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Síndrome de La Habana: libro apunta a Rusia y denuncia presunto encubrimiento en EE.UU.

Síndrome de La Habana y sospechas sobre Rusia. Creada con IA. Foto © CiberCuba / IA

Una investigación del diario británico The Guardian ha reavivado las sospechas sobre la posible participación de la inteligencia rusa en los episodios conocidos como síndrome de La Habana. El reportaje recoge nuevos testimonios, indicios relacionados con agentes rusos y datos sobre un supuesto dispositivo capaz de emitir microondas pulsadas. También examina las acusaciones de un presunto encubrimiento dentro del Gobierno de Estados Unidos, rechazadas por un exdirector de la CIA.

El trabajo periodístico, publicado el sábado 10 de octubre, se basa en entrevistas propias y en el acceso anticipado a The Havana Syndrome: Secret Weapons, a Government Cover-Up, and the Greatest Spy Mystery of Our Time, un libro de Michael Rey y Oriana Zill de Granados, productores del programa 60 Minutes, de CBS, con prólogo del periodista Scott Pelley. La editorial Crown tiene previsto publicarlo el martes 13 de octubre en Estados Unidos.

Sus autores plantean que Rusia pudo estar detrás de una parte de los incidentes sufridos por diplomáticos y funcionarios estadounidenses, y cuestionan cómo respondieron las agencias de inteligencia. Sin embargo, ni la autoría rusa ni la utilización de un arma en esos episodios han sido demostradas de forma concluyente.

La pista rusa: agentes, desplazamientos y un posible vínculo con Cuba

Una de las líneas de investigación señaladas por el periódico apunta a la Unidad 29155 del GRU, el servicio de inteligencia militar ruso, relacionada con operaciones clandestinas en otros países. El periodista de investigación Christo Grozev aseguró que los datos de viajes filtrados permiten identificar al menos cuatro posibles coincidencias entre desplazamientos de integrantes de esa unidad y lugares donde se denunciaron incidentes anómalos de salud.

Grozev también afirmó haber rastreado viajes a Cuba de personas vinculadas a lo que describió como una posible unidad técnica próxima a la 29155, durante el período en que surgieron las primeras denuncias en La Habana. Estas coincidencias no prueban por sí solas que los viajeros participaran en ataques ni que el régimen cubano conociera una supuesta operación.

El libro, según la reseña de The Guardian, describe asimismo una investigación interna de la CIA que habría localizado teléfonos asociados a agentes rusos cerca de algunos escenarios de incidentes en 2019. Uno de esos aparatos habría estado a unos diez metros de la habitación de hotel de un agente estadounidense en Londres. Se trata de afirmaciones atribuidas a fuentes de la obra, no de pruebas verificadas públicamente.

Los testimonios de agentes de la CIA que sufrieron síntomas graves

Uno de los relatos más llamativos corresponde a un alto funcionario de la CIA que trabajaba en operaciones relacionadas con Rusia. En abril de 2019, mientras estaba en Londres, despertó en su hotel con un intenso dolor de cabeza, sudoración, desorientación y pérdida de equilibrio. Al día siguiente tuvo dificultades para recordar los nombres de colegas con los que trabajaba habitualmente.

Meses después, durante otro viaje a Varsovia, sufrió un episodio similar y todavía más intenso. Describió la sensación como si alguien lo golpeara repetidamente en la cabeza con un bate de béisbol. Los síntomas persistentes afectaron su salud durante años. Su testimonio no permite determinar por sí mismo qué causó el episodio.

Otro caso es el de Marc Polymeropoulos, exalto cargo de la CIA, quien relató que comenzó a sufrir vértigo y fuertes dolores de cabeza tras una visita a Moscú en diciembre de 2017. En Estados Unidos le diagnosticaron posteriormente una lesión cerebral traumática leve y en 2023 se le reconoció el derecho a una compensación conforme a la Ley HAVANA. Ese reconocimiento tampoco identifica al causante de sus síntomas.

Un dispositivo de microondas adquirido por Estados Unidos

Uno de los elementos más novedosos del reportaje es la presunta adquisición por Estados Unidos, a finales de 2024, de un dispositivo portátil capaz de emitir microondas pulsadas. Dos fuentes confirmaron a The Guardian que el equipo fue obtenido en una operación encubierta y trasladado a territorio estadounidense para su estudio.

Una fuente entrevistada para el libro sostuvo que el aparato procedía de una red ilícita rusa. Según las informaciones recogidas por el diario, unas pruebas con animales habrían producido síntomas semejantes a los descritos en determinados incidentes anómalos de salud. Los detalles técnicos y los resultados completos de esos ensayos no se han divulgado de manera que permitan una evaluación independiente.

El periódico subraya que no se cree que ese aparato concreto haya sido utilizado en alguno de los casos denunciados. Su existencia, de confirmarse las características atribuidas, podría respaldar la viabilidad técnica de ciertas hipótesis, pero no demostraría quién provocó los incidentes de La Habana ni los ocurridos después en otros países.

El reportaje recuerda además una declaración desclasificada de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA), incorporada a una reclamación de compensación de 2014, que mencionaba información de inteligencia de 2012 sobre un posible sistema de microondas de gran potencia asociado a un país considerado hostil. Fuentes del diario identificaron a ese país como Rusia, aunque el documento no lo nombraba.

Qué dicen los científicos y por qué la CIA rechaza la acusación de encubrimiento

David Relman, profesor de Stanford que presidió un panel científico convocado por el Gobierno estadounidense en 2022, explicó a The Guardian que un grupo reducido de casos podría tener como explicación más plausible la exposición a energía de microondas pulsadas. El panel tuvo acceso a expedientes médicos y numerosos documentos clasificados, pero no tenía la misión de identificar a los presuntos responsables.

Relman considera que algunos cuadros clínicos presentan características difíciles de explicar por causas médicas o ambientales conocidas, aunque reconoció que muchos otros casos podrían deberse a factores distintos. Otros especialistas han cuestionado la hipótesis de un arma de energía dirigida y han planteado explicaciones ambientales, médicas o psicogénicas. El origen de los síntomas continúa siendo objeto de desacuerdo.

En 2023, una evaluación de la comunidad de inteligencia estadounidense concluyó que era muy improbable que adversarios extranjeros fueran responsables de los incidentes denunciados. En una revisión posterior, conocida a comienzos de 2025, cinco agencias conservaron una valoración semejante, mientras otra consideró que había una probabilidad aproximadamente equivalente de participación extranjera mediante un arma novedosa en un número reducido de casos.

Según el periódico británico, Tulsi Gabbard retiró este verano las evaluaciones anteriores, alegando fallos en el tratamiento de la información, pero sin presentar públicamente nuevas pruebas que atribuyeran los episodios a Rusia. Por su parte, Bill Burns, exdirector de la CIA, negó expresamente que la agencia hubiera encubierto el caso y defendió el rigor del trabajo de investigación realizado.

El interrogante sobre el régimen cubano

El nombre del síndrome procede de La Habana, donde en 2016 comenzaron a hacerse conocidas las denuncias de diplomáticos estadounidenses sobre sonidos extraños, presión, mareos y posteriores trastornos de salud. Los primeros reportes surgieron durante el acercamiento diplomático iniciado entre Washington y La Habana, un proceso que, según el reportaje, incomodaba a sectores duros del régimen cubano y a sus aliados en Moscú.

Las autoridades cubanas han negado reiteradamente su responsabilidad y han cuestionado las acusaciones estadounidenses. La hipótesis de que agentes de Rusia, uno de los principales aliados del régimen, hubieran operado en territorio cubano abre una pregunta de evidente relevancia política: ¿qué sabían las autoridades de La Habana? Hasta el momento, sin embargo, no hay pruebas públicas concluyentes que acrediten conocimiento, autorización o participación del régimen en un supuesto ataque.

El tema ya había reaparecido en informaciones publicadas por CiberCuba en marzo, mientras que el 5 de octubre el exasesor de Seguridad Nacional John Bolton cuestionó la investigación de Estados Unidos y Canadá sobre el posible papel de Rusia.

La publicación del nuevo libro devolverá el caso al debate internacional, diez años después de los primeros reportes en Cuba. Las revelaciones y los testimonios aportan nuevas pistas para investigar, pero aún no resuelven de manera definitiva qué causó los episodios ni quién, en su caso, fue responsable.

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Redacción de CiberCuba

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.


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