
La administración de Donald Trump firmó un memorando presidencial que redefine la política espacial estadounidense: la NASA deberá estudiar cómo llevar seres humanos a Marte mediante soluciones comerciales, en lo que la Casa Blanca denominó el inicio de la «Era Dorada del Transporte Espacial».
El documento, según EFE, deja sin efecto la política espacial vigente desde la administración de Barack Obama en 2013 y encarga a la agencia espacial «explorar arquitecturas comerciales para enviar seres humanos a la superficie de Marte y devolverlos a la Tierra».
El memorando no fija una fecha concreta para una misión tripulada al planeta rojo, pero sí establece una meta ambiciosa: que para 2030 la infraestructura espacial de Estados Unidos pueda soportar más de 1,000 lanzamientos y reentradas anuales, un salto de varios órdenes de magnitud respecto a la capacidad actual.
La nueva directriz también instruye a la NASA a facilitar el transporte comercial hacia y desde la Luna, e impulsar el acceso robótico privado a la superficie marciana, consolidando así una estrategia de asociaciones público-privadas que sustituye al modelo de gestión estatal directa heredado de administraciones anteriores.
El giro hacia la comercialización espacial llega meses después de uno de los mayores hitos del programa espacial estadounidense en décadas: la misión Artemis II completó en abril el primer sobrevuelo lunar tripulado en más de cincuenta años, con una tripulación de cuatro astronautas a bordo de la nave Orion.
Tras ese éxito, Trump recibió a la tripulación en la Casa Blanca y aseguró que el siguiente paso podría ser Marte, presentando el logro como prueba de que Estados Unidos iba «muy por delante» de Rusia y China en la industria espacial.
La relación de Trump con la NASA ha sido, sin embargo, contradictoria: su administración propuso recortes de aproximadamente el 23% al presupuesto total de la agencia y cerca del 50% a su división científica para el año fiscal 2026, aunque el Congreso rechazó esos recortes y aprobó finalmente 24,400 millones de dólares.
En paralelo a la nueva política, la NASA avanza en misiones concretas hacia el planeta rojo. Los helicópteros SkyFall, desarrollados en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), están programados para despegar a finales de 2028 a bordo de la misión Space Reactor-1 Freedom, que será la primera nave interplanetaria impulsada por energía nuclear.
Según Infobae, la expedición enviará tres helicópteros equipados con radar de penetración terrestre para localizar depósitos de hielo a unos cinco metros bajo la superficie marciana, información esencial para cualquier futura misión tripulada.
Adrian Tang, científico principal del instrumento de radar de SkyFall en el JPL, explicó la lógica detrás del diseño: «Al volar bajo y despacio, un helicóptero SkyFall podría capturar imágenes de radar que permitan distinguir las finas capas donde el suelo seco da paso al hielo, detectando su presencia y cartografiando su extensión».
El memorando de agosto de 2026 y las misiones robóticas en curso dibujan así una hoja de ruta escalonada: primero exploración robótica comercial, luego infraestructura lunar y, en un horizonte más lejano aún por definir, presencia humana en Marte.
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