
Las sospechas sobre Fernando Armando Valdés Pérez, el cubano-guatemalteco deportado recientemente por Estados Unidos tras ser identificado por las autoridades como un activo de la inteligencia cubana, existían en el círculo de Luis Posada Carriles mucho antes de que el caso saliera a la luz.
Algunos de los hombres cercanos al histórico militante anticastrista desconfiaban desde hacía años del comportamiento de Valdés e incluso uno de ellos asegura que trasladó sus sospechas al FBI alrededor de 2006.
Los detalles forman parte de una investigación de la periodista Nora Gámez Torres publicada por el Miami Herald, que reconstruye, a partir de testimonios de personas próximas a Posada, cómo Valdés consiguió introducirse y mantenerse durante años en ambientes del exilio cubano.
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) sostiene que Valdés, de 61 años, era un activo de la inteligencia cubana encargado desde al menos la década de 1990 de infiltrarse en organizaciones del exilio.
Posada Carriles, veterano de Bahía de Cochinos y antiguo colaborador de la CIA, fue durante décadas uno de los militantes anticastristas más notorios y polémicos del exilio cubano.
Cuba y Venezuela lo vincularon con el atentado de 1976 contra un avión de Cubana de Aviación que causó 73 muertos, y el régimen de La Habana también lo responsabilizó de otros actos violentos.
Posada, que nunca fue condenado por terrorismo en Estados Unidos, participó durante décadas en actividades dirigidas a derrocar a Fidel Castro, lo que lo convirtió en un objetivo de especial interés para los servicios de inteligencia cubanos.
Entre quienes comenzaron a desconfiar de él estaban Orlando González, amigo de Posada y director de Rescate Jurídico, y Ernesto Abreu, también cercano al militante anticastrista.
Un desconocido que aparecía constantemente en la cárcel
Los testimonios sitúan algunas de las primeras señales de alarma en Panamá, donde Posada y otros tres hombres fueron encarcelados en 2000 tras ser acusados de preparar un atentado contra Castro durante una cumbre iberoamericana.
Valdés comenzó a visitar frecuentemente a los detenidos.
Según Abreu, apareció prácticamente de la nada diciendo que quería ayudar. González y Abreu se preguntaban por qué alguien sin una relación previa clara con los prisioneros los visitaba con tanta frecuencia y cómo podía asumir determinados gastos, entre ellos la compra de alimentos que llevaba a la cárcel.
González asegura que llegó a plantear sus dudas a los propios detenidos, incluido Posada, pero sus advertencias fueron mayormente desestimadas.
Uno de los episodios más llamativos ocurrió cuando, según los testimonios recogidos por Gámez Torres, Valdés habría animado a Posada a escapar de la prisión.
Abreu y González recuerdan que Valdés aseguró haber cortado una cerca del perímetro y dijo que podía proporcionarle un arma.
Una sospechosa oferta de armas en El Salvador
González relató otro episodio que aumentó su desconfianza.
Según su testimonio, Valdés lo llevó sin previo aviso a una reunión en El Salvador con unos hombres que se presentaron como militares y que se mostraron dispuestos a suministrar armas para sus actividades anticastristas.
González interpretó aquella situación como una posible trampa.
A estos episodios se sumaron comportamientos que los amigos de Posada consideraron difíciles de explicar.
Abreu recordó una noche en un hotel de Centroamérica en la que Valdés salió de madrugada supuestamente para correr. Abreu decidió seguirlo y aseguró haberlo visto intentando realizar una llamada desde un teléfono público.
Cuando lo confrontó, Valdés respondió que estaba tratando de llamar a su esposa.
González relató una situación similar mientras se encontraba en el apartamento de Valdés en Guatemala. Lo vio corriendo por la calle pasada la medianoche y posteriormente descubrió un detalle que reforzó sus sospechas: la vivienda estaba situada a apenas dos cuadras del consulado cubano.
Las sospechas llegaron al FBI
González sostiene que sus dudas sobre Valdés terminaron llegando a las autoridades estadounidenses.
Según declaró al Miami Herald, alrededor de 2006 fue detenido en el aeropuerto de Miami cuando regresaba de un viaje a El Salvador y comunicó al FBI sus sospechas de que Valdés podía estar relacionado con la inteligencia cubana.
González afirma que los investigadores federales le preguntaron entonces por la identidad de un funcionario del gobierno cubano con quien había mantenido un encuentro.
Él interpretó aquella pregunta como una señal de que las autoridades podían disponer ya de información sobre Valdés.
El testimonio abre ahora un interrogante: si el FBI recibió aquellas sospechas hace aproximadamente dos décadas, ¿qué sabía entonces sobre Valdés y por qué las autoridades estadounidenses tardaron tantos años en actuar contra él?
El Miami Herald señala que esa es también una de las preguntas que se hacen ahora los antiguos allegados de Posada.
«Podría haber matado a Luis»
González asegura que no se limitó a advertir a sus amigos y al FBI, sino que llegó a confrontar directamente a Valdés.
El encuentro ocurrió durante una visita a Posada en un hospital.
Según el relato de González, le dijo a Valdés que había comunicado sus sospechas a las autoridades federales. La respuesta que atribuye al ahora deportado fue particularmente inquietante.
Valdés le habría dicho que, si realmente fuera un espía cubano, podría haber matado tanto a Posada como al propio González.
González respondió que un agente no decide necesariamente sus objetivos, sino que cumple órdenes, y le reprochó haber conseguido infiltrarse en organizaciones del exilio y relacionarse con personas de los círculos políticos cubanoamericanos.
La identificación de Valdés por las autoridades estadounidenses como activo de la inteligencia cubana ha dado ahora un significado diferente a aquellos episodios que durante años despertaron las sospechas de algunos integrantes del entorno de Posada.
Valdés fue detenido el 10 de julio en el Aeropuerto Internacional de Miami durante una operación conjunta de ICE, el FBI y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).
Estados Unidos lo deportó a Guatemala el 7 de agosto por haber ocultado sus vínculos con la inteligencia cubana durante sus trámites migratorios.
Las autoridades no han anunciado cargos penales contra Valdés por espionaje ni por actuar como agente de un gobierno extranjero.
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