Una cubana radicada en Estados Unidos conmovió a miles de personas en TikTok al compartir su historia de superación desde que llegó al país en 1999, respondiendo con firmeza a quienes la juzgan por publicar videos en redes sociales.
Iliana Terzaghi publicó a comienzos de agosto un testimonio de poco más de un minuto en el que repasa las dificultades que enfrentó desde su llegada a este país: un esposo que la maltrataba, un hijo de año y medio, ningún familiar cerca y la necesidad de ir al trabajo en bicicleta porque no tenía carro.
«Yo llegué a este país en el mil novecientos noventa y nueve cuando las cosas no eran tan fáciles como lo son ahora», relata Iliana en el video, grabado con la naturalidad y la franqueza que caracterizan su perfil.
El año en que llegó coincidió con uno de los períodos de mayor precariedad para los emigrantes cubanos, marcado por las secuelas del llamado «Período Especial» que siguió al colapso soviético. Muchos cubanos alcanzaban territorio estadounidense sin dinero, sin red de apoyo y con incertidumbre sobre su futuro.
Iliana no fue la excepción. Trabajó en lo que apareciera, siempre que fuera honrado, según sus propias palabras: «He tenido que trabajar en lo que sea, en lo que aparezca, siempre que sea honrado. He hecho de todo».
A las penurias económicas se sumaron pérdidas irreparables. Su abuela, quien la crió, murió al año y medio de haber llegado Iliana a Estados Unidos, sin que pudiera verla por última vez. Con el tiempo también perdió a su abuelo, su mamá y su hermano, y no pudo asistir al entierro de ninguno de ellos.
«Me tuve que enterrar a mi abuelo, a mi mamá, a mi hermano, a todos mis seres queridos, y aguantármelo, porque así es la vida del emigrante», dice en el video, describiendo una de las experiencias más dolorosas y recurrentes entre los cubanos que viven en el exterior.
Esa separación forzada —no poder regresar a Cuba para despedirse de los seres queridos— es el núcleo emocional más poderoso de su relato, y resuena con fuerza entre quienes han vivido situaciones similares.
Iliana cuenta que su vida cambió positivamente hace unos años: «Hace unos años para acá mi vida cambió, gracias a Dios, cambió mi vida». Pero el video no nació de la nostalgia, sino de una respuesta directa a quienes le preguntan si no le da «pena» hacer videos en TikTok.
Su réplica fue contundente: «¿Qué pena me va a dar? Pena me daba ir al trabajo en bicicleta. Pena me daba no tener para comprar la comida. Pena me daba no poder ir a enterrar mis seres queridos. Eso sí me dio pena, caballero. Hacer videos de TikTok, no, no me da pena».
El testimonio de Iliana se inscribe en una tendencia consolidada entre cubanas emigrantes que comparten historias de resiliencia en redes sociales, desafiando el juicio ajeno y reivindicando el esfuerzo del migrante frente a comentarios que cuestionan sus decisiones o su dignidad.
Otras cubanas han protagonizado momentos virales similares al responder críticas con la misma mezcla de orgullo y honestidad que caracteriza el video de Iliana, cuyo mensaje puede resumirse en pocas palabras: quien ha pasado lo que ella pasó, no tiene nada de qué avergonzarse.
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