
La histórica Torre de la Libertad, propiedad del Miami Dade College, fue escenario de un acto organizado por la Asamblea de la Resistencia Cubana, encabezada por su secretario general, Orlando Gutiérrez-Boronat, para rendir homenaje a Costa Rica, a su pueblo, a su gobierno y a su canciller, Manuel Tovar Rivera. Durante la ceremonia, el ministro recibió el Premio Libertad Pedro Luis Boitel, en reconocimiento a su respaldo a los derechos humanos y a la democracia en Cuba.
El homenaje ocurre en un momento de intensificación de la solidaridad costarricense con el pueblo cubano, marcado por decisiones diplomáticas, pronunciamientos públicos y nuevas iniciativas internacionales. Pero esta relación solidaria es histórica: sus raíces se remontan a las luchas independentistas del siglo XIX.
En 1891, el general Antonio Maceo y otros cubanos exiliados recibieron la hospitalidad del pueblo y del gobierno de Costa Rica. El presidente José Joaquín Rodríguez autorizó el establecimiento de una colonia agrícola de emigrados cubanos en La Mansión de Nicoya, Guanacaste.
Aquella colonia no fue solamente un proyecto económico. Se convirtió en un espacio de reunión de antiguos combatientes y patriotas que mantenían viva la aspiración de independizar a Cuba de España. El gobierno costarricense contribuyó materialmente al desarrollo del asentamiento.
José Martí visitó Costa Rica en dos ocasiones, en 1893 y 1894, mientras organizaba la Guerra Necesaria. Allí se reunió con Maceo, fortaleció vínculos con los emigrados y trabajó para asegurar la participación del Titán de Bronce en el proyecto independentista.
Costa Rica fue, por tanto, tierra de refugio, organización y preparación de una de las etapas decisivas de la historia cubana.
Esta conexión histórica adquiere particular significado al recordarse la ascendencia mambisa del actual canciller Manuel Tovar Rivera, vinculada al general puertorriqueño Juan Rius Rivera, quien combatió por la independencia cubana y alcanzó el grado de mayor general del Ejército Libertador.
En 1959 José Figueres Ferrer, figura fundamental de la democracia costarricense, que había mostrado simpatía por la lucha contra Batista, comenzó a expresar preocupaciones sobre el rumbo del nuevo régimen.
En enero de ese año manifestó su inquietud ante la posibilidad de que Cuba terminara bajo otra dictadura. Meses después, sus diferencias públicas con Castro provocaron una fuerte reacción del dirigente cubano.
El contraste entre ambos modelos políticos se acentuó: Costa Rica había abolido su ejército en 1948 y consolidado, mediante la Constitución de 1949, un sistema democrático de elecciones competitivas y un tribunal electoral independiente. Cuba, por su parte, avanzó hacia un sistema totalitario de partido único.
1961: Mario Echandi rompe relaciones con La Habana
El 10 de septiembre de 1961, el entonces presidente de Costa Rica, Mario Echandi Jiménez, rompió relaciones diplomáticas con Cuba. La decisión estuvo precedida por protestas costarricenses contra los fusilamientos de prisioneros políticos. El gobierno había advertido que nuevas ejecuciones provocarían la ruptura. La confirmación de otros fusilamientos precipitó la medida. Fue uno de los episodios diplomáticos que marcaron las relaciones bilaterales durante la Guerra Fría.
1980: Rodrigo Carazo y los refugiados cubanos
Durante la crisis de la embajada peruana en La Habana, miles de cubanos solicitaron asilo. El presidente de Costa Rica Rodrigo Carazo facilitó la llegada de refugiados y puso su país a disposición de una operación internacional de evacuación.
El 20 de abril de 1980, su gobierno anunció que estaba dispuesto a recibir a los aproximadamente 10.000 cubanos que aguardaban una salida de la isla, incluso de manera permanente si resultaba necesario. Costa Rica también promovió una conferencia internacional para buscar soluciones a aquella emergencia.
26 de febrero de 2004
Seis expresidentes costarricenses —Luis Alberto Monge, Mario Echandi, Óscar Arias, José Joaquín Trejos, Rafael Ángel Calderón y Rodrigo Carazo— suscribieron una carta de respaldo al movimiento cívico cubano, reclamando respeto a los derechos humanos y a la soberanía popular.
En noviembre de aquel año, San José acogió un foro internacional sobre la democracia en Cuba, organizado con participación de dirigentes políticos latinoamericanos, organizaciones civiles y representantes de la oposición cubana.
Del acercamiento fallido al nuevo rompimiento con la dictadura
En 2009, Óscar Arias restableció las relaciones diplomáticas con La Habana, defendiendo el diálogo como instrumento para abordar las diferencias y promover cambios. En marzo de 2026, Arias explicó que había esperado una apertura democrática que finalmente no se produjo.
Durante la crisis migratoria de 2015-2016, el gobierno de Luis Guillermo Solís concedió 7.802 visas extraordinarias a ciudadanos cubanos, atendió a 5.500 personas en 44 albergues y organizó el traslado de 4.817 migrantes mediante 36 vuelos.
En julio de 2021, Costa Rica condenó la violencia contra los participantes en las masivas manifestaciones contra el régimen comunista y reclamó respeto a las libertades de expresión, reunión y protesta pacífica.
2026: Solidaridad con el pueblo, firmeza contra la tiranía
El 18 de marzo de 2026, el presidente Rodrigo Chaves anunció el cierre de la embajada costarricense en La Habana y exigió la retirada de los diplomáticos cubanos de San José, manteniendo funciones consulares.
La presidenta Laura Fernández, quien asumió el 8 de mayo, dio continuidad a esa política y nombró canciller a Manuel Tovar Rivera, hasta entonces ministro de Comercio Exterior. Este 19 de septiembre, durante el homenaje en Miami, Tovar confirmó que existe una ruptura formal de relaciones diplomáticas, no simplemente una reducción de su representación.
Precisó que Costa Rica mantendrá esa posición hasta que Cuba recupere sus libertades y celebre elecciones libres y plurales. También anunció una revisión de la actuación costarricense en Naciones Unidas respecto a Cuba.
La ceremonia enlaza así dos momentos históricos: la Costa Rica que acogió a Maceo cuando preparaba la independencia de Cuba y la que, 135 años después, vuelve a situar los derechos de los cubanos en el centro de sus relaciones con La Habana.
Es una historia de vínculos humanos, solidaridad, decisiones diplomáticas y esfuerzos humanitarios que atraviesa generaciones y mantiene conectados a ambos pueblos.
Los cubanos, ya en libertad, sabremos levantar un monumento a la solidaridad de Costa Rica. Su presidenta y su canciller ya tienen un lugar en los corazones de quienes luchamos por la patria por la que dieron sus vidas Martí, Maceo y otros muchos valientes compatriotas.
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