
Dairis Navarro, la joven cubana que se gana la vida vendiendo cucuruchos de maní en las calles de Matanzas, agradeció emocionada la avalancha de mensajes de apoyo que recibió después de que su historia se difundiera y llamara la atención por su esfuerzo para salir adelante.
La muchacha respondió en los comentarios a la publicación original que dio a conocer su caso y confesó que pocas veces se había quedado sin palabras ante una reacción semejante.
«Ya sabía que las personas veían bien que echara para adelante, pero que tantas personas te escriban comentarios tan bonitos es una alegría que no puedo explicar», expresó.
La historia de Dairis se dio a conocer después de que Nayrobis MY, quien la había visto trabajando en las calles de Matanzas, decidiera compartir públicamente su experiencia y destacar el esfuerzo de la joven por salir adelante.
La joven vende cucuruchos de maní a 50 pesos y quienes han coincidido con ella destacaron tanto su trato como su disposición a ganarse el sustento con su propio esfuerzo.
A todas esas personas, Dairis respondió pero primero agradeció a Dios, a quien atribuyó la fortaleza con la que afronta cada jornada.
Explicó que su sonrisa diaria nace de sentir que la acompaña y la bendice, y después dedicó unas palabras especiales a la mujer que decidió contar públicamente su historia.
«Muchas gracias a la muchacha que dispuso su corazón para subir la publicación y así ayudarme con mis ventas», escribió.
También agradeció a todas las personas que dedicaron tiempo a dejarle mensajes de ánimo: «Gracias de corazón, que papá Dios me los bendiga siempre y que les multiplique por 10 todo lo lindo que me desean».
La publicación inicial había provocado decenas de comentarios que elogiaban precisamente que una joven buscara una forma honrada de obtener ingresos en medio de la complicada situación económica de Cuba.
Algunos usuarios incluso contaron experiencias personales con Dairis, entre ellas la de una clienta que aseguró que la muchacha intentó devolverle un dinero entregado de más y que posteriormente la vio regalar un cucurucho de maní a un niño.
Otros comentarios destacaron su amabilidad, la calidad del maní y su constancia trabajando en las calles de Matanzas.
La publicación original había terminado deseándole que lograra vender todos sus cucuruchos, un deseo que rápidamente se multiplicó entre quienes conocieron su historia.
Dairis resumió finalmente el impacto que tuvo para ella toda esa muestra de cariño con una frase sencilla: «La manicera está feliz».
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