
Con las primarias de Florida ya celebradas, la política hacia Cuba forma parte del posicionamiento de los dos candidatos que se enfrentarán el 3 de noviembre por la gobernación del estado: el republicano Byron Donalds y el demócrata David Jolly.
Si bien ambos candidatos a sustituir al gobernador Ron DeSantis defienden una Cuba democrática y condenan al régimen comunista, lo hacen desde estrategias políticas diferentes.
La disputa adquiere especial importancia en un estado donde el electorado cubanoamericano conserva un peso político considerable y en el que los republicanos han logrado consolidar una ventaja sobre los demócratas.
Jolly, exrepublicano convertido en demócrata, intenta precisamente demostrar que su partido puede competir por ese voto sin abandonar una posición crítica frente a La Habana.
Donalds: cambio de régimen y presión máxima
Donalds ha sido el más explícito de los dos. En febrero afirmó que el gobierno cubano es una «dictadura comunista brutal y asesina» y sentenció: «El régimen debe irse».
En abril fue más lejos y declaró que apoya un «cambio de régimen total». Al ser preguntado por una posible acción militar en Cuba, respondió que no se interpondría en las decisiones del presidente Donald Trump ni del secretario de Estado Marco Rubio.
Su propuesta para el futuro de la isla también está definida: una Cuba libre, con respeto por la propiedad privada, libertad, retorno del exilio y una relación económica estrecha con Florida. Donalds ha dicho que una Cuba libre podría convertirse en un «gran socio para Florida».
Su posición encaja con la política nacional de mayor presión sobre La Habana y con el sector republicano cubanoamericano que considera que la prioridad ya no es reformar el sistema cubano, sino propiciar su desaparición.
Jolly: un demócrata que no quiere ceder Cuba a los republicanos
Jolly utiliza un tono menos confrontacional, pero tampoco ha optado por una política de acercamiento al régimen.
El candidato demócrata respaldó la acusación federal contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate y calificó el hecho como un acto que debía recibir justicia.
También ha expresado su deseo de que Trump y Rubio tengan éxito en conseguir «una Cuba libre» y ha destacado el conocimiento de Rubio sobre la relación entre Estados Unidos y la isla.
La diferencia con Donalds está principalmente en los métodos. Jolly defiende un cambio político y una Cuba libre, pero no ha construido su campaña alrededor del concepto de «cambio de régimen total» ni ha presentado una propuesta de intervención militar comparable a la de otros candidatos demócratas de Florida.
Su desafío es demostrar que un demócrata puede ser crítico del castrismo y favorable a una transición democrática sin asumir el conjunto de la agenda republicana.
DeSantis deja una política sobre Cuba convertida en ley
El gobernador saliente, Ron DeSantis, ha sido uno de los principales responsables de que esa línea dura haya quedado institucionalizada en Florida.
En mayo firmó la HB 905, una ley que endurece las restricciones estatales relacionadas con países considerados de preocupación, incluido Cuba, y establece nuevas limitaciones y sanciones para determinadas relaciones y operaciones.
La legislación también deja abierta la posibilidad de suspender temporalmente algunas restricciones sobre Cuba si el Gobierno federal cambia su estatus diplomático. Es decir, DeSantis combinó la presión contra el régimen actual con la posibilidad de una relación diferente con una eventual Cuba democrática.
Donalds, por tanto, no partiría de cero si llega a Tallahassee. Heredaría una política estatal ya marcada por la confrontación con La Habana, aunque su cercanía política con Trump y Rubio podría llevarla a una mayor coordinación con Washington.
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