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En una larga relación de primerísimas actrices que se han adueñado de escenarios tan disímiles como el teatro, el cine, la radio y la televisión, una de esas leyendas es nuestra entrevistada de hoy. Es un lujo para CiberCuba conversar con la egregia Natasha Díaz.
La profesión de actriz requiere una enorme dedicación. ¿Cuándo te decidiste a serlo?
La actuación para mí se ha convertido, con el paso de los años, en mi vida; tanto es así, que cuando me paso tiempo sin trabajar lo siento. Creo que todos los actores tenemos eso de observar, de escuchar, porque cada persona que te pasa por el lado puede ser un personaje que te da la posibilidad de inflexiones o de caracteres diferentes.
Lo que me gustaba era cantar, pero cuando conocí la actuación me dije: “zapatero a tu zapato”, lo mío es la actuación... ¡y la amo tanto! Yo estudio mucho la psicología de cada personaje y a la hora de interpretarlo, te das cuenta que ya esa persona está en tu piel y no representas “a”…, sino que te conviertes “en”… Estudio mucho, no me conformo con lo que está escrito en el guion y voy creando. ¡Y pienso que el talento se tiene, pero hay que hacerlo crecer!
De Natasha, de Natividad Anisia Díaz Chirino, ¿qué puedes decirme?
Me casé a los 19 años, en 1968. En esa época era buena edad para casarse; mi hija mayor nació un año después. Mi tía abuela y mi abuela cuidaban a la niña y yo comencé en la escuela de actuación del ICRT. Fue un período de éxodo de actores, por lo que se creó esa escuela.
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Me presenté gracias a Antonia Valdés, una grandísima artista y amiga de mi abuela paterna. Yo estaba en un grupo de teatro dirigido por los actores Alden Knight y Eric Romay. Cuando me presenté en la escuela, el gran Roberto Garriga me dice: “Usted ya puede protagonizar”, por los resultados que tuve en los exámenes para entrar.
Ahí sobreviene el divorcio, pues a mi pareja no le gustaba el trabajo que hacía en el teatro de noche en la sala Tespis, ya desaparecida. Siguió la vida: yo luchando con una niña y tratando de mejorar, pues mi vivienda era un cuartico pequeño en San Lázaro entre Gervasio y Escobar. Así, permuté varias veces hasta conseguir esta, donde vivo en la actualidad, en el Vedado… ¡Se dice pronto, pero he pasado mucho trabajo!
Después me volví a casar en el año 1980, y en 1983 tuve a mi niña más pequeña y seguí trabajando y estudiando. Fui creciendo, fui haciendo muchos espacios educacionales con personajes pequeños, pero en la última puesta televisiva de Cecilia Valdés interpreté a la hija de María de Regla, a quien la llevaban a amamantar a Cecilia y era un personaje que tenía siete bocadillos. El director era Raúl Pérez Sánchez.
Cuando él iba a hacer La joven de la flecha de oro, me discutió porque le proponían a otra actriz, pero él me quería a mí (en ese momento estaba yo en Radio Progreso haciendo protagónicos).
Estaba tomándome una cervecita en el restaurante Moscú (también desaparecido) y Jorge Villazón, inolvidable ser humano y actor, me dice: “Oye, corre que te están buscando”, y de ahí no paré porque luego vino El viejo espigón y otras cosas, porque hacía de todo.
Mi primer papel televisivo fue el de una prostituta en Un tranvía llamado deseo, obra dirigida por Roberto Garriga, quien, a pesar de su fama de mal carácter, me quería muchísimo. Yo he pasado mucho trabajo, pero no lo sentía en ese momento porque estaba luchando por lo que quería.
A mí nadie me regaló nada y por eso tengo una dignidad suprema, porque todo me ha costado mi trabajo, la ayuda de Dios y mi esfuerzo, sin pretender ser desagradecida, por ejemplo, con Raúl Pérez Sánchez.
Tengo mi familia: mis dos hijas, ya mujeres hechas y derechas; tres nietos, uno nacido en España que tiene 24 años, otra de 10 y el chiquito que tiene tres, y mis yernos que me quieren muchísimo. Mi vida familiar compensa los sufrimientos de mi trabajo.
Trabajar con las emociones te hace ser muy sensible. ¿En este aspecto, tu vida ha sido fácil o difícil?
Soy de una sensibilidad extrema; tanto, que me hago daño. A mí me duele lo que le pasa a aquel que no sé quién es y eso me ayuda a la hora de trabajar. Por eso no le paso por encima a ningún personaje, voy a lo profundo de cada papel.
Conversábamos sobre un pequeño papel en un reciente episodio de Tras la Huella, y me gusta mucho porque cada capítulo es un personaje muy diferente, y yo los estudio como si fueran un protagónico, le pongo esa sensibilidad de la que me preguntas.
¿El ser negra te ha condicionado para no hacer un protagónico determinado que te hubiese gustado?
Bueno, “supuestamente” en 1959 en Cuba se acaba el racismo… ¡pero quedaron racistas y muchos! Son como una plaga. Son cánones estéticos. El mundo avanza, ya está el internet, ¡pero el racismo está ahí, sobre todo dentro de aquellos que dicen ser “revolucionarios”!
Son cosas que observo y callo. Cuando el guion dice: “Hace falta una negra”, entonces me llaman. Mira, el único que cambió un personaje fue Raúl Pérez Sánchez y fue en El viejo espigón.
El papel de Asenneh Rodríguez era de Verónica Lynn, y él puso a Asenneh, y a mí me dio el personaje de esta. La gran Verónica asumió otro rol dentro de la novela. Por eso lo sigo mencionando. Entonces, si el guion no dice que hace falta una negra, no te llaman.
Bastante hice, pero ese es un dolor que tengo… ¡no rencor, ni odio! Ahora que tengo 75 años digo: “Bueno, a ver si me llaman para hacer aunque sea un papelito, porque si antes no me llamaban ahora que estoy vieja y que he hecho abuela número 1, abuela número 2, me llamarán menos porque el racismo es una cosa que no se acabará nunca”.
Sólo las personas inteligentes le pasan por encima a eso. Lo que hacen es perjudicar la programación de la televisión porque se supone que cada vez mejore el producto que se le brinda al público; sin embargo, va en detrimento. Yo sufro en cada novela cuando hay un personaje que le queda inmenso a alguien, yo veo la televisión cubana porque estoy aquí y me interesa lo que pasa en mi país; me interesa la televisión porque, además, es mi trabajo.
¿Entonces estamos de acuerdo en que sí hay racismo?
Hace tiempo me llamaron por tercera vez para hacer Camila. Me llamaban para ese teatro, para hacer de la santiaguera o la jabá y después para hacer de la abuela, ¡y les dije que NO! Porque de la Camila… ¡¡¡la Camila soy yo!!!
¡A verrrrr…!, tampoco me ha dolidooooo, pero sí me hubiera gustado. Y como te dije, Julita, el racismo no se acaba. Yo no hablo de eso porque soy transparente, pero si me preguntas, te respondo: ¡Sí hay racismo!
El público cubano te considera (me incluyo) una grandísima de las tablas, la televisión, el cine... ¿Por qué ya no vemos a Natasha Díaz tanto como deseamos?
He hecho cine, teatro. Fue una bendición que Héctor Quintero me llamara para hacer Sábado corto: fue una explosión de emociones porque recuerdo aquel teatro lleno y de pie aplaudiendo todos los días. Luego fui dirigida por Nelson Dorr, otra maravillosa experiencia. Después, llegó la televisión. ¡Cuántos momentos, cuántas anécdotas!
Pero en la actualidad no te vemos como quisiéramos…
¡Ay, Julita! Rechacé dos novelas porque las productoras pagan poquísimo, porque no tienen dinero, y te recogen a las 5 a.m. para grabar de lunes a sábado; además de estudiar el texto… Bueno, ya tú sabes. ¡En fin! Vamos a ver si me llaman de nuevo porque ya he dicho dos veces no, y parece que estás obligada a decir sí.
Pero sí quisiera agradecerle a Magda González, que me llamó para la segunda temporada de la exitosa serie Calendario; todos fueron muy amables. Después, en la tercera, me aumentaron el sueldo, y realmente me sentí muy bien en ese colectivo.
¿Cuál de los medios te dio más satisfacción?
Todos los medios me han dado satisfacción. En el cine, por ejemplo, desde que hice Polvo rojo hasta Las noches de Constantinopla, que nunca más se ha puesto en Cuba. Tuve la dicha, el privilegio de trabajar con Don Paco Rabal y en Plaff también me fue muy bien… jajaja. Con la escasez de huevos (¡¡¡que también tenemos ahora jajaja!!!), ver cómo se rompían los huevos jajaja…; además de trabajar con la comadre Daisy Granados… ¡Fue muy lindo!
Con tanto amor guardo en mi pecho La joven de la flecha de oro, una década prodigiosa de la que guardo muy gratos recuerdos: aquellos Papaloteros… ¡Qué satisfacción me da que los muchachos de 20 años me saluden con cariño!, y me digo: “¿De dónde me conocen si hace mucho que no trabajo?”. Ah, pues se acuerdan de mí, “Mercedes”, la mamá Pedrito, uno de los papaloteros, ¿qué te parece?
En cuanto a cuál medio me dio mayor satisfacción, pues, ¡todos! La radio me dio el placer de trabajar con Caridad Martínez, que hace poco falleció. En el espacio de la novela hice voces de niños varones; era una familia humilde y hacía el papel de “Mangaso”, que llegaba hasta los 16 años, y le pregunto: “Cary, ¿a quién vas a poner para que haga el personaje de grande?”, y me responde: “Tú”.
Y es que para mí es un placer llevarle a la gente la distracción a sus casas.
Si tuvieras que hacer una instantánea de tu carrera, ¿qué y quiénes no podrían dejar de aparecer? ¿Momentos buenos, momentos difíciles de tu vida...?
Una de mis virtudes es el agradecimiento. Les agradezco a Raúl Pérez Sánchez, a Caridad Martínez… y a cada director que ha contado conmigo, de la misma forma que me duele que otros no lo hayan hecho.
Agradezco mucho el Premio Nacional de TV, que recibí en 2023.
En estos momentos, con toda la situación que hay y todo lo que está pasando en mi tierra, me encuentro imbuida en un negocito de venta de ropa de segunda mano… ¡venta de garaje! Estoy divina, y siento que estoy en un momento de dar ¡¡¡el extra de los campeones!!!
Por otro lado, han fallecido muchos amigos que siempre me decían “Negra”, que me encantaba que mis amigos me dijeran así. Bueno, más hombres que mujeres. Claro, por “el traguito”, que ya hace muchos años que no bebo. Sabes que soy alcohólica. Dejé de beber en el año 2003 hasta 2016, cuando tuve una recaída.
Eso es parte de esa situación, que te lo advierten los médicos, y me dijeron que jamás podía ser bebedora social, pero pasados los años te crees que sí puedes dominarlo. Y, efectivamente, yo estaba en España con mi hija y dije: “Dame una cervecita con alcohol”, y estuve de lo mejor. ¡Ah!, pero cuando llegué a Cuba, pensaba que sí podía beber algo de ron, y llegó el momento que me di una caída que me partí la frente. ¡Casi me mato, y esa fue la última vez!
Le cogí pánico y nunca más. Luego dije: “A los 80 años me voy a tomar una sidra”, pero ya decidí que no, ¡qué va!, ¿y si me sucede lo mismo y me muero el día de mis 80? ¡No, qué va! Yo sigo con mis “San Miguel” sin alcohol y la paso bien. No lo extraño, no necesito beber; y ahora el 27 de noviembre pasado, le dije a mi hija: “No me fumo ni un cigarro más que están muy caros”, y ya dejé de fumar también.
¿Qué hace la primera actriz Natasha Díaz en la actualidad, qué te gustaría hacer a esta altura de tu vida? ¿Consideras que ser mayor es un hándicap?
Me encanta hacer teatro, serio o de humor. Siempre meto una de las mías para que la gente se mueva en su butaca, y sigo porque siento tanto placer en hacer feliz a las personas, pero tanto…
No estoy sufriendo por no trabajar en la actuación porque vender ropa también es arte, jajajaja…
Me he pasado tiempo en España, pero es que yo adoro a Cuba muchooo. Tengo residencia en España, pero no puedo irme a vivir allá, y eso que me han tratado divinamente, me siento bien allí, pero… ¡yo soy de esto aquí! Extraño a Cuba, a la gente que me dice cosas maravillosas por las calles. En Cuba siempre me he sentido libre, porque yo hago lo que me da la gana y digo lo que me da la gana.
Mientras más vieja, más adoro la actuación y, te reitero, no sufro porque no me llamen. Además de mi venta de garaje, embellezco mi casa, me encanta pintar. Por encima de todo, disfruto de mis nietos… ¡Ah!, pero ¿sabes?, creo que aún me queda por hacer algo, ese personaje de mi vida, porque la actuación es tan grande con lo que se puede hacer. Hay que estudiar mucho… ¡Es sublime!
En cuanto a la situación actual que vivimos, lo siento mucho y creo que es un problema de los cubanos resolver esto. Mira, por ejemplo, yo -y quizás está mal decirlo- ayudo a muchas personas. Me complace hacerlo y muchas veces me digo: “¡Ay, Dios mío!, si yo ganara buen dinero, cómo ayudaría a gentes, a las que conozco y a las que no”.
Y, de hecho, lo hago, porque cuando escucho que a X le hace falta una medicina y la tengo, la llamo y se la doy. Mira, no sé cómo vamos a salir de esto, pero tenemos que salir adelante, y no hablo por mí sino por los que de verdad la están pasando mal, y entre ellos los niños.
El amor a mis hijas, a mis nietos no tiene comparación porque es enorme y no tengo palabras para decírtelo. Muchas veces pienso en aquellas madres que tienen a sus hijos lejos o en circunstancias tristes… ¡Cómo deben estar sufriendo esas mujeres!, porque tener un hijo en situaciones adversas es muy duro.
Es una dicha, un honor y doy gracias a Dios todos los días por haber permitido que tuviera a mis hijas y que estén bien. Estoy vieja, yo lo sé, pero me siento muy bien, siempre he sido fuerte y saludable.
Y si no hacen papeles para mujeres mayores de edad… ¡ellos se lo pierden! Mira qué interesante puede ser la vida de cualquiera a mi edad. En las novelas de Brasil, las abuelas lindas, bien vestidas, con ganas de vivir, con situaciones como todos los demás.
No es el papel de la abuelita con el nietecito, y que ya la abuela está en el final… ¡No, no, no…! Ellos escriben buenos papeles para personas de la tercera edad, ¡qué estamos vivas, carajo!
Te agradezco tu admiración, tu respeto hacia los actores y actrices, tu respeto a tu profesión porque te has dedicado a ser buena periodista, de las brillantes, eres de las duras, duras. Contigo hay que quitarse el sombrero, pero… ¡por ser buena persona!
Es la primera entrevista en mi vida que me permito admitir un elogio y es que le reciproco palabra por palabra lo escrito a esta artistaza de “los spikes a la gorra” que tiene por nombre Natasha Díaz.
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