Suiza y Cuba: ayer y hoy

El líder opositor cubano José Daniel Ferrer, en Suiza. © Cedida
El líder opositor cubano José Daniel Ferrer, en Suiza. Foto © Cedida

Estoy en la ciudad de Zúrich, Suiza, donde vivió, estudió y trabajó el gran científico alemán Albert Einstein y donde también estuvo exiliado un hombre muy conocido y tristemente célebre para los cubanos amantes de la libertad y la democracia, aunque convertido en referente para los movimientos comunistas: Vladimir Ilich Lenin. 

Estoy en esta ciudad suiza y, mientras espero mi próximo avión rumbo a Alemania, quiero hacer un recuento de lo que ha ocurrido con este país durante las últimas siete décadas y compararlo con la trayectoria de mi país, Cuba, desde comienzos de los años cincuenta del siglo pasado hasta nuestros días.

En 1950 todavía no existía el Índice de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Por eso no sería correcto atribuir a Suiza o a Cuba un puesto oficial del PNUD para aquella época. Sin embargo, historiadores económicos han reconstruido indicadores semejantes utilizando esperanza de vida, educación e ingresos.

Los cálculos de Nicholas Crafts para 1950 otorgaban a Suiza un índice retrospectivo de aproximadamente 0,843. Dentro de los países estudiados, Suiza estaba alrededor de los primeros diez lugares del mundo, acompañando a Nueva Zelanda, Países Bajos, Estados Unidos, Noruega, Suecia, Dinamarca, Australia, Reino Unido y Canadá. Es decir, Suiza ya era una nación altamente desarrollada cuando comenzó la segunda mitad del siglo XX. 

Otra reconstrucción histórica, la de Leandro Prados de la Escosura, confirma esa enorme distancia respecto de la mayor parte del planeta. En esa serie, Suiza alcanzaba aproximadamente 0,44 en 1950 —con una metodología diferente— mientras Cuba registraba alrededor de 0,28. Lo importante no es comparar directamente esas cifras con el IDH moderno, sino observar la posición relativa de los países. Cuba se encontraba entonces aproximadamente al nivel de Chile, que también registraba 0,28, y muy cerca de Chipre, con 0,29. Argentina, con 0,34, y Uruguay, con 0,35, estaban algo por encima. 

Dependiendo del número de países incluidos en cada reconstrucción histórica, no es prudente asignar a Cuba un puesto mundial exacto. Pero los datos permiten situarla aproximadamente dentro del grupo de países relativamente mejor colocados del mundo en desarrollo —en algunas comparaciones, alrededor de los puestos 30 a 40— y entre las economías y sociedades más avanzadas de América Latina. Lo verdaderamente revelador aparece cuando observamos qué ocurrió después.

La Cuba de 1950, 1951 y comienzos de 1952 tampoco era una sociedad perfecta. Existían corrupción, desigualdades, pobreza rural y violencia política. Pero funcionaba bajo la Constitución de 1940, existían partidos políticos, Congreso, prensa plural, sindicatos y elecciones competitivas. Carlos Prío Socarrás había llegado a la presidencia mediante las elecciones de 1948. Un estudio de la Biblioteca del Congreso estadounidense describe el período 1944-1952 como una etapa de gobierno democrático, respeto de los derechos humanos y prosperidad acelerada, aunque también señala corrupción y violencia política. 

Suiza, por su parte, tenía instituciones democráticas extraordinariamente sólidas, federalismo, Estado de derecho y una economía de mercado desarrollada. Pero tampoco había culminado su evolución política: las mujeres suizas no tenían todavía derecho al voto en el ámbito federal. Ese derecho llegó en 1971. La diferencia fundamental es que el sistema suizo continuó ampliando gradualmente la participación y los derechos políticos.

Cuba tomó una dirección diferente. El 10 de marzo de 1952, Fulgencio Batista interrumpió el orden constitucional mediante un golpe de Estado, suspendió el Congreso y alteró el sistema político. Documentos de aquellos años señalan posteriormente suspensiones de garantías como las libertades de expresión, prensa y reunión. 

Tras el triunfo revolucionario de 1959 tampoco se restauró la democracia. Se consolidó un sistema de partido único que eliminó la competencia electoral e ilegalizó la oposición política y los medios independientes. Cuba lleva más de siete décadas sin elecciones libres y competitivas para decidir quién gobierna el país.

El contraste con Suiza en 2026 resulta extraordinario.

El último Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD, publicado en 2025 y basado fundamentalmente en datos de 2023, sitúa a Suiza en el segundo lugar mundial, empatada con Noruega, con un IDH de 0,970; solamente Islandia aparece por delante, con 0,972. Cuba ocupa, con datos de 2023, el puesto 97, con 0,762. En los últimos meses estamos seguros que ha descendido varios puestos. La Mayor de las Antillas atraviesa la peor crisis de su historia.

Es particularmente significativo comprobar qué ocurrió con países comparables a Cuba en 1950. Chile, que en la reconstrucción histórica de Prados de la Escosura tenía exactamente el mismo valor que Cuba —0,28—, ocupa actualmente el puesto 45 del IDH y Chipre el 32. Cuba está en el 97. El caso ilustra cuánto importa observar no solamente cuánto cambia un indicador dentro de un país, sino cuánto progresa una sociedad comparada con otras que partieron de posiciones semejantes. 

En materia de libertades políticas la distancia es todavía mayor. Freedom House 2026 otorga a Suiza 96 puntos sobre 100 y la clasifica como “Libre”: 39 de 40 en derechos políticos y 57 de 60 en libertades civiles. Destaca su democracia directa, descentralización y respeto generalizado por los derechos fundamentales. 

Cuba obtiene 9 puntos sobre 100 y es clasificada como “No libre”: 0 de 40 en derechos políticos y 9 de 60 en libertades civiles. Freedom House señala la inexistencia de pluralismo político, las restricciones a los medios independientes y la represión de la disidencia. 

Tampoco puede analizarse la Cuba actual únicamente recurriendo a las estadísticas oficiales y a los antiguos discursos sobre salud y educación. La situación presente está marcada por un deterioro documentado de servicios esenciales. Human Rights Watch informa de graves carencias de alimentos y medicamentos y señala que las autoridades reconocieron que solo alrededor del 30% de los medicamentos considerados esenciales estaban disponibles. Amnistía Internacional documenta además que los apagones afectan directamente el acceso a salud, educación y alimentación. 

El IX Estudio sobre Derechos Sociales del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, basado en 1.318 entrevistas realizadas en 79 municipios durante junio y julio de 2026, estima que el 94% de los cubanos vive en pobreza extremasegún la metodología utilizada por esa organización. No es una estadística oficial del Banco Mundial y debe identificarse como una estimación independiente, pero refleja la magnitud de la actual crisis social. 

Setenta y seis años después de 1950, Suiza permanece en la cima mundial del desarrollo humano y ha ampliado derechos que entonces todavía estaban incompletos. Cuba, que comenzó aquella década con instituciones libres, pluralismo político y una posición económica y social relativamente destacada en América Latina, se encuentra hoy mucho más atrás en desarrollo humano relativo y entre los países peor evaluados en derechos políticos y libertades civiles.

Suiza y Cuba constituyen así dos trayectorias históricas profundamente diferentes: dos países que comenzaron la segunda mitad del siglo XX desde posiciones relativamente favorables, pero que llegaron a 2026 ocupando lugares muy distintos en bienestar, instituciones y libertad.

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José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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