Este lunes, en la tarde, aproximadamente a la una y treinta, cuando entrábamos al salón de Naciones Unidas, en Nueva York, donde tendría lugar el evento «Cuba Libre: la opresión que La Habana oculta», organizado por el embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, la representación del régimen cubano demostró una vez más la verdadera naturaleza de esa criminal tiranía.
El representante de la dictadura, Ernesto Soberón Guzmán, y otros integrantes de su delegación protagonizaron un vergonzoso mitin de repudio contra María Werlau, Luis Manuel Otero Alcántara, Emilio Morales y Orlando Gutiérrez-Boronat, quien suscribe y otros invitados cubanos, así como contra el embajador Mike Waltz y la representación estadounidense.
Los gritos, insultos y acusaciones de aquellos diplomáticos constituyeron una demostración de intolerancia, agresividad y pésima educación. Su comportamiento histérico recordó los mítines de repudio organizados durante décadas por la policía política castrista.
Si así actúan sus diplomáticos ante cámaras, periodistas y representantes extranjeros, imaginemos cómo tratan a los ciudadanos indefensos dentro de Cuba.
El espectáculo tuvo amplia repercusión en redes sociales y medios internacionales, entre ellos Reuters, Associated Press, EFE, Martí Noticias, CiberCuba, CubaNet y ADN Cuba. Lejos de intimidarnos, permitió mostrar al mundo la verdadera naturaleza del régimen. La que siempre tratan de ocultar.
Durante el encuentro, Mike Waltz denunció la represión y los privilegios de la élite gobernante.
María Werlau expuso los mecanismos de explotación laboral y control sobre los profesionales cubanos enviados al extranjero, especialmente médicos.
Luis Manuel Otero Alcántara denunció la persecución contra los artistas independientes, recordó a Maykel Osorbo y defendió las libertades de expresión y creación.
El economista Emilio Morales explicó cómo el conglomerado militar GAESA concentra enormes recursos económicos mientras millones de cubanos padecen hambre, apagones y privaciones.
Por mi parte, denuncié las torturas, golpizas, amenazas y condiciones infrahumanas que sufrimos los presos políticos cubanos. También expliqué cómo la dictadura utiliza los votos favorables a su resolución sobre las sanciones estadounidenses para hacer creer a nuestro pueblo que el mundo respalda al Partido Comunista.
Nuestra petición fue clara: que los países libres y democráticos voten NO a la resolución castrista los próximos 27 y 28 de octubre o, cuanto menos, se abstengan.
Pedimos mantener la presión política y las sanciones dirigidas contra los responsables de la represión, acompañándolas de ayuda humanitaria canalizada mediante iglesias y organizaciones independientes.
Ser solidario con Cuba significa respaldar a su pueblo, no fortalecer a sus opresores.
También intervino la representación de Ucrania, que denunció el reclutamiento de ciudadanos cubanos para combatir en el ejército ruso durante la agresión contra su país. Una denuncia que evidencia las consecuencias de la estrecha alianza entre La Habana y Moscú.
La jornada provocó la airada reacción del canciller Bruno Rodríguez Parrilla, quien lanzó graves acusaciones contra Orlando Gutiérrez-Boronat.
Esto merece una reflexión. Quienes se proclaman opositores anticomunistas, pero acostumbran a difamar y atacar a otros opositores, deberían medir cuidadosamente sus palabras. Cuando sus acusaciones coinciden con las calumnias del canciller de la tiranía, corren el riesgo de que se les vea demasiado sospechosos.
Considero a Orlando Gutiérrez-Boronat, como a los demás compatriotas presentes, personas honestas y comprometidas con la libertad, la democracia y la prosperidad de Cuba.
Mientras los representantes del régimen protagonizaban su vergonzoso espectáculo en Nueva York, en Miami se anunciaba una orden judicial de arresto contra Raúl Castro, relacionada con el asesinato de cuatro pilotos de Hermanos al Rescate el 24 de febrero de 1996.
Aquella noticia fue celebrada por numerosos exiliados cubanos y representó otro paso importante en la exigencia de justicia frente a décadas de impunidad.
La reacción de Moscú tampoco se hizo esperar. El Ministerio de Exteriores ruso rechazó la orden contra Raúl Castro, mostrando nuevamente la solidaridad existente entre dos regímenes autoritarios enemigos de Occidente.
El castrismo enfrenta, además, un panorama internacional cada vez más complicado. Una eventual derrota de Lula da Silva frente a Flávio Bolsonaro en las elecciones brasileñas del próximo 25 de octubre debilitaría significativamente sus apoyos regionales, donde destacan los gobiernos de Claudia Sheinbaum en México y del Frente Amplio en Uruguay.
Mientras tanto, aumentan los cuestionamientos europeos y estadounidenses a la represión, y el pueblo cubano continúa manifestando su descontento frente al hambre, los apagones, la miseria y la ausencia de libertades.
La tiranía mantiene estrechas relaciones con Rusia, China, Irán, Corea del Norte, Bielorrusia y otras dictaduras. Pero esas alianzas no pueden ocultar su fracaso económico, su aislamiento político ni su responsabilidad en el sufrimiento nacional.
Lo sucedido ayer en Naciones Unidas demostró que la dictadura teme a la verdad. Por eso grita, amenaza e insulta cuando no puede refutar nuestros argumentos.La crisis del régimen se profundiza y crecen las posibilidades de que pronto se inicie una verdadera transición democrática en nuestra patria.
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