
En medio de los apagones, la escasez y la destrucción del paisaje urbano en Cuba, el ingeniero agrónomo Lorenzo Suárez Guerra mantiene en su casa de San Miguel del Padrón, en las afueras de La Habana, un invernadero con más de 100 especies e híbridos de orquídeas.
La agencia de noticias Reuters describió ese jardín como un «oasis urbano» en medio de la crisis en la isla. «Cada flor es diferente. Sus colores, sus tamaños, la forma en que se cultivan. Me vuelven loco», dijo el experto en una entrevista reciente.
El trabajo que hace Suárez Guerra con estas plantas obliga a contrastar la belleza de las flores de su colección con el deterioro del entorno. Fuera de su jardín, las calles lucen la basura acumulada, los apagones dejan a oscuras los barrios y crecen la miseria y el desaliento.
Suárez Guerra no llegó a las orquídeas por casualidad. Comenzó a trabajar con ellas en 2002 en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana. Tres años después el Ministerio de la Agricultura financió un proyecto para la propagación en laboratorio de especies terrestres naturalizadas en Cuba.
El resultado más notable de ese trabajo llegó en 2009, cuando registró el primer híbrido ornamental cubano: la Spathoglottis Bella Lorena, obtenida del cruce entre dos variedades del género. La variedad fue inscrita en la Real Sociedad Hortícola de Inglaterra y en el catálogo oficial del Ministerio de la Agricultura de Cuba.
La de las orquídeas es «la familia botánica más amplia del reino vegetal y la más evolucionada. Estamos hablando de más de 30,000 géneros que forman las familias», explicó el especialista en un video difundido por El País México.
La elección del género Spathoglottis no fue arbitraria. «Trabajo con ella porque es un género muy fácil de cultivar, terrestre, no había necesidad de utilizar otros elementos en la composición para su siembra», señaló.
Además de la «Bella Lorena», Suárez Guerra obtuvo otro genotipo al que llamó Spathoglottis Lorita, en honor a su hija. Más de 150 ejemplares descendientes de ambas variedades fueron distribuidos en el occidente de Cuba, incluido el Orquideario de Soroa, en Artemisa, el principal centro de orquídeas del país con unas 700 variedades.
Actualmente, el especialista trabaja en el desarrollo de híbridos más resistentes a las condiciones climáticas actuales, con el objetivo de reducir la presión sobre las especies silvestres de orquídeas cubanas, una labor que cobra especial relevancia ante el deterioro ambiental y la falta de recursos en la Cuba de 2026.
«Estoy obteniendo híbridos que son más resistentes a las condiciones climáticas actuales, pero al mismo tiempo más atractivos y llamativos, para que la gente ya no recurra al bosque», aseguró Suárez Guerra.
Preguntas frecuentes sobre el cultivo de orquídeas en Cuba en medio de la crisis
CiberCuba te lo explica:
¿Quién es Lorenzo Suárez Guerra y qué hace en La Habana?
Lorenzo Suárez Guerra es un ingeniero agrónomo que cultiva más de 100 especies e híbridos de orquídeas en un invernadero ubicado en su casa de San Miguel del Padrón, en las afueras de La Habana. Su trabajo crea un "oasis urbano" en medio de la crisis que atraviesa Cuba.
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¿Cuál ha sido uno de los logros más notables de Suárez Guerra en el cultivo de orquídeas?
Suárez Guerra logró registrar en 2009 el primer híbrido ornamental cubano, llamado Spathoglottis Bella Lorena, un cruce entre dos variedades del género Spathoglottis. Esta variedad fue reconocida por la Real Sociedad Hortícola de Inglaterra.
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¿Por qué el cultivo de orquídeas es relevante en el contexto actual de Cuba?
El cultivo de orquídeas es relevante porque contribuye a la conservación de especies y la creación de híbridos más resistentes a las condiciones climáticas actuales. Esto es crucial para reducir la presión sobre las especies silvestres en un entorno marcado por el deterioro ambiental y la falta de recursos.
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¿Cómo afecta la crisis en Cuba a proyectos como el de Suárez Guerra?
La crisis en Cuba, caracterizada por apagones y escasez, crea un entorno desafiante para proyectos de cultivo como el de Suárez Guerra. El contraste entre su invernadero y el deterioro del entorno refleja la dificultad de mantener iniciativas individuales en un país donde la infraestructura y los servicios básicos están en crisis.
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