
La historia de una niña cubana que creció en la pobreza extrema de La Habana de los años 30 y terminó convirtiéndose en empresaria en Estados Unidos es el corazón de un libro que el Tampa Bay History Center destacó a finales de septiembre como apertura de su temporada 2026-27 de club de lectura.
La obra, titulada «It's Hard to Kill a Bougainvillea: From Slavery to the American Dream», fue escrita por la autora tampeña Sylvia A. Alvarez, quien narra la vida de su madre, conocida como «Chelo», como testimonio de resiliencia y esperanza para las comunidades inmigrantes.
«Me di cuenta de que su historia era grande y había que contarla. Tenía que dar esperanza a la gente», declaró Alvarez.
La vida de Chelo comenzó marcada por una tragedia tras otra: a los cuatro años presenció la muerte de su madre, y su padre la abandonó junto a su hermana, dejándolas durmiendo bajo una escalera y padeciendo hambre. Cuando el padre regresó, vendió a Chelo como sirvienta a un rico hacendado cañero, donde trabajó como niñera y empleada doméstica durante años.
Su oportunidad de escape llegó cuando la familia viajó a Nueva York. Al entrar al puerto y ver la Estatua de la Libertad, Chelo comprendió lo que representaba aquel monumento. Una noche llenó una funda de almohada con frutas y huyó a las calles de la ciudad, sin hablar inglés y sin un centavo.
Con el tiempo, aquella mujer que había escapado con lo puesto se convirtió en dueña de una fábrica de ropa deportiva, promotora inmobiliaria y empresaria exitosa, y llegó a marchar junto al reverendo Martin Luther King Jr. en defensa de los derechos civiles.
Alvarez eligió el título en referencia a la buganvilia, planta conocida por sobrevivir en las condiciones más adversas, como símbolo de la determinación de su madre.
La historia familiar de Alvarez está profundamente entrelazada con la de Tampa. Su padre nació en la ciudad en el seno de una familia vinculada a la industria tabacalera, que se desplazaba entre Cayo Hueso, La Habana y Tampa. «La familia viajaba de Cayo Hueso a La Habana y a Tampa, siempre siguiendo el comercio del cigarro», recordó la autora.
El historiador del centro Rodney Kite-Powell enmarcó el libro en ese legado más amplio: los inmigrantes cubanos, españoles y sicilianos que llegaron a finales del siglo XIX impulsaron el crecimiento de Ybor City en la década de 1880 y de West Tampa en la de 1890, transformando la identidad cultural de la ciudad. En su apogeo, el área llegó a contar con más de 200 fábricas de tabaco y unos 10,000 trabajadores.
«Esos inmigrantes que llegaron aquí a partir de la década de 1880 en busca de una nueva vida realmente ayudaron a crear toda una nueva cultura», señaló Kite-Powell.
Para Alvarez, preservar la memoria de su madre es también una forma de mantener viva la experiencia de generaciones marcadas por la migración y la separación familiar, una realidad que sigue vigente para quienes tienen seres queridos en Cuba, donde la crisis económica —con apagones, escasez de alimentos y medicamentos— no da tregua bajo la dictadura.
Su vocación por ayudar a familias a acceder a una vivienda propia nació de ver a sus padres construir su primer hogar en América, cuando ella tenía nueve años y servía de traductora. Hoy dirige la Housing and Education Alliance, agencia certificada por el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de EE.UU. que desde 2002 ha atendido a más de 57,735 residentes del área de Tampa Bay y facilitado más de 163 millones de dólares en préstamos y asistencia para la compra de vivienda.
«América es un tapiz de almas», concluyó Alvarez. «Y estoy muy orgullosa de ella, muy orgullosa de mi herencia cubana, muy orgullosa de ser americana».
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