Emigrar significa comenzar de cero, descubrir nuevas oportunidades y adaptarse a una vida diferente, pero también enfrentarse a emociones que no siempre resultan fáciles de explicar. Así lo contó Sabrina Campuzano, una cubana que lleva un año y cinco meses viviendo en Italia, donde ha experimentado momentos de felicidad, nostalgia y tristeza, especialmente al recordar a su familia en Cuba.
En un video compartido en TikTok, la joven relató cómo ha sido su experiencia desde que llegó al país europeo junto a su esposo. Durante su primer año vivió en Artena, un municipio de la provincia de Roma, y actualmente reside en Ravenna.
Uno de los momentos que más la impactó fue algo tan cotidiano como entrar a un supermercado y encontrarse con los estantes llenos de productos. Una imagen que, lejos de provocarle únicamente alegría, le despertó sentimientos encontrados al pensar en las dificultades que seguían atravesando sus seres queridos en la isla.
«Una de las cosas que más me impactó fue entrar a los supermercados y ver tantas cosas, porque cuando yo salí de Cuba ya faltaban muchas cosas como la luz y el agua», recordó.
«Estar aquí teniendo tantas cosas mientras mi familia seguía allá me provocaba una mezcla de sentimientos difícil de explicar», confesó Sabrina, reflejando la contradicción de disfrutar de una vida con mayores comodidades mientras sus familiares continúan enfrentándose a las carencias en Cuba.
Pero la adaptación no estuvo marcada únicamente por la nostalgia. El clima también representó un desafío para la cubana, acostumbrada al sol y a las temperaturas cálidas de su país natal.
Según explicó, los días fríos y grises del invierno italiano llegaron a afectarla emocionalmente. «Hubo días en los que no tenía ganas ni de levantarme de la cama», admitió.
En medio de esos momentos difíciles, su esposo se convirtió en su principal apoyo. Sabrina destacó que ha estado a su lado en todo momento, animándola y ayudándola incluso en las tareas más sencillas cuando ella no se encontraba bien.
«Él ha sido mi mayor apoyo aquí, la persona que ha estado conmigo desde que me levanto hasta que me acuesto, dándome fuerzas, animándome, acompañándome incluso en mis días más difíciles», expresó. También recordó que, cuando no tenía ánimos ni para cocinar, su pareja se encargaba de hacerlo por ella.
Poco a poco, la joven ha ido construyendo su nueva vida. Ha trabajado, aprendido italiano y tenido la oportunidad de conocer lugares como Roma, Turín, Nápoles, Puglia, Calabria y la Toscana. Actualmente vive en Ravenna, donde continúa adaptándose a esta nueva etapa.
Su experiencia recuerda a la de otras cubanas que han contado cómo es empezar de nuevo en territorio italiano. Algunas, incluso después de muchos años fuera de la isla, reconocen que la nostalgia por Cuba nunca desaparece.
Después de un año y cinco meses en Italia, Sabrina reconoce que ha aprendido a convivir con esas emociones y a valorar las oportunidades que tiene sin dejar de extrañar a quienes permanecen en Cuba.
«Hoy, después de un año y cinco meses aquí en Italia, he aprendido que puedo estar agradecida por la vida que estoy construyendo y seguir echando muchísimo de menos a mi familia», reflexionó.
Y cerró su testimonio con una frase que resume lo que ha significado para ella comenzar una nueva vida lejos de casa: «Detrás de cada comienzo hay una historia que no siempre se ve».
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