
Byron Donalds, congresista de 47 años respaldado por el presidente Donald Trump, se impuso este miércoles en la primaria republicana de Florida y se convierte en el candidato del partido para disputar la gobernación del estado en las elecciones del 3 de noviembre.
Donalds, oriundo de Naples, en el suroeste de la península, obtuvo el 48% de los votos republicanos, una ventaja aplastante sobre sus 10 rivales dentro del partido.
El segundo lugar fue para Jay Collins, vicegobernador del saliente gobernador Ron DeSantis, quien apenas alcanzó el 25% de los sufragios.
La victoria consolida el dominio del aparato trumpista en el Partido Republicano de Florida: Trump había respaldado a Donalds en febrero de 2025, antes incluso de que este anunciara formalmente su candidatura, y el excongresista llegó a las urnas con una ventaja de 49 puntos porcentuales en los sondeos sobre el resto del campo.
DeSantis, impedido por la Constitución estatal de aspirar a un tercer mandato consecutivo, optó por no respaldar a ningún candidato durante las primarias, ni siquiera a su propio vicegobernador.
En noviembre, Donalds se medirá al demócrata David Jolly, excongresista del área de Tampa Bay que abandonó el Partido Republicano en 2018 y se registró como demócrata el año pasado, quien ganó su primaria con el 61% de los votos.
La contienda tiene una dimensión histórica: si Donalds triunfa en noviembre, se convertiría en el primer gobernador negro de Florida y el primer gobernador republicano negro electo en la historia de Estados Unidos.
Tras conocerse su victoria, Donalds llamó a la unidad dentro de su partido y atacó directamente a su rival demócrata: «Es el momento de que el Partido Republicano se una. Trabajando juntos, podemos hacer que Florida sea más asequible y defender el sueño de Florida para nuestras familias, nuestros mayores y nuestros jóvenes. (...) Mi rival demócrata subiría los impuestos, encarecería la vida y llevaría al Estado del Sol la agenda de la izquierda radical demócrata. Florida no puede permitirse al liberal David Jolly».
El escenario es favorable para los republicanos: Florida lleva gobernada por el partido desde 1999 y sus legisladores controlan una supermayoría en la Legislatura estatal, con 27 de los 40 escaños del Senado y 83 de los 120 en la Cámara de Representantes.
El giro del voto hispano —y en particular del cubanoamericano— hacia el Partido Republicano ha sido un factor clave en esa transformación, incluyendo en antiguos bastiones demócratas como Miami-Dade.
Donalds ha hecho de su postura de línea dura contra el régimen cubano un eje central de su campaña, calificando a Cuba de «dictadura comunista brutal y asesina» y declarando en el programa «Meet the Press» de NBC que apoya un «cambio de régimen total en Cuba».
Jolly, por su parte, se presenta como un candidato capaz de atraer a independientes y republicanos moderados desencantados, apostando a que el desgaste de Trump a nivel nacional pueda traducirse en votos en un estado que se ha movido firmemente hacia la derecha.
El último demócrata en ganar la gobernación de Florida fue Lawton Chiles, quien gobernó desde 1991 hasta su muerte en el cargo en diciembre de 1998; desde entonces, ningún candidato del partido ha logrado recuperar ese puesto, lo que convierte la candidatura de Jolly en una apuesta de alto riesgo para los demócratas de cara al 3 de noviembre.
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