
Cuba conmemora este sábado los 158 años del Grito de Yara en medio de una crisis eléctrica que no se puede medir por los circuitos sin servicio en un parte de madrugada. Entre el 3 de septiembre y el 2 de octubre, 23 de las 28 jornadas con datos nacionales de cierre comparables superaron los 2.000 megavatios (MW) de afectación máxima real, según un análisis de los reportes de la Unión Eléctrica (UNE) realizado por CiberCuba. Mientras tanto, en distintas localidades hay hogares que pasan buena parte del día —y en ocasiones jornadas completas— sin electricidad.
El 10 de octubre comenzó con interrupciones documentadas en La Habana, Villa Clara, Holguín y Sancti Spíritus. A medianoche, la Empresa Eléctrica de La Habana informó de 258 MW de afectación y 97 circuitos de distribución sin servicio. A las 6:00 a. m. comunicó 174 MW y 68 circuitos afectados. La disminución entre ambos partes refleja la situación en dos momentos concretos; no indica cuántos apagones se produjeron durante esas seis horas ni cuántas horas acumuló sin luz cada vivienda.
El Observatorio de Apagones de CiberCuba, que recopila comunicaciones de empresas eléctricas y otras fuentes oficiales, registró también 139 circuitos apagables afectados en Villa Clara. En Holguín, la interrupción del circuito Iberia 1 alcanzaba 25 horas y 11 minutos en el corte consultado; el circuito Juan Vicente llevaba 22 horas y 5 minutos. En Sancti Spíritus se reportaron averías en zonas de Iguará y afectaciones en Fomento y Taguasco.
Lo que no cuentan los partes de una madrugada
Los 258 MW reportados en La Habana a medianoche son una cifra provincial de ese instante, no el total de apagones de Cuba. Del mismo modo, el número de circuitos afectados no informa por sí solo de la cantidad de personas sin electricidad, la duración acumulada de sus cortes ni las interrupciones que puedan producirse después. Los restablecimientos anunciados tampoco garantizan que el suministro se mantenga durante el resto del día.
La metodología del Observatorio advierte que las cifras institucionales pueden ser preliminares, incompletas o rectificadas. Sus registros reúnen los reportes disponibles, pero no constituyen un seguimiento continuo y exhaustivo de todas las viviendas de la isla. Por eso, la afectación real para la población puede ser más amplia que la que refleja una comunicación aislada, aunque esos datos tampoco permiten calcular qué porcentaje exacto del país permanece a oscuras durante la mayor parte del tiempo.
Los apagones extremos se repiten desde hace semanas
El problema no es un episodio aislado del 10 de octubre. El análisis de CiberCuba publicado el 4 de octubre examinó 30 jornadas, del 3 de septiembre al 2 de octubre, y encontró cifras comparables de afectación máxima real en 28 de ellas. En 23, la demanda retirada mediante apagones superó los 2.000 MW. El promedio de esos máximos diarios fue de unos 2.093 MW.
Ese promedio no significa que hubiera 2.093 MW desconectados las 24 horas: mide el máximo reportado de cada día. Pero sí documenta la reiteración de afectaciones de gran magnitud. Los días 18 y 19 de septiembre no se incluyeron en la comparación porque el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) sufrió una desconexión total y atravesó un proceso de recuperación de su interconexión. No se trató de jornadas de normalidad eléctrica.
Los partes de la UNE han atribuido las limitaciones persistentes a una combinación de averías de termoeléctricas, unidades detenidas por mantenimiento y falta de combustible para grupos de generación distribuida. Los parques solares incorporan energía durante el día, pero su aporte no sustituye de forma continua la generación que falta por la noche.
De los apagones de 2025 a pueblos con apenas dos horas de luz en 2026
La duración de los cortes ya era extrema en 2025. Durante una visita a Granma en junio de ese año, el propio Miguel Díaz-Canel reconoció que familias de Río Cauto habían sufrido más de 20 horas de apagón. En diciembre, el director de la Empresa Eléctrica de Guantánamo admitió cortes de hasta 20 horas en algunos circuitos y dificultades para cumplir los programas de rotación.
La situación siguió afectando gravemente la vida cotidiana en 2026. Un reportaje de EFE divulgado esta semana describió que Puerto Esperanza, en Pinar del Río, recibía apenas unas dos horas de electricidad al día. Los pescadores del pueblo explicaron que la falta de refrigeración los obliga a vender inmediatamente sus capturas o arriesgarse a perderlas.
El alcance de los cortes también supera los hogares. La empresa estatal de telecomunicaciones ETECSA reconoció en septiembre que los apagones prolongados dejaban comunidades sin conectividad y que, durante la caída nacional del SEN del día 18, más del 80% de sus radiobases quedaron fuera de servicio. Los cortes eléctricos también dificultan el bombeo de agua, la conservación de alimentos y el funcionamiento de instalaciones productivas.
El aniversario recuerda el alzamiento encabezado por Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua el 10 de octubre de 1868, inicio de la Guerra de los Diez Años. En la conmemoración de 2026, los reportes provinciales siguen registrando restablecimientos e interrupciones, mientras localidades como Puerto Esperanza afrontan jornadas en las que el tiempo con electricidad es mucho menor que el tiempo sin ella.
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