
El próximo lunes 26 de octubre el Instituto de Literatura Hispanoamericana (ILH) de la Universidad de Buenos Aires acogerá la proyección de cortos restaurados del cineasta cubano Nicolás Guillén Landrián, perseguido, encarcelado e internado en hospitales psiquiátricos por el régimen cubano hasta su exilio definitivo en Miami.
El evento, enmarcado en el ciclo La.R (Latinoamericanistas en Red) y organizado por el Grupo de Estudios Caribeños del ILH, tendrá lugar a las 18:00 horas en la Sala Ángel Rama, ubicada en 25 de Mayo 221, piso 3, en la ciudad de Buenos Aires.
La presentación estará a cargo del ensayista y profesor puertorriqueño Julio Ramos (Río Piedras, 1957), y el acto incluirá un diálogo con el escritor cubano Marcial Gala, residente en Buenos Aires desde hace varios años.
Ramos es una de las voces académicas más autorizadas sobre la obra de Guillén Landrián: codirigió junto a Raydel Araoz el documental Retornar a La Habana con Guillén Landrián (2013) y coeditó, junto a Dylon Robbins, el libro Guillén Landrián o el desconcierto fílmico, publicado por Almenara Editores en 2019.
Nicolás Marcial Guillén Landrián nació en Camagüey el 30 de junio de 1938 y murió en Miami el 21 de julio de 2003. Sobrino del poeta nacional cubano Nicolás Guillén, trabajó en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) entre 1962 y 1972, donde realizó alrededor de veinte cortometrajes documentales.
La Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano lo describe como «uno de los documentalistas más importantes e irreverentes del cine latinoamericano, que, sin embargo, luego de ser expulsado del ICAIC en 1973 por razones ideológicas, permaneció en las sombras. Conoció la prisión en varias ocasiones, acusado de 'peligrosidad' y 'diversionismo ideológico', así como diversos ingresos en hospitales psiquiátricos».
Una de sus obras más célebres, Coffea Arábiga (1968), transformó un encargo propagandístico sobre el cultivo del café en el Cordón de La Habana en una pieza de montaje experimental. El documental incorporó la canción «The Fool on the Hill», de The Beatles, en una secuencia que mostraba a Fidel Castro ascendiendo a una tribuna, una asociación que provocó malestar entre determinados espectadores oficiales y contribuyó a las controversias que rodearon la película y su posterior censura.
El propio Guillén Landrián dejó constancia de la marginación que sufrió en el ICAIC: «Fui humillado y proscrito durante toda mi permanencia en el ICAIC y censuraron mi cine —decían— debido a mi comportamiento social».
Tras ser expulsado del ICAIC, Guillén Landrián fue recluido en el pabellón Carbó-Serviá del Hospital Psiquiátrico de La Habana —conocido como Mazorra— por solicitud de la Seguridad del Estado, donde recibió tratamientos electroconvulsivos. Partió al exilio en 1989 y no regresó a Cuba.
Su filmografía, relegada durante décadas, comenzó a recuperar visibilidad desde finales de los años noventa, en un proceso que cobró especial impulso a partir de 2000, cuando Ociel del Toa (1965) y Coffea Arábiga (1968) fueron proyectados en la primera Muestra Nacional del Audiovisual Joven del ICAIC, celebrada en La Habana. Las siguientes ediciones del evento continuaron rescatando sus documentales y acercándolos a nuevas generaciones de cineastas.
Años después, los trabajos de recuperación y restauración permitieron una renovada circulación internacional de su obra, incluidos los cortometrajes En un barrio viejo (1963), Ociel del Toa (1965), Los del baile (1965), Coffea Arábiga (1968) y Taller de Línea y 18 (1971), exhibidos en festivales y retrospectivas internacionales.
Sin embargo, esa recuperación no ha estado exenta de tensiones. En diciembre de 2023, durante la presentación del documental Landrián —dirigido por Ernesto Daranas— en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, el propio Daranas denunció públicamente la persistencia de la censura en Cuba: «El verdadero problema no ha estado nunca en nuestras películas, sino en la realidad a la que se deben. […] Por eso persiste la censura. Por eso el derecho al disenso es criminalizado».
Meses después, en febrero de 2025, la periodista cubana Yania Suárez fue expulsada de la Fundación Ludwig de La Habana tras cuestionar, durante el debate de ese mismo documental, las omisiones sobre el posible vínculo de Guillén Landrián con el Comité Cubano Pro Derechos Humanos y su participación en la Primera Exposición de Arte Disidente de 1988.
Suárez denunció que el «rescate» oficial del cineasta ha sido conducido por el propio ICAIC —la institución que lo persiguió— para hacerlo compatible con la narrativa del régimen, borrando su dimensión disidente.
Ese debate sobre la memoria selectiva del cineasta podría ser el telón de fondo del evento académico en Buenos Aires, donde sus cortos restaurados llegarán a un público latinoamericano más de dos décadas después de su muerte.
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