
Nicolás Maduro Guerra, diputado chavista e hijo del exmandatario venezolano preso en Estados Unidos, reveló este lunes que su madrastra Cilia Flores padece una afección cardíaca grave que, a su juicio, es incompatible con las condiciones de la cárcel donde permanece recluida.
«Tiene un tema en el corazón muy delicado», afirmó Maduro Guerra en declaraciones a la AFP, precisando que se trata de un prolapso de la válvula mitral, condición que en casos graves puede derivar en fallos cardíacos.
El parlamentario señaló que Flores comparte espacio con cuarenta mujeres en el Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn y que «no hay condiciones para que después de una intervención como la que hay que hacerle se pueda recuperar plenamente».
Según el diputado, los problemas de salud de Flores se agravaron desde el momento de su captura. «Empezó a sufrir de la tensión después del 3 de enero, nunca había sufrido de la tensión», dijo, en referencia a la operación militar estadounidense que resultó en el arresto de la pareja.
Maduro Guerra también reveló que Flores sufrió un episodio respiratorio tras el uso de gas pimienta por parte de las autoridades del centro penitenciario para controlar una riña entre dos reclusas. «Ella es asmática. Entonces... Bueno, esperamos que pueda pasar algo bueno esta semana», declaró, en alusión a la audiencia judicial fijada para el 8 de octubre ante el juez federal Alvin K. Hellerstein, del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York.
En esa audiencia se evaluará la solicitud de prisión domiciliaria presentada por la defensa de Flores, que ha documentado un deterioro progresivo de su salud: pérdida de más de 11 kilogramos de peso, episodios de taquicardia ventricular, arritmias, dolor en el pecho y dificultad para respirar. Una prueba de esfuerzo realizada en abril fue suspendida por dolor torácico, y en julio Flores habría sufrido un episodio de presión intensa en el pecho que consultores externos no descartaron como posible infarto leve.
La propuesta de la defensa incluía una residencia privada en Nueva York con vigilancia armada las 24 horas, monitoreo por GPS y restricción de visitas y llamadas. Sin embargo, la fiscalía se opuso formalmente a la solicitud el 23 de septiembre, argumentando un «riesgo extremo de fuga» y peligro para el público. Un juez federal también ordenó sellar el historial médico de Flores tras la presentación de la solicitud.
Flores, de 69 años, está acusada junto a Maduro de narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína hacia Estados Unidos. Ambos niegan los cargos, mientras el exmandatario se declara «prisionero de guerra».
Abogada de profesión, Flores ocupó cargos clave dentro del régimen chavista, entre ellos la presidencia de la Asamblea Nacional y la procuraduría general de Venezuela. Su esposo la apodaba «la primera combatiente» y numerosos observadores la consideraban una figura central del poder en Caracas.
La víspera, al cumplirse nueve meses de la detención de ambos, Maduro Guerra había declarado que «no descansaremos hasta verlos volver», reafirmando su postura de que el proceso judicial contra su padre y su madrastra es «un juicio político».
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