«Que hasta para lavarse la cara haya que competir por los recursos» en Cuba, se duele escritor holguinero

El acceso al agua es una angustia cotidiana en Cuba © Facebook / José Poveda Cruz
El acceso al agua es una angustia cotidiana en Cuba Foto © Facebook / José Poveda Cruz

El escritor holguinero José Poveda Cruz publicó este domingo en Facebook un texto titulado «La filosofía del chorrito», una crónica de ironía filosófica que retrata con precisión la crisis de agua, electricidad y dinero que padece la población cubana.

El relato arranca con una imagen que condensa el absurdo cotidiano de la Isla: tras veintiocho días sin agua, llegó a su casa «un tímido chorrito» que desapareció en cuanto comenzaron las tres horas de corriente eléctrica diaria que recibe su zona de Holguín.

«Entonces los vecinos que tienen bombas comenzaron a chupar agua y mi pobre chorrito desapareció», escribe Poveda Cruz, antes de formularse una pregunta que, según él, «ningún filósofo había previsto»: «¿De qué sirve que el agua llegue a mi casa si otros tienen la fuerza necesaria para llevársela antes de que pueda llenar un cubo?»

La conclusión que extrae el escritor resume el drama de millones de cubanos: «Lo extraordinario es que hasta para lavarse la cara haya que competir por los recursos, como si la supervivencia fuera una olimpiada y cada familia tuviera que ganarse su medalla».

El fenómeno que describe no es anecdótico. Las bombas succionadoras —conocidas popularmente como «ladrones de agua»— se venden en el mercado informal cubano por decenas de miles de pesos, y cuando varios vecinos las conectan simultáneamente durante las escasas horas de corriente, reducen la presión en la red para quienes no disponen de esos equipos, generando exactamente la competencia desigual que Poveda Cruz narra.

El problema estructural es aún más profundo: más del 80% del sistema cubano de abastecimiento de agua depende de la electricidad, de modo que cada apagón equivale a un corte de agua simultáneo.

En Holguín, la situación es especialmente grave. Algunas zonas acumularon entre 70 y 90 días sin servicio a lo largo de 2026, y más de 200,000 habitantes enfrentaban ciclos de suministro superiores a siete días. El principal hospital provincial, el clínico-quirúrgico Lucía Íñiguez Landín, fue reportado sin agua potable en septiembre, obligando a familiares de pacientes a caminar casi un kilómetro hasta un pozo particular.

A escala nacional, el propio régimen admitió en octubre que 2,7 millones de personas sufrían afectaciones totales o parciales del vital suministro.

El texto de Poveda Cruz también apunta a la crisis eléctrica que subyace a todo lo anterior. Déficits diarios de generación que pueden superar los 2,000 MV y ocho colapsos totales del Sistema Eléctrico Nacional en lo que va de año lo ilustran sobradamente.

A la escasez de agua y los apagones, el escritor suma una tercera calamidad: la imposibilidad de retirar el salario de los cajeros automáticos. «Lo depositan puntualmente en una tarjeta magnética, pero después resulta imposible sacarlo de los cajeros. No desaparece ni se gasta: permanece en algún limbo electrónico mientras su dueño contempla cómo transcurre el mes. […] Uno termina preguntándose si cobra un salario o si recibe periódicamente la noticia de que tiene dinero», escribe.

La precariedad de la infraestructura bancaria cubana se refleja en cifras documentadas desde hace años. En 2023, autoridades del sector reconocieron que 100 de los 168 municipios del país carecían de cajeros automáticos. La situación también afecta a La Habana, donde más de la mitad de estos equipos estaban fuera de servicio en mayo de 2026, según informaciones periodísticas.

Esta publicación se inscribe en una serie de textos que Poveda Cruz ha dedicado a la crisis cubana a lo largo del año. En julio describió cómo las necesidades más elementales parecen artículos de lujo, con datos concretos de ese momento: carbón a 2,500 pesos el saco, arroz y frijoles a 400 pesos la libra, aceite a 2,200 pesos el litro...

En septiembre, el escritor publicó «Manual para encender el carbón», sobre la regresión civilizatoria de depender del fogón artesanal tras la suspensión indefinida del gas licuado en las provincias orientales meses antes.

Poveda Cruz desliza casi al cierre de su crónica una imagen que mezcla resignación y humor: «Sospecho que, si Aristóteles viviera hoy en Holguín, dejaría para más tarde sus investigaciones sobre las causas primeras y se pasaría la mañana averiguando cuándo vuelve el agua».

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