
El presidente estadounidense Donald Trump se pronunció este domingo sobre la segunda vuelta presidencial en Brasil con una frase que evitó comprometerse con ninguno de los dos candidatos: «No quiero entrar en ese asunto, pero estamos observando», declaró ante periodistas en la Casa Blanca.
La declaración se produjo el mismo día en que más de 158 millones de electores brasileños estaban llamados a decidir entre el presidente en ejercicio Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal, en un balotaje que las encuestas describían como un empate técnico.
Las últimas mediciones de Datafolha y Quaest antes de la votación otorgaban a Flávio Bolsonaro el 51% frente al 49% de Lula, con un margen de error de dos puntos porcentuales.
Aunque Trump no respaldó formalmente a ningún candidato este domingo, su seguimiento del proceso electoral brasileño ha sido explícito desde semanas atrás.
A comienzos de octubre, el mandatario estadounidense afirmó que seguía las elecciones «muy de cerca» y las calificó de «muy importantes».
Tras la primera vuelta del 4 de octubre, en la que Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,06% de los votos frente al 45,13% de Lula —una diferencia de aproximadamente 2,3 millones de sufragios—, Trump calificó el resultado de «gran victoria» para el candidato bolsonarista y anticipó que el balotaje sería «muy reñido».
Al día siguiente, publicó en Truth Social elogiando la rapidez del sistema de urnas electrónicas brasileño —vigente desde la década de 1990— y calificó de «corrupto» el sistema electoral de su propio país.
El vínculo entre Trump y el bolsonarismo tiene antecedentes concretos: Flávio Bolsonaro visitó la Casa Blanca y se reunió con Trump el 26 de mayo de 2026, un gesto inusual para un senador extranjero sin cargo de jefe de Estado, y prometió integrar a Brasil al denominado «Escudo de las Américas» si ganaba la presidencia.
Flávio es hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado en septiembre de 2025 a 27 años y tres meses de prisión por el Supremo Tribunal Federal de Brasil por liderar un intento de golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022 frente a Lula.
La relación entre Washington y Brasilia atraviesa su peor momento en años.
En julio de 2026, EE.UU. impuso aranceles del 25% sobre productos brasileños bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio, a los que se sumó un gravamen adicional del 12,5% por supuestas deficiencias en el control del trabajo forzoso, elevando la carga arancelaria acumulada al 37,5%.
El gobierno de Lula calificó la medida de «hito lamentable» y el propio mandatario advirtió a Trump que no interviniera en el proceso electoral: «Los ciudadanos eligieron a Trump para gobernar Estados Unidos, no para imponer su voluntad en Brasil», señaló.
Un día antes del balotaje, Reuters informó que funcionarios y exfuncionarios estadounidenses describieron una campaña dentro del Departamento de Estado para favorecer al clan Bolsonaro mediante presión diplomática y sanciones económicas, aunque Washington negó cualquier intento de interferencia electoral.
Al cierre de las fuentes consultadas, el resultado oficial de la segunda vuelta aún no había sido declarado.
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