
Un activista del barrio habanero de Mantilla, en Arroyo Naranjo, captó en video el momento en que inspectores y trabajadores del sistema hidráulico aparecieron repentinamente en su comunidad para restablecer el suministro de agua por tubería —cortado desde hace dos años— apenas días después de que circularan rumores sobre una visita de Miguel Díaz-Canel a la zona.
El video, difundido por Martí Noticias en Facebook, fue grabado por Osmany Poveda, quien denuncia con indignación lo que considera una muestra de la hipocresía del sistema.
«Llevamos dos años sin agua por la tubería y ahora, porque dicen que viene Díaz-Canel, aparecieron inspectores y trabajadores para resolver el problema»., señaló.
En las imágenes se observa a operarios manipulando válvulas del sistema hidráulico mientras Poveda narra la situación.
El activista subraya que en Mantilla viven niños, ancianos y personas vulnerables que han cargado con esa carencia durante todo ese tiempo: «Dos años, increíble, donde hay niños, viejos, personas vulnerables, es tremenda falta de respeto».
La conclusión de Poveda resume el patrón que denuncia: «Todos los problemas se resuelven en menos de dos días, claro, todo porque dicen que viene Díaz-Canel».
Mantilla acumula una larga historia de protestas por la falta de agua. En junio de 2026 los vecinos reportaron siete días consecutivos sin suministro, y el 5 de julio bloquearon la Calzada de Managua en protesta por más de dos meses sin agua regular, ante lo cual las autoridades respondieron enviando pipas como medida temporal.
El caso del barrio no es una excepción: la crisis hídrica en La Habana se ha agravado de forma sostenida a lo largo de 2026.
En abril, unos 200,000 habaneros tenían afectaciones; en mayo el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos confirmó 376,055 afectados; en julio especialistas de Aguas de La Habana elevaron la cifra a más de 500,000 personas.
El 21 de agosto, una avería en el conducto de 78 pulgadas de la Cuenca Sur dejó sin agua a seis municipios capitalinos: Plaza de la Revolución, Diez de Octubre, Cerro, Centro Habana, Habana Vieja y parte de Boyeros.
El contexto de la visita presidencial añade otra capa al relato. El viernes, Díaz-Canel supervisó la fuente de abasto de Paso Seco, en Boyeros, para revisar trabajos de emergencia destinados a sostener el bombeo hacia la capital, y la Presidencia cubana reconoció que la situación del suministro es «crítica», pidiendo resolver las fallas «en el menor tiempo posible».
Ese mismo día, la embajada de Estados Unidos en Cuba advirtió que la infraestructura de distribución de agua en la isla es «cada vez más inestable» y recomendó a sus ciudadanos almacenar el recurso.
El patrón que denuncia Poveda —soluciones de emergencia activadas por la inminencia de una visita oficial, no por la urgencia real de la población— ilustra una dinámica estructural: el 87% del sistema de abastecimiento de agua de La Habana depende de la red eléctrica, y los frecuentes apagones paralizan las bombas, convirtiendo la escasez en una crisis permanente que solo parece importar cuando hay cámaras o visitas de por medio.
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