
La agencia AFP publicó este viernes un reportaje demoledor sobre la vida de la juventud habanera en medio de la crisis que sacude Cuba. El texto recoge testimonios tomados a finales de septiembre y traza un retrato generacional de vaciamiento y resignación.
Una de las entrevistadas es Melanie Tejeda, de 24 años. Ella contó que de sus 43 compañeros de estudios de arte dramático, solo cinco permanecen en la Isla; el resto emigró a Miami, Madrid u otros destinos. Su contacto con ellos se reduce a mensajes de WhatsApp o Instagram cuando la conexión a Internet lo permite.
Tejeda acude al bar El Bejuco, en El Vedado, y se suma a una partida de dominó con desconocidos .El juego, explica, es «un elemento cultural de Cuba que perdura y nos mantiene unidos».
El local es uno de los pocos que permanece iluminado por la noche gracias a un generador adaptado al gas de ciudad y con wifi. Su gerente, Yadier Delgado, también de 24 años, lo define como «un refugio» para los jóvenes que no saben qué hacer. «Casi todos los lugares de ocio no han encontrado los medios para seguir abiertos», señala.
AFP describe cómo los apagones han convertido La Habana en una ciudad fantasma: teatros, cines y salas de conciertos están prácticamente todos cerrados. El colapso del sistema eléctrico —resultado de décadas de falta de inversión y mantenimiento en las centrales termoeléctricas del régimen— ha liquidado la vida cultural que años atrás exhibía la capital.
En el segundo piso del mismo bar, Sian Dimitri Felipe, de 22 años, trabaja como programador autodidacta para empleadores de Miami y desarrolla su propio videojuego, pese a los cortes de luz e Internet. En El Bejuco se libra del apagón, de los mosquitos y de «coger dengue».
Sian confiesa que extraña el «sentimiento de comunidad entre los jóvenes, de reunión de tribu urbana», y sentarse en la calle por la noche a conversar con amigos, algo ahora muy peligroso. Su idea de futuro es clara: «Voy a irme. Todos los jóvenes de este país tienen en mente irse».
Los fines de semana, muchos acuden al Paseo del Prado para bailar o patinar hasta tarde. Israel Quiala, de 17 años, va desde San Miguel del Padrón y pasa horas ensayando coreografías. Él admite que la crisis afecta a todos, pero precisa que los adultos al menos tuvieron una buena juventud. «Ser joven hoy es más difícil», recalca.
Cuba enfrenta una crisis demográfica sin precedentes en su historia moderna: según datos del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), el 50 % de quienes se fueron del país al cierre de 2024 eran jóvenes menores de 35 años, lo que evidencia una sangría desproporcionada del grupo más productivo y reproductivo de una nación.
En julio pasado, el creador de contenido cubano Robert Evangelista publicó un video en el que denunciaba con dureza la ausencia de oportunidades para los jóvenes en Cuba.
El influencer describió el destino que espera a quienes se quedan. «¿Cuántos jóvenes cubanos no están estudiando ahora mismo y terminan en la calle? O terminan en el químico, o terminan vendiendo refrescos en una cafetería. Aquí no hay oportunidad de nada».
El reportaje de AFP se publica días después de que la misma agencia documentara la agonía de la libreta de abastecimiento, con bodegas cerradas o reconvertidas en mercados de barrio.
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