El cineasta cubano Juan Carlos Cremata Malberti reivindica con orgullo el término «gusano» —históricamente usado por el castrismo como insulto contra quienes no sienten apego por los dogmas de lo que dieron en llamar "Revolución"— y en una entrevista con CiberCuba lo convierte en metáfora de transformación personal: «Soy gusano a mucha honra. Ya soy mariposa».
La declaración resume la evolución ideológica de un artista que creció dentro del sistema cultural oficial cubano antes de exiliarse en Miami en 2016, tras la censura de su adaptación teatral de "El rey se muere" y una campaña de difamación pública orquestada por instituciones culturales de la isla.
En una entrevista con la periodista Tania Costa, Cremata se muestra incómodo desde el primer momento con la exposición pública. «Para mí las entrevistas son una tortura. A mí me gusta que se conozca lo que yo hago y todo lo que yo haré. Me encanta que la gente sepa lo que estoy haciendo, pero no me parece interesante que la gente sepa quién soy», confiesa el director.
Esa incomodidad no le impide hablar con franqueza. Cremata se describe como un cubano que desafía los estereotipos: no toma café —«yo tomo té»—, no baila, no le gusta el béisbol y prefiere la soledad del creador. «Yo soy un cubano un poco raro, bastante atípico», admite.
Su distancia con la identidad nacional va más allá de los gustos cotidianos. «Soy muy poco nacionalista. Después que conocí el mundo, me di cuenta que Cuba es demasiado pequeña», afirma.
Graduado de Teatrología y Dramaturgia en el Instituto Superior de Arte de La Habana y de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cremata es autor de una filmografía que incluye "Nada", "El Premio Flaco", "Chamaco" y "Contigo, Pan y Cebolla". Su obra más reconocida internacionalmente es "Viva Cuba" (2005), codirigida con su madre, la actriz y coreógrafa Iraida Malberti, que obtuvo más de 30 premios, entre ellos el Grand Prix Écrans Juniors del Festival de Cannes.
La entrevista también toca heridas profundas. Su padre, Carlos Cremata Trujillo, trabajador de Cubana de Aviación, murió en el atentado terrorista contra el vuelo 455 el 6 de octubre de 1976, cerca de Barbados, junto a otras 72 personas. El régimen cubano convirtió a las víctimas en «mártires», una narrativa que Cremata ha cuestionado públicamente.
Desde su exilio, el cineasta no ha moderado su postura. En abril de 2023 declaró sin ambages: «Lo que me quede de vida lo voy a dedicar a destruir el régimen cubano».
La imagen de la mariposa que Cremata elige para definirse no es casual: condensa en una sola metáfora el recorrido de quien fue etiquetado como enemigo por la Revolución y decidió asumir esa etiqueta como punto de partida hacia algo distinto, libre y propio.
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