
La periodista cubana que se identifica en redes como María Teresa, residente fuera de Cuba, publicó en Facebook el viernes imágenes de sus abuelos, de casi 80 años, limpiando el basurero acumulado frente a la iglesia de Santa Ana, en el centro histórico de Camagüey, porque el régimen de la isla no presta el servicio de recogida de residuos.
«Estos son mis abuelos, con casi 80 años, limpiando el basurero de la esquina de la iglesia de Santa Ana, en Camagüey, porque el Gobierno no lo hace», escribió la autora. Varios comentaristas identificaron a la pareja de ancianos como Gilda y Enriquito.
María Teresa convirtió su dolor en una denuncia directa: «Se les fueron los hijos y los nietos. Se les fueron los amigos. Cargan con toda la basura de ese sistema, en el sentido literal y metafórico». Luego exigió lo que considera una obligación elemental del Estado: «La recogida de basura es un servicio público esencial que tiene que garantizar el Gobierno. PARA ESO ESTÁN AHÍ. En ningún país libre y democrático ustedes durarían un día más en el poder».
Advirtió además que el esfuerzo de sus abuelos será en vano: «En poco tiempo el basurero volverá a aparecer. La gente tirará animales muertos, escombros y todo tipo de desechos. […] Irán a recogerla cuando les dé la gana, si van». Y cerró con una imagen que resume la tragedia de miles de familias cubanas: «[…] Cuba es un Estado fallido donde El Cangrejo [Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro] usa prendas Hermès y negocia el país que le regaló su abuelo, mientras los míos tienen que secarse el sudor después de limpiar el basurero de la esquina, darse la mano y regresar a una casa que les queda cada vez más inmensa, para soportar otra hora más de apagón y de soledad».
El episodio no es aislado. Camagüey arrastra una crisis prolongada de gestión de residuos: según estimaciones vinculadas a la empresa municipal, solo se recoge entre el 35% y el 40% de los residuos generados, dejando entre 77 y 143 toneladas diarias sin recoger de un total de aproximadamente 220 toneladas.
En julio, un basurero en la calle Las Palmas se incendió de madrugada provocando explosiones. En agosto, una residente de la calle Camujiro denunció dos meses sin recogida. En septiembre, el colapso del servicio estatal ha siguió inundando de desechos el centro histórico, declarado Patrimonio de la UNESCO.
Los comentarios a la publicación reflejaron indignación y preocupación por la salud de los ancianos. «Es increíble a lo que están sometidos quienes se quedan en este país. Sobretodo los ancianos», escribió un internauta. Otro advirtió sobre los riesgos sanitarios: «Si tenerla alrededor es malo, recogerla es peor, se exponen a muchas enfermedades, no deben hacerlo». Una tercera voz resumió el sentir general: «Es terrible lo que se vive».
El drama de estos abuelos refleja además el abandono institucional que sufren los adultos mayores en Cuba. Al cierre de 2025, 2.519.823 cubanos —el 26,7 % de la población— tenían 60 años o más, según cifras oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI). Ya en 2022, el 17,4 % de los adultos mayores vivía solo, una proporción que especialistas consideran que podría haber aumentado debido a la emigración masiva. Solo en 2025, Cuba registró un saldo migratorio negativo de 245.264 personas, un éxodo que ha debilitado las redes familiares de apoyo a los ancianos.
Una encuesta realizada entre septiembre y octubre de 2025 por la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC) y la Asociación Cubana de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (ACTAE), entre 506 jubilados de cinco provincias, reveló que el 99 % de los participantes consideraba insuficiente su pensión para cubrir necesidades básicas y el 90,7 % continuaba trabajando después de jubilarse.
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