Una cubana mostró cómo consigue ganarse la vida en la isla sin recibir remesas del extranjero, gracias a un pequeño merendero en el que vende los alimentos que logra conseguir. Su testimonio refleja el esfuerzo diario que supone mantener un negocio propio en medio de los apagones y las dificultades económicas del país.
«¿Cómo sobrevivo en Cuba? Muchas personas me preguntan gracias a qué sobrevivo en Cuba y a que yo no tengo ningún familiar de Estados Unidos que me mande nada», explica la mujer en un video compartido en TikTok.
La respuesta está en su emprendimiento: «Este es mi negocio, un merendero donde vendo de todo lo que yo me encuentre que se pueda vender, que sea comestible».
En la grabación, publicada a comienzos de octubre, la cubana muestra parte de su rutina, que incluye salir a buscar mercancías, organizar los productos y atender a los clientes. También tiene que lidiar con los constantes cortes de electricidad, que dificultan la conservación de los alimentos.
«Mi tarde fue salir a buscar cosas y después vine a arreglar la nevera que había que limpiarla porque saben, con estos apagones se van descongelando», relata.
Mientras limpia y organiza el local, continúa atendiendo a quienes llegan a comprar, porque, como ella misma asegura, «el negocio no puede parar».
Su experiencia coincide con las dificultades que enfrentan numerosos cubanos para cubrir sus necesidades básicas. Según una encuesta realizada entre febrero y marzo de 2026, el 86,6 % de los participantes afirmó que debía recurrir a alguna actividad informal para evitar pasar hambre, mientras que el 64,2 % no había recibido ayuda económica del exterior durante el mes anterior.
Los apagones representan otro desafío para los pequeños negocios de alimentación. La falta de electricidad puede provocar pérdidas de mercancías, como ocurrió con una panadería habanera que perdió una producción valorada en 15.000 pesos cubanos debido a un corte eléctrico.
A pesar de las dificultades, la protagonista asegura que su merendero le permite mantenerse económicamente sin depender del dinero enviado desde el extranjero.
«Gracias a ese negocio es que yo me sustento y puedo tener un nivel de vida más o menos aceptable viviendo en Cuba», concluye.
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