
Hay palabras que describen una realidad y otras que, además de describirla, buscan provocar una determinada percepción. El Gobierno cubano prefiere hablar de «bloqueo» estadounidense, una palabra que evoca un cerco absoluto, barcos impidiendo la entrada de mercancías y una isla incomunicada con el mundo. Pero ¿corresponde esa imagen a toda la realidad?
En términos jurídicos y económicos, las sanciones estadounidenses contra Cuba constituyen un embargo comercial y financiero, con restricciones importantes, excepciones y autorizaciones. No equivalen a un bloqueo naval permanente que impida físicamente todo comercio con la isla. La diferencia importa, porque las palabras también pueden utilizarse para construir una explicación política.
Primera grieta: Cuba comercia con el mundo
China, España, Canadá, Brasil, México, Venezuela y Rusia, entre otros países, mantienen relaciones comerciales con la isla. Cuba importa alimentos, combustibles, equipos y otros productos. Por tanto, no existe un aislamiento comercial absoluto. La pregunta pertinente es por qué esas relaciones no han conseguido sacar al país de su prolongada crisis económica.
Segunda grieta: también hay comercio con Estados Unidos
Según la Oficina del Representante Comercial estadounidense, las exportaciones de bienes de Estados Unidos a Cuba alcanzaron 809,6 millones de dólares en 2025. La cifra incluye mercancías de distintas categorías y no debe confundirse con compras exclusivamente médicas. Además, las normas estadounidenses permiten, bajo determinadas condiciones, exportar medicamentos y dispositivos médicos, aunque persisten restricciones y dificultades para determinadas operaciones.
Aquí surge una pregunta incómoda para La Habana: si existen vías legales para adquirir productos médicos, ¿por qué tantos hospitales carecen de medicamentos, instrumental, equipos funcionales y recursos elementales para atender a los pacientes?
Tercera grieta: los hospitales exigen explicaciones
En mayo de 2026, la prensa independiente cubana, citando datos públicos del comercio bilateral, informó de compras cubanas en Estados Unidos durante 2025 de insumos farmacéuticos, instrumental quirúrgico y ortopédico, además de donaciones de productos médicos valoradas en unos cinco millones de dólares.
Estos datos no demuestran que las necesidades sanitarias estén cubiertas: las compras pueden ser insuficientes y las donaciones no resuelven una crisis estructural. Pero obligan a plantear preguntas legítimas. ¿Qué cantidades se adquieren? ¿A qué instituciones se destinan? ¿Cómo se distribuyen? ¿Qué recursos se dedican al mantenimiento de los hospitales? ¿Dónde están los informes públicos que permitan seguir ese recorrido?
No basta con denunciar las restricciones estadounidenses. También hay que explicar la gestión de los recursos nacionales, la falta de inversiones, el deterioro de las instalaciones y las decisiones que han contribuido a debilitar el sistema sanitario.
Cuarta grieta: el embargo no absuelve al Gobierno
Las sanciones estadounidenses producen obstáculos reales y pueden encarecer operaciones, dificultar pagos y limitar oportunidades comerciales. Ignorarlo sería falsear el análisis. Pero convertir el embargo en explicación universal también impide examinar la responsabilidad de quienes gobiernan Cuba desde hace décadas.
El Gobierno controla buena parte de la economía, decide prioridades presupuestarias y administra los recursos públicos. Por eso debe rendir cuentas sobre sus resultados, especialmente cuando están en juego la salud y la vida de los ciudadanos.
La conclusión no consiste en negar el embargo, sino en rechazar que sirva de respuesta automática para todas las preguntas. Cuba comercia, compra productos estadounidenses y dispone de vías autorizadas para adquirir suministros médicos. Las restricciones existen, pero también existen responsabilidades internas que deben investigarse.
Si el Estado cubano dejara de fiscalizarlo todo, quitara controles , dejara producir al campesinado, dejara de fijar precios, y permitiera al necesario intermediario entre quien produce y el mercado, no habría hambre en Cuba . Un estado ineficiente e improductivo necesita apropiarse de lo ajeno… Esta es la pura verdad ...
La pregunta final es sencilla: ¿quién responde por el dinero gastado, los recursos mal administrados y los hospitales que no pueden atender dignamente a los cubanos?
La verdad histórica no acepta explicaciones únicas ni concede impunidad a ningún Gobierno. El pueblo cubano merece conocer tanto el costo de las sanciones externas como las consecuencias de las decisiones de quienes dirigen su país.
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