El analista Frank Rodríguez lanzó una denuncia que resume el grado de colapso al que ha llegado Cuba: en varias ciudades de la isla, los muertos están siendo enterrados en fosas comunes porque las familias no tienen con qué costear un ataúd, una funeraria ni siquiera la presencia de un sacerdote.
«Me dicen que hay ciudades donde están enterrando a la gente en fosas comunes en vista de que no hay para hacer la caja ni para tener una funeraria ni flores ni mucho menos ni llamar a las curas, sino que simplemente te mueres y se acabó el incidente», afirmó Rodríguez desde Miami.
La denuncia no es un caso aislado. El colapso de los servicios funerarios en Cuba lleva meses documentándose. En febrero de este año, una familia en Velasco, Gibara (Holguín) improvisó un féretro de cartón y cinta adhesiva ante la ausencia total de ataúdes en la funeraria local.
En abril, los entierros en el cementerio Vicente García, de Las Tunas, fueron suspendidos por colapso de capacidad, obligando a familias a trasladarse hasta Camagüey o Santiago de Cuba.
El 1 de septiembre, el propio cementerio de Las Tunas pidió a las familias retirar los restos de sus difuntos. Días después, la activista Lara Crofs fue categórica: «Los servicios necrológicos están completamente colapsados», y advirtió que un entierro digno depende del pago informal o de las conexiones que tenga la familia.
El pasado 3 de octubre, un cadáver fue hallado al sol, rodeado de basura y abandono en La Habana, imagen que condensó en una sola fotografía la degradación a la que ha llegado la muerte en Cuba.
Según una investigación de El Toque, las autoridades cubanas rechazan el término «fosas comunes», pero reconocen que se realizan inhumaciones en tierra en nuevos espacios habilitados por el colapso del sistema, amparadas en normativas técnicas de cementerios de 2007.
Rodríguez no escatimó en crudeza para describir el panorama: «Estamos rergresando a cosas agónicas, cosas increíbles. Y cada día nos enteraremos de cosas más horribles». Y fue más lejos: «Cuba ha muerto literalmente y lo que estamos es oliendo la pestilencia de que hay que enterrarla urgentemente. No va a haber velorio, no va a haber nada».
En la misma tertulia, el escritor Camilo Venegas, desde República Dominicana, se refirió a quiénes sufren más esta debacle. Aunque la crisis golpea a toda la población, los afrocubanos cargan con el peso más duro: datos de 2026 indican que el 68% de la población afrodescendiente tuvo dificultades para adquirir bienes básicos, frente al 61% de la población general.
Venegas fue directo sobre la responsabilidad histórica del régimen. «Yo no creo que de verdad se hicieran políticas dentro de la Revolución, políticas de verdad serias para lograr que gran parte de la población afrodescendiente saliera de la pobreza. Y siempre fue la más vulnerable. Nunca dejó de serla durante toda la Revolución».
El escritor también señaló que las cuarterías —viviendas colectivas precarias donde se concentra la pobreza— nunca desaparecieron: «Es verdad que se acabó la especie de apartheid que había antes. Es verdad que se acabaron muchas cosas, pero nunca dejaron de ser los más vulnerables».
La ONU ya advirtió en 2018 que en Cuba persisten el racismo y la discriminación estructural contra los afrodescendientes, con menores oportunidades de empleo, baja representación en puestos de decisión y niveles de pobreza más elevados, una realidad que la crisis actual no ha hecho más que agravar.
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