Redes solidarias reparten medicinas gratis en La Habana ante la escasez

Reparto solidario de medicinas en La Habana. Creada con IA. © Ilustración: CiberCuba / IA
Reparto solidario de medicinas en La Habana. Creada con IA. Foto © Ilustración: CiberCuba / IA

En el Vedado habanero, vecinos que no encuentran sus medicamentos en las farmacias estatales reciben ayuda de una red solidaria que los distribuye gratuitamente. La iniciativa, conocida como «La medicina no se vende», organiza las solicitudes por WhatsApp y funciona con donaciones y trabajo voluntario, en medio de una escasez que sigue afectando a los pacientes cubanos.

El proyecto está coordinado por Laura Mendoza, según un reportaje de la periodista Andrea Rodríguez para Associated Press (AP), publicado este domingo 11 de octubre. La agencia documentó cómo, los jueves y domingos al mediodía, Mendoza entrega los medicamentos que los beneficiarios han solicitado previamente. Entre los productos disponibles figuran antihistamínicos, diuréticos, gotas oftálmicas y antibióticos.

Donaciones, grupos de WhatsApp y entregas a quienes no pueden salir

Mendoza explicó a AP que el proyecto coordina cinco grupos de WhatsApp en La Habana y que incorporó otro en Guanabo. También estimó que en la capital existen alrededor de un centenar de iniciativas comunitarias similares, una cifra que corresponde a su apreciación y no a un registro oficial.

La red trabaja con el apoyo de Cáritas y recibe medicamentos procedentes de organizaciones humanitarias de Canadá y Estados Unidos, de viajeros y de vecinos que contribuyen con lo que tienen. De acuerdo con su responsable, las donaciones que recibe la iniciativa superan los 13 kilogramos semanales. Ese volumen describe el peso de los productos recibidos, no la cantidad de pacientes atendidos ni de tratamientos completos disponibles.

La colaboración también incluye entregas a personas que no pueden desplazarse por sus propios medios. Sin embargo, la solidaridad tiene límites: los fármacos que requieren refrigeración, determinados tratamientos contra el cáncer y materiales como jeringuillas, gasas o anestésicos se encuentran entre las necesidades más difíciles de cubrir, de acuerdo con los testimonios recogidos por AP.

El desabastecimiento que obliga a buscar alternativas

La existencia de estas redes refleja la pérdida de capacidad de las farmacias estatales para garantizar tratamientos habituales. El propio gobernante Miguel Díaz-Canel reconoció la gravedad del déficit de medicamentos en declaraciones difundidas el 7 de octubre. En agosto ya había admitido que solo estaba disponible alrededor del 30% del cuadro básico.

La escasez también alcanza a la fabricación nacional. AP recordó que la presidenta de BioCubaFarma, Mayda Mauri Pérez, informó en junio que no se habían producido cerca de 300 de los 395 medicamentos cuyo suministro correspondía a la empresa, por problemas con las materias primas importadas. En Ciego de Ávila, las autoridades sanitarias habían reconocido además una disponibilidad de apenas el 10% del cuadro básico en las farmacias estatales, afectada tanto por faltantes como por problemas de distribución.

La dificultad no es solo encontrar el producto, sino poder pagarlo cuando aparece fuera de los canales estatales. Una jubilada entrevistada por AP relató que vendedores informales le habían pedido hasta 1,000 pesos por una cantidad de medicamento que antes adquiría a un precio subsidiado muy inferior. Según su testimonio, ese importe supera el 30% de su pensión mensual. Se trata de su experiencia particular, no de un precio uniforme para todos los pacientes.

Las farmacias privadas siguen sin resolver la necesidad inmediata

En medio de la crisis, el régimen cubano habilitó la gestión privada de farmacias mediante el Decreto 160/2026, que entró en vigor en agosto. Pero permitir la actividad no equivale a que existan ya establecimientos autorizados y abastecidos al alcance de la población. Según datos del Ministerio de Salud Pública divulgados en septiembre, se examinaban 36 propuestas y 14 habían recibido aval para seguir tramitándose, sin que entonces hubiera abierto al público una farmacia bajo la nueva modalidad. El reportaje de AP del 11 de octubre también señala que su apertura seguía pendiente.

El nuevo modelo mantiene controles estatales sobre las importaciones, que deben pasar por Medicuba o Farmacuba, y exige autorizaciones sanitarias para vender medicamentos. Incluso cuando comiencen a operar los establecimientos, el precio seguirá siendo una preocupación para personas con ingresos muy bajos.

Mientras tanto, las entregas solidarias permiten aliviar necesidades concretas, pero dependen de donaciones irregulares y no pueden sustituir una red de farmacias con abastecimiento continuo y medicamentos asequibles. La ayuda de los voluntarios deja al descubierto una realidad que afecta directamente a miles de familias: conseguir un tratamiento básico se ha convertido en una búsqueda incierta.

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