
Las autoridades sanitarias de Matanzas encendieron este viernes las alarmas ante un incremento sostenido de enfermedades respiratorias agudas en la provincia, con especial preocupación por los grupos más vulnerables: niños menores de un año, embarazadas y adultos mayores.
Yamira López, directora provincial de Salud, advirtió a través del medio oficialista Radio 26 que «esta no es una etapa tranquila», y subrayó que octubre y noviembre representan históricamente los meses de mayor complejidad epidemiológica en el territorio.
Las condiciones climáticas propias de esta época —altas temperaturas, humedad elevada y lluvias frecuentes— favorecen tanto la circulación de virus respiratorios como la proliferación del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue y el chikungunya, lo que convierte el escenario actual en uno de doble riesgo.
López fue enfática en que ningún menor de un año ni ninguna embarazada con síntomas respiratorios debe ser evaluada únicamente en el hogar: todos requieren atención médica presencial.
Para los casos moderados, la atención corresponde al nivel secundario, dentro de una red territorializada que define el hospital de referencia y los mecanismos de interconsulta en cada municipio.
La funcionaria también llamó a las familias a no minimizar los síntomas bajo la idea de que «no hay nada que mandar». Demorar la consulta, advirtió, puede derivar en complicaciones graves e incluso en ingresos en unidades de terapia intensiva.
La alerta llega en un momento en que el Ministerio de Salud Pública ya había reconocido a nivel nacional un aumento simultáneo de infecciones respiratorias, enfermedades diarreicas, hepatitis y arbovirosis, atribuido a «limitaciones en los sistemas de saneamiento ambiental, tratamiento de las aguas y recogida de residuales», según reconoció la viceministra Carilda Peña García.
Matanzas carga además con un historial epidemiológico especialmente grave. En 2025, la provincia fue el epicentro del brote nacional de chikungunya, que se inició en el municipio de Perico y se extendió a cinco provincias.
Cuba cerró ese año con más de 81,900 casos combinados de dengue y chikungunya y 65 muertes asociadas.
En lo que va de 2026, el deterioro no se ha detenido. En mayo, las autoridades calificaron de «complejo» el escenario epidemiológico provincial por brotes de hepatitis A vinculados a la crisis hídrica, que deja a más de 300,000 habitantes sin suministro estable de agua. En junio se detectaron los primeros casos de dengue de la temporada.
A escala nacional, el panorama es igualmente preocupante: según el Global Dengue Observatory de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, Cuba acumula en 2026 unos 7,133 casos de dengue, cifra que supera 7.4 veces el nivel esperado para esta época del año, con el pico estacional previsto precisamente en octubre.
Las autoridades sanitarias de Matanzas mantienen la pesquisa activa y la vigilancia epidemiológica, e insisten en que la detección temprana es la principal herramienta para evitar que el sistema de salud —ya debilitado por el déficit de combustible, los apagones y la escasez de insumos— colapse ante una demanda creciente.
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