
Las escuelas públicas de Miami-Dade registraron el año pasado apenas 3,000 alumnos nacidos en el extranjero, frente a los 14,000 y 22,000 que el distrito solía incorporar cada curso, según reveló esta semana el exsuperintendente José Dotres en una entrevista con WLRN sobre el impacto de la ofensiva migratoria en las aulas del sur de Florida.
El desplome refleja el frenazo en la llegada de familias inmigrantes provocado por la política migratoria federal, respaldada activamente por el gobernador Ron DeSantis.
El contraste con apenas tres años atrás es brutal: en el ciclo 2022-23, Miami-Dade llegó a incorporar más de 22,000 niños inmigrantes en un solo año, muchos de ellos cubanos concentrados en Hialeah, lo que generó colapso en varias escuelas entonces.
Ahora el problema es el opuesto: aulas vacías y presupuestos en caída libre. El distrito arrancó el curso 2026-27 con 215,078 estudiantes en escuelas directamente administradas, frente a 230,172 el año anterior, y acumula unos 31,000 alumnos menos en dos años.
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El distrito aprobó un presupuesto de aproximadamente 7,400 millones de dólares para 2026-27, unos 100 millones menos que el año anterior, y ya había aplicado una reducción adicional de 89 millones a mitad del curso pasado. La pérdida de estudiantes extranjeros se estimó en unos 70 millones de dólares de impacto.
En respuesta, la Junta Escolar aprobó en junio el cierre de cinco planteles y la consolidación de otros cuatro, con la eliminación de 168 puestos de trabajo. En agosto, casi 30 escuelas de Miami-Dade quedaron bajo revisión formal, con 12 de ellas operando al 50 % o menos de su capacidad.
Ante este panorama, el vicegobernador Jay Collins defendió sin concesiones la política migratoria del estado. «Nunca me disculparé por ser primero estadounidense y primero floridano. Nos aseguraremos de que la financiación esté disponible», declaró a WLRN.
Collins reconoció la reducción de alumnos indocumentados, pero la justificó: «Entiendo y escucho lo que la gente dice, que tenemos menos inmigrantes ilegales en nuestras escuelas. Nuestra priorización tiene que ser hacia nuestros ciudadanos».
La experta Alejandra Vázquez Baur, de EdTrust y cofundadora de la Red Nacional de Recién Llegados, advirtió que las consecuencias van más allá de los propios inmigrantes. «Los nuevos estudiantes traen nueva financiación a las escuelas. Eso significa que las escuelas obtienen más recursos que benefician no solo a esos estudiantes, sino a todos», señaló. «Menos dinero significa menos calculadoras y libros, menos programas extracurriculares».
La crisis no se limita a Miami-Dade. El condado vecino de Broward enfrenta 61,000 plazas vacantes y analiza cerrar diez escuelas más, tras perder más de 27,000 alumnos en cuatro años y acumular un déficit de unos 94 millones de dólares.
En paralelo a la crisis de matrícula, Collins respaldó los nuevos estándares de enseñanza de la historia del comunismo vigentes desde este curso para estudiantes de sexto a duodécimo grado. «Tenemos una herencia tan rica, de nuestros cubanoamericanos, nuestros venezolanos. Personas que han visto y sentido el dolor del socialismo y el comunismo», afirmó el vicegobernador.
La Junta de Gobernadores del sistema universitario estatal aprobó además en septiembre la prohibición de admitir estudiantes indocumentados en las 12 universidades públicas de Florida, con vigencia desde el año académico 2027-28, cerrando así la educación superior pública del estado a nuevos alumnos sin estatus legal.
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