlo, lo que hace aún más grave cualquier alza en su precio.
El contexto económico respalda sus quejas. El 20 de junio de 2026, el régimen publicó en la Gaceta Oficial la Resolución 150/2026 del Ministerio de Finanzas y Precios, que eliminó los topes para el pollo troceado, los aceites comestibles, la leche en polvo, las pastas alimenticias y las salchichas. El 16 de julio, la Gaceta también retiró el tope del arroz, que era de 155 pesos por libra.
Tras esas medidas, el paquete de pollo pasó de 3,000 a más de 7,000 pesos en pocos días en algunas zonas del país, y el aceite llegó a 2,500 pesos por litro en La Habana, con picos de 3,000 pesos según la zona.
La cubana también denuncia otro problema que afecta a miles de personas: la negativa de negocios privados, MIPYMES y trabajadores por cuenta propia a aceptar transferencias bancarias o billetes de 10, 20 y 50 pesos. «Aquí la gente a veces no come por no coger transferencias», advierte.
Pese a que existe una resolución que obliga a los negocios a aceptar transferencias sin recargos, su cumplimiento es prácticamente nulo. Los negocios privados han dejado de aceptar billetes pequeños de forma generalizada, y solo el 3,77% de las transacciones en Cuba son digitales.
Sobre los cigarros, Nápoles tampoco encuentra explicación: «De 600, 580, 450 a 800 pesos... a mil pesos que lo están dando ahora. Me quedé... lo que es sin fundamento».
La inflación oficial interanual en Cuba fue de 18,27% en junio de 2026, aunque estimaciones independientes la sitúan cerca del 70% real. El salario mínimo vigente desde el 1 de julio de 2026 es de 3,210 pesos, equivalente a menos de cinco dólares al tipo de cambio informal, lo que hace prácticamente imposible cubrir la canasta básica con ingresos estatales.
Nápoles cierra su mensaje con una reflexión que resume la impotencia de millones de cubanos: «Yo espero que un día el cubano abra los ojos y diga, no voy a comprar más. Lo que pasa es que el cubano por necesidad tiene que comprar».
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