
La capital pinareña atraviesa una crisis hídrica de proporciones alarmantes: siete equipos de bombeo averiados en sus tres conductoras principales, combinados con apagones que se extienden más de 16 horas diarias, han dejado a la ciudad prácticamente sin agua potable, con comunidades que acumulan entre 67 días y más de tres meses sin recibir suministro por tubería.
Roberto Capote Amador, jefe de Operaciones de la Unidad Empresarial de Base de Acueducto y Alcantarillado del municipio, reconoció la gravedad del escenario en declaraciones a Radio Guamá el sábado: «Se mantiene la situación con el abasto de agua a la ciudad de Pinar del Río muy tensa. Se mantienen aún los mismos equipos rotos: dos en la conductora de 20 pulgadas, tres en la conductora de 30 y dos en la conductora de 36».
La conductora de 30 pulgadas —columna vertebral del sistema que abastece a más del 60% de la población— opera apenas con la mitad de sus equipos, lo que reduce drásticamente las presiones de bombeo hacia las zonas altas de la ciudad.
El sector conocido como Anillo 1 ilustra la paradoja del colapso: hay agua acumulada, pero no puede distribuirse por falta de electricidad. «Prácticamente no se bombea por la falta de energía; el equipo está llegando a un nivel de agua que se le pudiera dar a algunas zonas, y sin embargo no se ha podido ir por la situación de la corriente», explicó Capote Amador.
Las estaciones de bombeo permanecieron sin energía desde las 4:00 p.m. hasta las 8:30 a.m. del día siguiente durante dos jornadas consecutivas, afectando por igual a las tres conductoras. La presa Guamá, otra fuente clave del sistema, también está paralizada por los apagones y presenta además una avería en su salida.
La distribución alternativa mediante camiones cisterna no ofrece alivio real a los vecinos. Capote Amador confirmó que el combustible disponible «solamente alcanza para darle a los hospitales, fundamentalmente»: el Hospital Pediátrico, el Psiquiátrico, el Hogar de Ancianos Cuatro Viñales, el Tercer Congreso y el Abel Santamaría reciben prioridad, mientras las zonas residenciales quedan sin cobertura.
Esta situación no es nueva. Vecinos de la Calle Real de Pinar del Río denunciaron más de 50 días sin agua a comienzos de octubre, y zonas aledañas al hospital pediátrico reportaron hasta 75 días de corte. Al cierre de septiembre, unas 159,171 personas en la provincia sufrían afectaciones en el abastecimiento, y ninguna cabecera municipal contaba con estaciones de bombeo protegidas eléctricamente.
El Partido Comunista reconoció en septiembre que los mismos problemas se repetían sin solución sostenida, mientras el déficit eléctrico nacional el sábado superó los 2,042 MW, con una disponibilidad de apenas 758 MW frente a una demanda de 2,800 MW.
El colapso pinareño es un reflejo amplificado de una crisis nacional: el propio régimen admitió que 2.7 millones de cubanos —aproximadamente el 35% de la población conectada a redes estatales— sufren afectaciones en el acceso al agua potable, según datos del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos difundidos por la agencia EFE.
Las autoridades no ofrecieron cronograma de reparación ni soluciones concretas. Capote Amador resumió la situación con una frase que retrata la impotencia institucional: «Estamos esperando alguna respuesta, a ver si va a tener alguna mejoría la situación eléctrica. No sabemos todavía si se incorpora algún equipo de bombeo».
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