El líder opositor cubano José Daniel Ferrer lanzó un desafío cargado de determinación durante una entrevista con Tania Costa al hacer balance de su primer año en el exilio: si alguien le demuestra que su trabajo no vale la pena, está dispuesto a regresar a Cuba en lancha, asumiendo que probablemente sería su final en las cárceles del régimen.
«Si alguien me dice hoy está perdiendo el tiempo, nada de lo que ha hecho vale la pena, me estoy regresando, me acomplejo de inmediato, y no como los chancleteros del régimen en la ONU que ya han acomplejado ayer. Me acomplejo inmediato y me voy para Cuba sabiendo que posiblemente sea mi final en las cárceles del régimen», afirmó el fundador de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU).
La declaración llegó un día después del incidente en la ONU del 19 de octubre, cuando diplomáticos cubanos encabezados por el embajador Ernesto Soberón Guzmán intentaron boicotear el foro «Cuba Libre: la opresión que La Habana oculta» con gritos de «terroristas» y «mentirosos» contra Ferrer y el artista Luis Manuel Otero Alcántara.
Lejos de amedrentarse, Ferrer presentó un balance que calificó de positivo: viajes a 13 capitales europeas, gestiones en Washington y un trabajo diario de apoyo a presos políticos y sus familias desde el exilio.
«Hemos avanzado en relaciones internacionales. Estamos mejorando con la cuestión de los presos políticos y estamos levantando un nivel de activismo dentro de Cuba. Uno discreto, clandestino, graffiti, vallas manchadas, hogueras nocturnas, siempre asegurándonos que nadie corra peligro. Le llamamos hogueras libertarias, hogueras por la libertad», describió.
El opositor también reveló una red de asistencia médica clandestina: «Estamos incluso tratando con médicos, personal médico que no quieren protagonismo público, pero le estamos diciendo: si le mandamos a un paciente, lo atiende y nos dice qué tiene y qué medicina necesita, y le mandamos la medicina».
Uno de los obstáculos más persistentes que enfrenta desde el exterior es convencer a las familias de presos políticos de aceptar ayuda. Según relató, el régimen les promete que sus familiares estarán mejor en prisión si no reciben asistencia exterior, lo que lleva a muchas familias a rechazar el contacto inicialmente.
«A veces ya he perdido la paciencia. Le he dicho no te llamo más. Ya es imposible. Y a los tres meses me ha llamado y me ha mandado el video», contó, subrayando que con el tiempo la mayoría termina «tomando conciencia».
Ferrer también trabaja desde el exilio con iniciativas como Cuba Decide, Camino a la Democracia y la Asamblea de la Resistencia Cubana. Al día siguiente del incidente en la ONU, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla lo calificó de «convicto sancionado» en una conferencia de prensa en La Habana, a lo que Ferrer respondió con su característica ironía en la entrevista.
Para el opositor, la reacción del régimen es en sí misma una confirmación de que el trabajo rinde frutos: «Ellos sí saben, ellos sí saben el daño que le produce a su régimen nuestras humildes gestiones y labores. Por lo tanto, ellos sí van a evaluar hasta dónde el castigo».
El contexto de estas declaraciones es la reacción histérica del régimen ante el foro en la ONU, que se produce a días de la votación anual de la Asamblea General sobre el embargo, prevista para el 27 y 28 de octubre, en un momento en que el respaldo internacional a la resolución cubana ha caído de 187 votos en 2024 a 136 en una sesión extraordinaria celebrada en julio de este año.
«La verdad no se puede defender un día un ratico. Tiene que defenderla todo el tiempo porque la mentira está trabajando sin descanso las 24 horas del día», concluyó Ferrer.
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