Trump, Rubio y lo que esperan el régimen castrocomunista y el pueblo cubano

Marco Rubio, junto al presidente Trump, en una foto del 14 de junio de 2026. © Secretario Rubio en X / CiberCuba
Marco Rubio, junto al presidente Trump, en una foto del 14 de junio de 2026. Foto © Secretario Rubio en X / CiberCuba

Donald Trump y Marco Rubio han elevado durante 2026 el tono y, sobre todo, las medidas concretas contra el régimen castrocomunista a niveles superiores a lo visto durante las últimas seis décadas. Trump ha dicho que Estados Unidos no descansará hasta que los cubanos recuperen la libertad y Rubio ha insistido en que Washington utilizará todos los instrumentos disponibles para impulsar cambios políticos y económicos en la Isla.

Las palabras han venido acompañadas de acciones. El 29 de enero, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14380, que declaró una emergencia nacional respecto al régimen cubano y estableció un mecanismo que permite imponer aranceles adicionales a países que suministren petróleo directa o indirectamente a la tiranía. El 1 de mayo firmó otro decreto que amplió considerablemente la capacidad de sancionar a funcionarios, entidades, sectores económicos y terceros que colaboren con el aparato represivo, la corrupción o determinadas estructuras del Estado comunista.

El 6 de agosto, el Departamento de Estado anunció sanciones contra cinco entidades y ocho individuos vinculados con la adquisición de equipos militares y la cooperación de las FAR con Rusia y China. Rubio afirmó entonces que la Administración Trump continuará empleando todas las herramientas disponibles para impulsar reformas económicas y políticas en Cuba.

El 20 de mayo, el secretario de Estado fue todavía más lejos al describir una futura relación de Estados Unidos con una “Nueva Cuba”, donde los ciudadanos puedan poseer empresas, bancos, periódicos y medios de comunicación sin depender del Partido Comunista o de GAESA. También anunció una oferta estadounidense de 100 millones de dólares en alimentos y medicinas, condicionada a que la ayuda llegue directamente al pueblo mediante instituciones confiables. La ayuda ya está llegando a través de la Iglesia Católica.

Sin embargo, sus declaraciones del pasado 11 de agosto introducen un elemento que ha llamado la atención de muchos compatriotas en la Isla. Rubio aseguró estar convencido de que, antes de terminar la Administración Trump en enero de 2029, Cuba estará en una “senda irreversible hacia un futuro muy diferente”. Explicó además que una transición no ocurre de la noche a la mañana y recordó que los cambios en Europa del Este necesitaron años.

En este punto es necesario recordar que los cubanos llevamos más tiempo de lucha -valiente y sacrificada-, que la de todos los movimientos prodemocráticos exitosos en Europa Oriental y que, según el importante informe “Cuba: La capital del comunismo en el siglo XXI”, publicado el 20 de julio pasado, por el Departamento de Estado, el régimen castrista no es un peligro menor para la seguridad de Estados Unidos que el régimen  chavista y los ayatollah iraníes.

Para quienes esperamos una acción estadounidense inmediata que provoque el fin del régimen, esas palabras pueden resultar poco alentadoras. No significan necesariamente que Washington descarte nuevas medidas contundentes; pero sí sugieren que Rubio contempla un proceso de presión, debilitamiento y transición, y no está prometiendo públicamente una rápida acción para sacar al Partido Comunista del poder. Esto, estoy seguro, resultó muy dulce a los oídos de la familia Castro, pero les recuerdo que así se expresaba Trump días antes de la operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro.

El régimen de La Habana necesita tiempo, su prioridad fundamental es sobrevivir. Desde esa lógica, cualquier acontecimiento que comprometa recursos, atención y voluntad política de Washington, juega a su favor. Por eso una guerra prolongada y desgastante de Estados Unidos contra Irán sería, resulta muy conveniente para La Habana. Obligaría a Washington a concentrarse en un escenario mucho más grande y peligroso. Del mismo modo, una derrota importante de los republicanos en las elecciones legislativas de noviembre podría dificultar determinados componentes de la agenda de Trump. 

La familia Castro puede esperar, son muy buenos en eso, pero quienes no pueden esperar indefinidamente son los cubanos que están pagando muy caro el precio de la crisis creada por la tiranía. Cuba vive bajo la opresión y la extrema miseria, apagones que se  prolongan durante días, graves dificultades para conseguir alimentos y medicinas y un deterioro profundo de los servicios básicos.  Millones de personas organizan su supervivencia alrededor de pequeños períodos de electricidad. La dictadura y sus aliados culpan a Estados Unidos de la tragedia producida por su fracasado sistema de partido único y economía centralizada.

Mientras EEUU presiona a la tiranía y el régimen busca cómo sobrevivir a toda costa, hay seres humanos para quienes cada día, cada hora, cuenta: ancianos que mueren por desnutrición y falta de medicinas, niños que se acuestan sin comer, centenares de prisioneros políticos que sobreviven en condiciones infernales. Todo un pueblo esclavizado para el que 2029 puede parecer una fecha terriblemente distante. 

Trump y Rubio han generado expectativas enormes, están aplicando presión real y han tomado medidas y pronunciado palabras que ningún Gobierno estadounidense había formulado con semejante claridad en mucho tiempo, y eso se agradece. Pero tanto para el pueblo cubano como para Estados Unidos, sería fatal que el régimen castrocomunista lograse sobrevivir y saliese fortalecido de la peor crisis de su historia. Los enemigos de este gran país están dispuestos a hacer grandes esfuerzos para salvar al castrismo. 

Ahora bien, pase lo que pase, hay una realidad que no podemos olvidar: la mejor manera de asegurarnos de que termine la tiranía y Cuba renazca como la patria libre, democrática, justa, generosa y próspera que todo buen cubano desea, es continuar luchando con mucho amor, coraje, inteligencia y unión. Parafraseando al Papa Juan Pablo II: no podemos esperar a que todo nos venga dado.

COMENTAR

Vídeos relacionados:

Archivado en:

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






¿Tienes algo que reportar?
Escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

+1 786 3965 689


Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



Sigue leyendo 👇

No hay más noticias que mostrar, visitar Portada