
Un banco conmemorativo fue instalado el sábado en el malecón del Santuario Nacional de la Ermita de la Caridad, en Miami, como nuevo lugar permanente de memoria para las 37 víctimas del hundimiento del remolcador «13 de Marzo» y para todos los cubanos que han perdido la vida en el Estrecho de la Florida.
El acto, convocado por la Fundación para la Democracia Panamericana, Patria de Martí y The CubanAmerican Voice, reunió a miembros de la comunidad cubana en el exilio en una ceremonia solemne que combinó evocación histórica, simbolismo religioso y actos comunitarios frente a la Bahía de Biscayne.
El periodista José Luis Ramos, de Radio Martí, leyó en voz alta los nombres y edades de cada una de las 37 víctimas —entre ellas 10 niños— y pidió un momento de silencio por todos los cubanos fallecidos en el mar. Omar Vento ofreció una reseña histórica del suceso basada en el libro de Jorge García sobre el hundimiento, detallando la cronología desde la planificación hasta el ataque.
La comunicadora Ninoska Pérez Castellón narró cómo llegaron las primeras noticias de la tragedia a Miami y el impacto que provocaron en el exilio. Por su parte, Julio M. Shiling, director de Patria de Martí, vinculó la fecha —el 158.º aniversario del Grito de Yara— con el deber de preservar la memoria histórica. «El Grito de Yara nos identifica a los cubanos y también estamos identificados con las víctimas del Remolcador 13 de marzo; es parte de nuestra identidad», afirmó.
Rosa María Payá, directora ejecutiva de la Fundación para la Democracia Panamericana y comisionada de la CIDH, agradeció a sobrevivientes y familiares «el coraje que tuvieron desde el primer momento para denunciar un crimen tan horrendo» y leyó palabras que su padre, el fallecido líder opositor Oswaldo Payá Sardiñas, escribió tras visitar a los sobrevivientes en julio de 1994. En ese texto, Payá describía cómo «mujeres con niños en brazos suplicaban piedad, pero la respuesta de sus captores fue proyectar contra ellos cañones de agua a gran potencia».
El padre Ángel Andrés González bendijo el banco con palabras que resumieron el sentido del monumento: «Con la bendición de este banco dedicamos un lugar a la memoria, al silencio, a la oración y a la esperanza. Quienes se sienten aquí mirarán el mar, ese mismo mar que un día contemplaron tantos cubanos soñando con alcanzar una vida en libertad».
Como gesto simbólico, los asistentes colocaron junto al muro del malecón dos ramos de 19 girasoles cada uno —37 flores por las víctimas del remolcador y una adicional por todos los balseros fallecidos en el mar— antes de trasladarlos al interior del templo y participar en una misa de réquiem.
El banco se convierte así en el segundo monumento de este tipo instalado en la Ermita en 2026: en febrero pasado se develó allí otro banco dedicado a Oswaldo Payá Sardiñas, con la inscripción «La única opción del pueblo es la libertad».
El remolcador «13 de Marzo» zarpó del puerto de La Habana en la madrugada del 13 de julio de 1994 con 68 personas a bordo que buscaban huir hacia Estados Unidos. Según testimonios coincidentes de los sobrevivientes, embarcaciones del Estado cubano lo embistieron sistemáticamente y emplearon mangueras de agua a alta presión hasta provocar su hundimiento a unas siete millas de la costa habanera. La CIDH calificó el hecho como un ataque intencional en su Informe n.º 47/96; el régimen cubano lo ha sostenido históricamente como un accidente naviero. El caso permanece impune más de 32 años después.
«Que muy pronto podamos decir, en Cuba y en el exilio, nunca más», escribió Oswaldo Payá en 1994. Sus palabras, leídas este sábado ante el banco recién develado, cerraron una ceremonia que el exilio cubano convirtió en un acto de memoria viva.
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