
El secretario de Estado Marco Rubio publicó este martes en X una infografía satelital de Cayo Piedra, la isla privada de la familia Castro al sur de Cuba, con el texto «Isla privada del régimen corrupto en Cuba», amplificando así la ofensiva diplomática que el embajador estadounidense ante la ONU, Michael Waltz, había desplegado horas antes ante la Asamblea General.
La infografía difundida por Rubio, titulada «Castro's Cay», señala con detalle cada instalación del enclave: la casa principal de Castro, una casa de huéspedes, piscina, helipuerto, muelle, restaurante flotante, un recinto para delfines y, en la zona norte, un lanzador de misiles.
Waltz había publicado ese mismo día un video de 41 segundos en su cuenta oficial describiendo el lugar con ironía: «¿Por qué conformarse con mansiones junto al mar cuando puedes tener tu propia isla privada? Así es, la familia Castro tiene su propia isla privada, Cayo Piedra: marina privada, un yate, un restaurante flotante, alojamientos lujosos para invitados, una piscina, incluso una laguna para delfines como mascotas».
El embajador añadió que el régimen posee además otra isla con animales exóticos, y resumió la contradicción central en su cuenta: «La corrupción del régimen cubano es asombrosa: se relajan en su isla privada mientras su pueblo no tiene qué comer ni electricidad».
Cayo Piedra se encuentra aproximadamente 15 kilómetros al sur de la Bahía de Cochinos, en la costa meridional de Matanzas. Sus instalaciones fueron construidas principalmente en la década de 1970 bajo la dirección de Osmany Cienfuegos, y su existencia permaneció oculta para la mayoría de los cubanos durante décadas.
La principal fuente documental sobre el enclave es el libro del exguardaespaldas Juan Reinaldo Sánchez, quien protegió a Castro durante 17 años y describió cómo el líder cubano conoció el lugar tras la invasión de Playa Girón, en 1961, convirtiéndolo en su refugio privado de verano. Según ese testimonio, entre los visitantes ilustres que frecuentaron el cayo figuraron Gabriel García Márquez, Barbara Walters y Ted Turner.
La exhibición de Cayo Piedra formó parte de una ofensiva diplomática más amplia de Washington ante la ONU, en la que Waltz mostró también imágenes de los dos relojes Rolex de Fidel Castro —valorados en 40,000 dólares, equivalentes a 55 años de salario promedio cubano—, un retiro de playa en Varadero de 14,000 metros cuadrados y un yate de 50 metros navegando por el Mediterráneo.
Waltz confrontó directamente la narrativa del régimen sobre el embargo: «De alguna manera este bloqueo —entre comillas— que no existe, no se aplica a los artículos de lujo. De alguna manera estos artículos llegan a las élites del régimen cubano».
La sesión derivó en uno de los episodios más caóticos de la Asamblea General en años recientes: el canciller Bruno Rodríguez Parrilla avanzó físicamente hacia el estrado donde hablaba Waltz, forzando al presidente de la Asamblea, Khalilur Rahman, a suspender brevemente la sesión. Un miembro de la delegación cubana intentó además arrebatarle el teléfono al portavoz de Waltz mientras grababa la confrontación.
Waltz respondió sin ceder: «Señor canciller, así es como esto se va a hacer: cada vez que me interrumpa, yo voy a seguir explicando cuán corrupto es este régimen, y lo voy a hacer más lentamente».
El respaldo internacional a la resolución cubana contra el embargo ha caído de forma sostenida: de 187 votos en 2024 a 165 en 2025 y a 136 en la sesión extraordinaria de julio de 2026, el nivel más bajo en más de una década. La votación definitiva estaba prevista para este miércoles.
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