La actriz cubana Natasha Díaz, una de las figuras más reconocidas de la televisión de la Isla con más de cinco décadas de carrera, reveló en una entrevista al programa digital La Familia Cubana que en 2019 tuvo que limpiar casas para sobrevivir porque el sistema estatal de radio y televisión dejó de contratarla.
El relato, narrado con humor y sin vergüenza, describe cómo la artista llegó a ese trabajo de manera casi fortuita: recién mudada a un apartamento en 19 y 20, en El Vedado habanero, conoció a una vecina llamada Belkis que no estaba satisfecha con su empleada doméstica.
Sin dudarlo, Natasha le propuso a la mujer. «La que usted está buscando soy yo», le dijo, y acto seguido negoció su salario: «¿Cuánto me da?»
La respuesta fue 10 CUC semanales -equivalentes a 10 dólares en aquel momento, cuando el peso cubano convertible mantenía paridad oficial con la divisa estadounidense-. La actriz llegó a trabajar también los domingos, pues la casona de dos plantas quedaba a media cuadra de su casa.
«Yo era millonaria con eso», dijo Díaz, y precisó que con ese dinero pudo reparar el refrigerador que tenía averiado.
La frase, cargada de ironía, resume con precisión la magnitud de la precariedad: para una actriz, que pocos años después fue galardonada con el Premio Nacional de Televisión -el máximo reconocimiento del sector en Cuba-, 10 dólares semanales representaban una fortuna.
La causa de esa situación fue directa: «La televisión no me llamaba», explicó.
Así funciona el sistema del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT): los actores cobran por «llamado», si son convocados a trabajar. Cuando las contrataciones se interrumpen -sin explicación ni compensación-, los ingresos desaparecen, sin importar la trayectoria ni los premios acumulados.
Natasha también dijo: «Tengo una dignidad de aquí a Hong Kong. Porque la revolución dio oportunidades, las ha dado, y yo las he sabido aprovechar. Pero a mí todo me ha costado mi esfuerzo». Una declaración que, leída junto al resto de su relato, retrata con crudeza la contradicción entre el discurso oficial sobre el apoyo a la cultura y la realidad que viven quienes la sostienen.
Su caso no es una excepción. En diciembre de 2024, la actriz Eileen Acosta reveló que un papel protagónico en la televisión cubana paga menos de 50 dólares al mes; ella recibió unos 25 dólares mensuales por su coprotagónico en la telenovela Viceversa. «No alcanza para nada», declaró entonces.
El actor Roberto Perdomo denunció en julio que su salario en teatro no le cubre ni el transporte, razón por la que dejó de aceptar ese trabajo. Semanas después reveló que su jubilación de 6,000 pesos cubanos mensuales no le alcanza para comprar un pasaje de avión y conocer a su nieto nacido en el extranjero.
Este patrón de abandono estatal hacia los artistas cubanos ha sido denunciado de forma reiterada.
En julio de 2025, figuras del arte describieron una «decadente situación» marcada por la crisis energética, el transporte caro, los precios abusivos y el desamparo del Estado.
Preguntas frecuentes sobre la situación de los artistas en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Por qué Natasha Díaz tuvo que trabajar limpiando casas?
Natasha Díaz tuvo que limpiar casas porque el sistema estatal de radio y televisión dejó de contratarla, lo que le dejó sin ingresos a pesar de su larga trayectoria en la televisión cubana.
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¿Cómo funciona el sistema de contratación para actores en Cuba?
En Cuba, los actores cobran por "llamado", es decir, solo reciben ingresos si son convocados a trabajar. Cuando las contrataciones se interrumpen, los ingresos desaparecen, independientemente de su trayectoria o premios.
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¿Cuál es la situación económica general de los artistas en Cuba?
La situación económica de los artistas en Cuba es crítica. Los salarios son bajos y no cubren las necesidades básicas. Por ejemplo, un papel protagónico en televisión paga menos de 50 dólares al mes, según relatos de otros actores.
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¿Qué impacto tiene la situación económica en la cultura cubana?
El impacto es significativo ya que los artistas enfrentan precariedad laboral y económica, lo que limita su capacidad para dedicarse plenamente a su trabajo cultural. Esto afecta la producción artística y el desarrollo cultural del país.
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