Medio internacional entrevista a sobrevivientes del intento de desembarco armado en Cuba

Los cuatro cubanos que permanecen arrestados en la isla por el incidente armado de febrero de este año © Facebook/ Belly Of The Beast
Los cuatro cubanos que permanecen arrestados en la isla por el incidente armado de febrero de este año Foto © Facebook/ Belly Of The Beast

El medio independiente estadounidense Belly of the Beast publicó una extensa investigación sobre la fallida operación armada del pasado 25 de febrero, en la que diez hombres partieron desde los Cayos de Florida con armas y equipos tácticos con el propósito de desembarcar en Cuba, promover un levantamiento y provocar una intervención de Estados Unidos.

El reportaje, firmado por el periodista Reed Lindsay y publicado en colaboración con Drop Site News y Miami New Times, reconstruye la preparación de la operación, el enfrentamiento con las Tropas Guardafronteras y sus consecuencias a partir de documentos, pruebas recopiladas por las autoridades cubanas y entrevistas con familiares, personas relacionadas con el grupo y cuatro de los cinco sobrevivientes que permanecen encarcelados en la isla.

Los testimonios de José Manuel Rodríguez Castelló, Christian Ernesto Acosta Guevara, Leordán Enrique Cruz Gómez y Conrado Galindo Sariol constituyen, según el medio, el primer relato público de la operación ofrecido por sus propios participantes.

Las entrevistas muestran cuatro posiciones distintas ante una operación que terminó con cinco muertos y sus cinco sobrevivientes encarcelados.

- Conrado Galindo Sariol asegura que nunca quiso participar.

- Christian Ernesto Acosta Guevara se arrepiente y califica la misión de «locura».

- Leordán Enrique Cruz Gómez continúa defendiendo un cambio político en Cuba, pero admite la ingenuidad y las deficiencias de la operación.

- José Manuel Rodríguez Castelló mantiene prácticamente intacta la determinación que, según su relato, lo llevó meses antes a responder a una convocatoria en TikTok.

Cuatro detenidos entrevistados bajo custodia del MININT

Las entrevistas tuvieron lugar en julio en una sala de conferencias de una instalación perteneciente al Departamento de Relaciones Internacionales del Ministerio del Interior (MININT), en La Habana.

Los cuatro hombres fueron trasladados vestidos con uniformes naranjas y esposados. Las conversaciones individuales duraron entre 30 y 55 minutos y se realizaron sin sus abogados, pero en presencia de Edward Robert Campbell, fiscal del caso, y del coronel Francisco Estrada Portales, responsable de las investigaciones del MININT sobre delitos contra la Seguridad del Estado.

Los detenidos dijeron haber aceptado voluntariamente las entrevistas y aseguraron que no recibieron promesas a cambio.

Belly of the Beast advierte, sin embargo, que no pudo comprobar esas afirmaciones de manera independiente y que no tuvo oportunidad de realizar entrevistas de seguimiento. Estas circunstancias constituyen una limitación relevante a la hora de valorar los testimonios obtenidos bajo custodia de las autoridades cubanas.

El acceso de los detenidos a representación legal también ha sido desigual.

Rodríguez dijo que todavía no había encontrado un abogado dispuesto a asumir su caso; Cruz afirmó que no había solicitado uno; Acosta aseguró haberse reunido varias veces con su abogado; y Galindo contaba con representación legal desde marzo, según su esposa.

El quinto sobreviviente, Amijail Sánchez González, no fue entrevistado. El medio señala que no pudo determinar si se negó a participar o si las autoridades cubanas no le permitieron hacerlo.

A pesar de las circunstancias en que se realizaron las entrevistas, los periodistas señalan que algunos detenidos criticaron abiertamente al gobierno cubano y denunciaron presuntos malos tratos.

El objetivo: Provocar una rebelión y pedir una intervención de Estados Unidos

Uno de los testimonios más explícitos es el de José Manuel Rodríguez Castelló, camionero de 33 años residente en Nashville, Tennessee.

Rodríguez contó que entró en contacto a través de TikTok con Raúl Quevedo, responsable de la cuenta «La Nueva Cuba».

«Buscaban personas que tuvieran el valor de unirse a un levantamiento armado en Cuba», explicó.

Según Rodríguez, el propósito último de la misión estaba claramente definido:

«El plan de acción era sencillo: lograr que el pueblo cubano se sublevara en armas, controlara una provincia durante 72 horas y solicitara una intervención militar del gobierno estadounidense».

El testimonio de Leordán Enrique Cruz Gómez ofrece más detalles.

Según su versión, pretendían tomar una comisaría en Cárdenas, Matanzas, e intentar que la población saliera a las calles. Las autoridades cubanas sostienen una versión ligeramente diferente: que el objetivo era una comisaría de Santa Marta y la cercana unidad de Guardafronteras de Varadero.

Cruz reconoció la enorme desproporción entre sus aspiraciones y los medios de los que disponían.

«Es ilógico pensar que diez hombres puedan declarar la guerra a un país. Sería absurdo», afirmó.

«Pero éramos conscientes del descontento social. Sabíamos que la gente quería que algo sucediera. Quizás una chispa», añadió.

Cruz explicó que las imágenes de la crisis que veía desde Estados Unidos contribuyeron a convencerlo de actuar.

«Se había vuelto casi insoportable. Había un bombardeo constante en las redes sociales. Todo lo que veíamos: madres con niños buscando comida en la basura, edificios derrumbándose, todas esas crisis. Eso quizás hizo que la situación se sintiera más grave», apuntó.

Reclutamiento por redes sociales y entrenamiento en Florida

Christian Ernesto Acosta Guevara, conductor de una empresa de mudanzas en Austin, Texas, también llegó al grupo a través de TikTok.

Acosta entró en contacto con Pavel Alling Peña, quien había creado en mayo de 2025 la cuenta del «Movimiento Cardumen».

«Escribí un comentario expresando mi deseo de que Cuba prosperara y fuera más liberal. Fue entonces cuando me contactó», recordó. «Me preguntó si quería una Cuba libre. Le dije que sí, que esperaba que sucediera algún día».

Posteriormente, Alling le habló de personas que se estaban preparando para una «intervención militar» en Cuba.

«Me preguntó si estaba dispuesto a unirme a ellos y le dije que no había problema, que solo le dijera dónde», contó Acosta. «Me respondió: “Ven a mi casa y te llevaré conmigo”».

Los hombres comenzaron a reunirse y entrenarse en una finca de LaBelle, cerca de Fort Myers.

Acosta, Rodríguez y Cruz dijeron que allí practicaron durante los meses anteriores a la operación.

Los cuatro entrevistados vincularon la propiedad con Maritza Lugo Fernández, activista cubana exiliada y dirigente del Partido 30 de Noviembre.

Lugo reconoció haber tenido acceso a la finca y haber permitido utilizarla a Sánchez González, con quien había mantenido una relación sentimental, pero niega haber organizado o financiado la operación.

Rodríguez aseguró que los integrantes compraron personalmente su material.

«Nadie nos pagó nada», afirmó. «Nos autofinanciamos. Compramos nuestras propias balas, nuestros propios fusiles, nuestro propio equipo militar», añadió.

Sobre Lugo, Rodríguez dijo que estaba con frecuencia en la finca y ayudaba con cuestiones logísticas, pero sostuvo que no participó en la planificación de la incursión ni en la obtención de las armas.

Lugo rechaza las acusaciones del gobierno cubano de que fue la autora intelectual.

«El régimen de Castro me ha acusado sin cesar: de ser terrorista, de financiar cosas», afirmó. «¿Qué podría financiar yo? Vivo de la Seguridad Social. Recibo 700 dólares al mes, que no me alcanzan para nada. Intento ahorrar. Hago trabajos ocasionales. Mi familia me ayuda si necesito algo extra. Pero no tengo dinero para financiar absolutamente nada».

También calificó la operación de temeraria.

«Son muy buenas personas que hicieron algo descabellado», dijo. «Fueron mucho más allá de los límites de lo normal, porque lo que hicieron fue una auténtica locura. ¿Quién en su sano juicio podría pensar que diez hombres podrían lograr algo contra una dictadura como esa?».

«No era el momento adecuado. No era la organización adecuada»

Raúl Quevedo, quien estuvo en contacto con varios integrantes del grupo pero no participó en el viaje, se negó a explicar al medio cuál había sido exactamente su relación con ellos.

«No tengo nada que decir al respecto», respondió. «Cuanto más hables, más sabrá tu enemigo de ti».

Quevedo consideró «factible» derrocar al gobierno cubano si se dispone de suficientes recursos, pero fue muy crítico con la operación emprendida por los diez hombres.

«No era el momento adecuado. No era la organización adecuada. No estaba organizado», afirmó.

«Para algo así, hay que tener un plan, una estructura, un plan B y un plan C, y un plan de escape. Si no tienes eso, siendo solo diez personas, estás perdido. Y es una lástima porque eran buena gente», añadió.

Dos embarcaciones, 25 armas y unos 13.000 cartuchos

Los diez hombres zarparon desde Marathon, en los Cayos de Florida, después de la puesta de sol del 24 de febrero.

Según las autoridades cubanas, llevaban 25 armas de fuego —14 armas largas y 11 pistolas—, unos 13.000 cartuchos, más de 100 cargadores, bombas artesanales, cócteles Molotov, chalecos antibalas, uniformes, cascos, cuchillos, equipos de visión nocturna, un dron, una terminal Starlink y suministros médicos.

Inicialmente viajaban en dos embarcaciones. Una de ellas sufrió una avería durante la travesía, por lo que trasladaron las armas y los equipos a El Tornado, una embarcación Pro-Line de 24 pies con matrícula de Florida FL7726SH.

La avería retrasó el viaje y frustró el propósito de aproximarse a Cuba durante la noche.

«Sabíamos que si nos alcanzaba la luz del día, existía la posibilidad de que nos vieran», reconoció Cruz.

El Tornado terminó encallando en aguas poco profundas mientras intentaban ocultarse cerca de un islote.

Fue entonces cuando apareció la embarcación cubana.

Los sobrevivientes admiten que el primer disparo salió de su lancha

Uno de los datos más relevantes del reportaje es que los cuatro sobrevivientes entrevistados coincidieron en que el primer disparo del enfrentamiento salió de El Tornado.

Rodríguez, quien mantuvo durante la entrevista una postura abiertamente crítica hacia el gobierno cubano, lo reconoció expresamente: «Uno de nosotros disparó primero. Tengo que admitirlo».

Rodríguez, Cruz y Galindo aseguraron desconocer quién efectuó ese disparo.

Acosta, en cambio, señaló directamente a Amijail Sánchez González.

«Amijail agarró un cargador para el AK-47 de fabricación china que tenía y abrió fuego contra los Guardafronteras. Fue entonces cuando comenzó el tiroteo. No sé exactamente qué pasó porque en ese momento me asusté y me tiré al suelo del barco para que no me alcanzaran los disparos», relató.

Acosta describió además la diferencia entre los entrenamientos realizados en Florida y encontrarse en un combate real.

«En ese momento, lo único que se me ocurrió fue dejar el arma a mi lado y tumbarme en la barca», dijo. «Me asusté. Siempre decía en la granja que disparar a un blanco, a una diana, no es lo mismo que enfrentarse a gente de verdad que te dispara».

Cruz ofreció una imagen igualmente caótica de aquellos minutos.

«Estábamos vomitando [por el mareo]», recordó. «Estábamos mojados, con frío y agotados. Nos impedía pensar con claridad. Nos paralizaba».

Según Cruz, cuando finalmente consiguió sacar un fusil, recibió un disparo.

Cinco muertos durante y después del enfrentamiento

En el intercambio de disparos murieron Ledián Padrón Guevara, Héctor Duani Cruz Correa y Pavel Alling Peña a bordo de El Tornado.

Michel Ortega Casanova murió durante la evacuación y Roberto Álvarez Ávila falleció el 4 de marzo debido a complicaciones derivadas de sus heridas.

Nueve de los diez integrantes de la expedición resultaron heridos de bala. Del lado cubano, el capitán de la embarcación de Guardafronteras recibió un disparo en el abdomen.

Los investigadores cubanos contabilizaron 23 impactos de bala en El Tornado y 14 en la patrullera cubana.

Según los testimonios, el enfrentamiento terminó cuando Cruz levantó un brazo en señal de rendición.

Galindo afirmó que uno de los guardafronteras continuó disparando y que fue el propio capitán cubano herido quien ordenó detener el fuego.

«El capitán le gritó, le gritó con fuerza», aseguró Galindo. «Si el capitán lo hubiera dejado continuar, nos habría matado a todos».

Con el paso de los meses, Cruz reconoció las deficiencias de la operación.

«Quizás la idea fue un tanto ingenua porque no nos habíamos preparado para todas las situaciones posibles», admitió. «No estábamos preparados para enfrentarnos a los Guardafronteras cubanos», añadió.

Rodríguez coincidió en ese punto: «No teníamos ningún entrenamiento para enfrentarnos a los Guardafronteras cubanos».

La versión diferente de Conrado Galindo

El relato de Conrado Galindo Sariol, residente permanente en Miami de 59 años, difiere sustancialmente del ofrecido por los demás.

Galindo asegura que inicialmente fue contratado por 500 dólares para grabar y editar videos de los entrenamientos en la finca y que no pretendía viajar a Cuba.

Según su versión, Lugo le comunicó posteriormente: «Hay un cambio de planes. Vas a ir a Cuba».

Galindo sostiene que protestó y que Lugo y Roberto Álvarez Ávila lo amenazaron, además de quitarle el teléfono y la tarjeta de residencia.

Lugo niega completamente esta versión y sostiene que las declaraciones de los detenidos fueron obtenidas bajo coacción.

«Todo lo que dicen es mentira, y no los culpo», afirmó. «¿Qué se supone que deben decir? Quieren salvar sus vidas y los están obligando a decir esas cosas».

Denuncias de malos tratos bajo custodia

Tras el enfrentamiento, los sobrevivientes fueron trasladados al Hospital Provincial Arnaldo Milián Castro, en Santa Clara.

Cruz tuvo que ser operado por una herida de bala que dañó su nervio radial y le provocó una importante hemorragia. Posteriormente fue sometido a una segunda intervención en un hospital militar de La Habana.

El propio Cruz calificó la atención médica recibida como «muy profesional y humana».

Después fueron trasladados a Villa Marista y posteriormente a una sección de máxima seguridad del Combinado del Este.

Galindo afirmó que recibió patadas en las piernas el día que llegó a prisión. Rodríguez aseguró que fue amenazado y que un agente de Guardafronteras le pisó intencionadamente una pierna lesionada poco después del tiroteo.

Sin embargo, el reportaje introduce un matiz importante: Rodríguez, Acosta y Cruz dijeron no haber sufrido otros daños físicos ni torturas durante su detención.

La situación denunciada en el caso de Amijail Sánchez González es más grave.

Lugo dijo que familiares de Sánchez en Cuba le comunicaron que había sido golpeado repetidamente, que perdió audición en un oído y que sufrió lesiones en un brazo y en las costillas.

Las autoridades cubanas niegan que Sánchez haya sufrido malos tratos físicos durante su detención.

En junio, familiares y activistas ya habían denunciado aislamiento, amenazas y presión psicológica contra los detenidos.

Seis personas permanecen encarceladas

Los cinco sobrevivientes —Rodríguez Castelló, Acosta Guevara, Cruz Gómez, Galindo Sariol y Sánchez González— permanecen en prisión provisional.

También está detenido Duniel Hernández Santos, señalado por las autoridades cubanas como el supuesto contacto en tierra que debía ayudar al grupo después del desembarco.

En total, al menos seis personas permanecen encarceladas en relación con el expediente.

Según el fiscal Edward Robert Campbell, citado en el reportaje, los delitos imputados pueden conllevar hasta 30 años de prisión o incluso la pena de muerte, aunque Cuba no realiza una ejecución desde 2003.

Campbell señaló además que la Fiscalía estudiaba la posibilidad de procesar a Maritza Lugo en ausencia. El juicio todavía no tiene fecha confirmada.

El FBI viajó a Cuba para investigar el caso

El reportaje aporta también nuevos detalles sobre la investigación estadounidense.

Según las autoridades cubanas, el 31 de marzo una delegación del FBI viajó a Cuba y permaneció durante dos días y medio recibiendo información sobre el caso.

Los agentes, acompañados por representantes estadounidenses, inspeccionaron El Tornado y la patrullera cubana involucrada en el enfrentamiento. También mantuvieron breves encuentros con los detenidos y tomaron sus huellas dactilares y muestras de ADN.

Las autoridades cubanas aseguran que solicitaron información a Washington sobre cómo se organizó y financió la expedición desde territorio estadounidense.

La Guardia Costera estadounidense declinó responder al medio sobre El Tornado y remitió las preguntas al Departamento de Estado. Este, a su vez, las remitió al FBI, que volvió a remitirlas al Departamento de Estado.

«Fue una locura»: Arrepentimiento tras el fracaso

Las declaraciones realizadas meses después de la operación muestran profundas diferencias entre los sobrevivientes.

Christian Acosta es quien expresa el arrepentimiento más explícito. Calificó la operación como una «locura» y lanzó una advertencia a otros cubanos que pudieran plantearse acciones similares.

«El consejo que les daría a otros cubanos es que dejen de consumir tanta basura [en las redes sociales]. Conserven sus trabajos y no vengan a Cuba a hacer nada, porque no va a salir bien», afirmó. «El pueblo cubano y las fuerzas armadas están bien entrenados para detener una intervención».

Cruz mantiene su deseo de un cambio político en Cuba, pero cuestiona la forma en que intentaron conseguirlo y reconoce que una operación armada necesitaría muchos más recursos.

«Estoy convencido de que todos en Cuba quieren un cambio», dijo. «Aún tenemos muchos de los mismos problemas que enfrentábamos en la década de 1950, y esos problemas inevitablemente darán lugar a movimientos revolucionarios que lucharán por una causa justa».

Rodríguez Castelló, en cambio, no expresó arrepentimiento por haber participado.

Dijo lamentar las muertes de sus compañeros, el sufrimiento causado a su familia y «haber fallado a todos aquellos cubanos que anhelan una Cuba libre», pero continuó defendiendo la necesidad de acabar con el sistema político cubano.

Su declaración más contundente llegó al referirse a la posibilidad de que Estados Unidos ofreciera combustible a Cuba a cambio de su liberación.

«Si me dijeran que enviarían un petrolero a Cuba a cambio de liberar a José Manuel, preferiría pudrirme en la cárcel antes que dejar que una sola gota de petróleo entre en este país», dijo, refiriéndose a sí mismo.

Preguntas frecuentes sobre el intento de desembarco armado en Cuba y sus consecuencias

CiberCuba te lo explica:

¿Qué ocurrió durante el intento de desembarco armado en Cuba en febrero?

Un grupo de diez hombres partió desde los Cayos de Florida con la intención de derrocar al gobierno cubano. Fueron interceptados por las Tropas Guardafronteras de Cuba, resultando en un tiroteo que dejó cinco muertos y cinco detenidos.

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¿Quiénes fueron los sobrevivientes de esta operación y qué han declarado?

Los sobrevivientes entrevistados fueron Rodríguez Castelló, Acosta Guevara, Leordán Enrique Cruz Gómez y Conrado Galindo Sariol. Ellos dieron testimonios variados, desde sentirse forzados a participar hasta expresar arrepentimiento. Un quinto sobreviviente, Amijail Sánchez González, no participó en las entrevistas.

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¿Qué plan tenían los involucrados en el intento de desembarco en Cuba?

Su plan era lograr que el pueblo cubano se levantara en armas, controlar una provincia durante 72 horas y solicitar una intervención militar de EE.UU. Rodríguez Castelló fue reclutado para unirse a este levantamiento armado.

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¿Cuál ha sido la respuesta del gobierno cubano hacia los detenidos?

Los detenidos han sido acusados formalmente de terrorismo, enfrentando penas que pueden incluir desde diez años de prisión hasta la cadena perpetua o incluso la pena de muerte, según el Código Penal cubano. Se han denunciado condiciones extremas de reclusión y torturas.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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