
Una fotografía de una cebolla sostenida en la palma de la mano, acompañada de la pregunta «¿Esto viene de la tierra o de Saturno?», desató la indignación de cientos de cubanos en el grupo de Facebook «Cuba Denuncia Now», donde la publicación acumuló 274 reacciones y una cadena de comentarios que apuntan al colapso agrícola y a la incapacidad del régimen para controlar los precios.
La pregunta no es retórica: en la feria agropecuaria de Línea y L, en La Habana, un vendedor llegó a pedir 910 pesos cubanos por una sola cebolla —cifra que el músico Dagoberto Pedraja denunció el 12 de septiembre—, cuando el precio oficial aprobado por la Delegación Provincial de la Agricultura de La Habana es de 180 CUP por libra.
En otros puntos de la capital, el mismo producto se cotizaba entre 1,500 y 1,800 CUP por libra.
El fenómeno no es nuevo. En abril de 2026 ya se registraban precios de hasta 900 CUP por unidad en mercados informales y carretillas, y en septiembre de 2025 el precio superó los 1,000 CUP por libra en varias provincias.
Para entender la magnitud del problema basta con comparar esos precios con los ingresos reales: el salario mínimo vigente desde julio de 2026 es de 3,210 CUP mensuales, y el salario medio oficial cerró 2025 en 6,930 CUP. Una sola cebolla puede representar entre el 13% y el 28% de lo que un trabajador gana en un mes entero.
Economistas estiman que una familia cubana necesita alrededor de 96,000 CUP al mes para cubrir lo básico, de los cuales 70,070 CUP se destinan solo a alimentos —más de diez veces el salario mínimo.
La inflación interanual oficial alcanzó el 25.19% en agosto de 2026, con los alimentos y bebidas no alcohólicas explicando el 63.18% del aumento total del índice de precios al consumidor.
Los comentarios en la publicación viral articulan dos diagnósticos que se complementan.
El primero apunta a la ineficacia del régimen. «Los primeros descarados son los dirigentes que se reúnen todos los días para controlar los precios y es por gusto, y lo otro es que siguen subiendo salario y entre más se sube, los precios aumentan», escribió Carlos Leonel Quesada.
Ivis Leyva Díaz fue más directa: «No viene de Saturno... Se cosecha en tierras de Cuba. Lo que pasa es que tenemos un Gobierno que se desentendió del pueblo. Además de inepto, es incapaz hasta de regular los precios».
El segundo diagnóstico señala el colapso estructural de la agricultura cubana. Grissel Rodríguez Valle resumió décadas de fracaso con una imagen contundente: «Una Reforma Agraria que puso al final a todos los campos llenos de marabú, donde crearon planes, protocolos, procedimientos ineficaces, un Ministerio que tenía más oficinas que caballerías sembradas en todo el país, por eso ahora una cebolla es como un diamante de la Reina Isabel II del Reino Unido».
Los números respaldan esa descripción: el marabú cubre entre 1.1 y 1.7 millones de hectáreas de suelos antes productivos, y Cuba importa entre el 70% y el 80% de los alimentos que consume, con un costo cercano a 2,000 millones de dólares anuales.
El propio Ministerio de Agricultura reconoció en 2024 que el sector recibía solo el 10% del combustible necesario y que apenas el 7% de la superficie agrícola contaba con riego.
Mientras tanto, el régimen emitió esta semana billetes de 10,000 y 20,000 pesos —reflejo de la depreciación acelerada del peso cubano—, y el dólar en el mercado informal rondaba los 700 CUP a mediados de septiembre.
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