
Alemania atraviesa una transformación política mucho más profunda de lo que sugieren sus instituciones aparentemente estables. El país sigue gobernado por una coalición entre la Unión Demócrata Cristiana de Alemania y la Unión Social Cristiana de Baviera, CDU/CSU, de centroderecha, y el SPD, socialdemócrata, bajo el canciller Friedrich Merz. Sin embargo, la fuerza que domina hoy buena parte de la conversación política es Alternative für Deutschland (AfD), que ha pasado de ser una formación marginal a encabezar las encuestas nacionales y acaba de obtener un resultado histórico en Sajonia-Anhalt.
El Bundestag, Parlamento Federal alemán, tiene actualmente 630 escaños. La CDU/CSU conserva el mayor grupo parlamentario con 208 diputados; AfD tiene 150; el SPD, 120; Los Verdes, 85; Die Linke (La Izquierda), 64; y existen tres diputados no integrados en esos grupos.
La CDU, presidida por Friedrich Merz, y su partido hermano bávaro, la CSU, encabezada por Markus Söder, representan la tradición democristiana y conservadora alemana: economía social de mercado, apoyo a la empresa privada, integración europea, alianza atlántica y una política migratoria actualmente mucho más restrictiva que durante la etapa de Angela Merkel. Merz gobierna junto al SPD, dirigido por Bärbel Bas y Lars Klingbeil, este último también vicecanciller y ministro de Finanzas. El SPD mantiene su orientación socialdemócrata: protección del Estado del bienestar, derechos laborales, redistribución y una Europa fuertemente integrada.
Los Verdes, situados entre la centroizquierda y la izquierda, hacen de la transición energética, el clima, el europeísmo y una política social liberal sus principales banderas. Die Linke, a la izquierda del SPD, defiende mayores impuestos a los patrimonios, controles sobre alquileres y una ampliación considerable del gasto social. La política alemana incluye además a liberales del FDP y al populista BSW, aunque actualmente ninguno posee grupo parlamentario federal.
Y entonces está AfD. Fundado en 2013 como una fuerza principalmente euroescéptica, Alternative für Deutschland evolucionó hacia un partido nacional-conservador y populista de derecha, con posiciones mucho más duras sobre inmigración, asilo, identidad nacional y multiculturalismo. Sus copresidentes son Alice Weidel y Tino Chrupalla, reelegidos en julio de 2026. Entre sus figuras más influyentes se encuentra también Björn Höcke, dirigente de Turingia y representante del sector más radical del partido.
AfD propone reducir drásticamente la inmigración y las concesiones de asilo, realizar deportaciones más amplias, recuperar competencias nacionales frente a Bruselas, modificar profundamente la política climática alemana y restablecer relaciones económicas más estrechas con Rusia. También rechaza buena parte de la ayuda militar alemana a Ucrania. Algunas de estas posiciones, junto con declaraciones y actuaciones de determinados dirigentes, han provocado que los servicios de inteligencia interior alemanes hayan sometido a AfD y a varias de sus organizaciones regionales a vigilancia por extremismo de derecha.
En el contexto europeo, AfD puede compararse parcialmente con el Rassemblement National de Marine Le Pen en Francia, el FPÖ austríaco, el PVV de Geert Wilders en Países Bajos o sectores de la derecha nacionalista europea. Sin embargo, AfD presenta peculiaridades propias y sectores considerablemente más radicalizados; tampoco es equivalente en todos los aspectos a Hermanos de Italia de Giorgia Meloni, que actualmente mantiene una orientación mucho más claramente atlantista.
La geografía electoral explica buena parte del fenómeno. Alemania está dividida en 16 Länder, es decir, estados federados. En las elecciones federales de 2025, AfD fue primera fuerza en los cinco grandes Länder de la antigua Alemania Oriental: Brandeburgo, Mecklenburg-Vorpommern, Sajonia, Sajonia-Anhalt y Turingia. La CDU dominó Baden-Württemberg, Hesse, Baja Sajonia, Renania del Norte-Westfalia, Renania-Palatinado, Sarre y Schleswig-Holstein; la CSU venció en Baviera; el SPD fue primero en Bremen y Hamburgo, y Die Linke encabezó Berlín.
Pero los datos de 2025 ya parecen antiguos frente al avance actual. Este 6 de septiembre de 2026, AfD obtuvo aproximadamente 43,8% en Sajonia-Anhalt, frente a apenas alrededor del 17% de la CDU. Es el mejor resultado regional de la historia de AfD y coloca a su candidato Ulrich Siegmund cerca de poder intentar formar el primer gobierno regional dirigido por esta formación.
El problema para AfD continúa siendo el llamado Brandmauer, “cortafuegos”: CDU, SPD, Verdes y otras fuerzas tradicionales mantienen como principio no formar coaliciones con ella. Por eso AfD puede ganar unas elecciones y, aun así, no gobernar.
La situación de Friedrich Merz es especialmente delicada. El último ARD-DeutschlandTrend (encuesta), realizado entre el 31 de agosto y el 2 de septiembre, situaba la satisfacción con su gestión en apenas 13%. AfD aparecía primera con 27%, seguida por CDU/CSU con solo 21%, Verdes 15%, SPD 13% y Die Linke 12%. Tras las elecciones de Sajonia-Anhalt, otro sondeo encontró que únicamente 14% confiaba en que Merz pudiera conducir adecuadamente al país frente a sus desafíos, mientras 82% desconfiaba de su capacidad.
Las preocupaciones que alimentan esta ruptura son bastante claras: economía y competitividad industrial, inmigración, seguridad, costo de la energía, pensiones, deterioro de infraestructuras y desconfianza hacia el gobierno. AfD ha logrado además ganar credibilidad entre sectores del electorado precisamente en inmigración y asilo: el DeutschlandTrend le atribuye mayor confianza ciudadana en esa materia que a cualquier otra fuerza.
Las próximas elecciones federales ordinarias deberán celebrarse entre enero y marzo de 2029, salvo adelanto electoral. Hoy sería imprudente asegurar quién las ganará: faltan más de dos años y medio. Pero si se votara ahora, la respuesta sí es significativa: AfD partiría como primera fuerza según varias encuestas recientes.
Y ahí reside la paradoja alemana. AfD todavía está políticamente aislada, pero electoralmente cada vez lo está menos. La pregunta ya no es simplemente si puede seguir creciendo, sino cuánto tiempo podrá mantenerse un sistema en el que el partido más votado por una parte creciente del país permanezca permanentemente excluido de cualquier coalición. Alemania parece dirigirse hacia una confrontación política que marcará no solo su futuro, sino posiblemente también el de Europa.
Frente al régimen cubano, AfD y CDU/CSU son las fuerzas más críticas, con denuncias directas de la represión, los presos políticos y la falta de libertades. Los Verdes también cuestionan el sistema cubano, aunque rechazan las sanciones económicas generales. El SPD mantiene una línea crítica pero más conciliadora, partidaria del diálogo y la cooperación. En el extremo opuesto, Die Linke es el partido más favorable a La Habana: defiende el camino socialista cubano y reclama el levantamiento de las sanciones estadounidenses.
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