Una calabaza de Halloween que cuesta más de la mitad del salario mínimo mensual: eso es lo que Chequera —el personaje que interpreta el actor cubano Mario Sardiñas— le llevó a su sobrina este 31 de octubre, en un reel de 21 segundos publicado en Facebook que resume con humor demoledor la pesadilla económica que vive la isla.
El sketch es tan breve como certero. Chequera llega con la calabaza encargada y la sobrina le dice que «esa calabaza no da miedo». La respuesta del tío es inmediata: «¿Que no da miedo? Deja que yo te diga lo que me costó para que tú veas». Cuando la sobrina pregunta el precio, el remate llega como un mazazo: «¡1.700 pesos! ¡Te lo dije que te ibas a asustar, te lo dije!».
El chiste funciona porque el dato es real y escalofriante. El salario mínimo mensual en Cuba es de 3.210 pesos —elevado en julio de 2026 desde los 2.100 pesos anteriores, un alza que el propio régimen reconoció insuficiente para cubrir la canasta básica—, lo que significa que esa calabaza decorativa se lleva más de la mitad de lo que gana al mes un trabajador con el sueldo más bajo del país. Y ese salario mínimo, traducido al tipo de cambio informal, equivale a menos de cinco dólares.
El contexto lo hace aún más aterrador. La inflación oficial interanual en Cuba alcanzó el 28,44 % en septiembre de 2026, mientras que los precios de los alimentos y las bebidas no alcohólicas registraron un incremento del 42,66 % respecto al mismo mes del año anterior, según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
El paquete de pollo, que hace unos meses costaba entre 2,000 y 2,600 pesos, llegó a 7,000 pesos o más tras la eliminación de topes de precios. Un litro de aceite se ha llegado vender a 6,000 pesos o más. Un cartón de 30 huevos alcanzó ha superado los 4,300 pesos en algunas provincias. En ese paisaje, pagar 1,700 pesos por una calabaza que solo sirve para decorar no es un gasto: es un acto de valentía o de locura.
La celebración del Halloween habanero este año tuvo su propio condimento de horror: jóvenes disfrazados de Joker, monja y médico se reunieron en espacios culturales privados como El Proyecto, en El Vedado, en medio de un apagón de aproximadamente 30 horas. Porque en Cuba el susto de Halloween no llega disfrazado: llega en la factura de la luz que no hay, en el precio del mercado y en el peso que no alcanza.
Sardiñas lleva meses convirtiendo a Chequera en un termómetro preciso —y muy gracioso— de la crisis cubana. Unos días atrás publicó un reel donde explica que su barrio de Arroyo Arenas es «una tribu», un lugar sin corriente, sin internet y que cocina con leña, un video que superó las decenas de miles de reproducciones.
A mitad de septiembre reaccionó con terror exagerado ante «cosas del más allá»: un pomo de aceite, una balita de gas y una pila con agua abundante... También satirizó la subida del pollo con la frase «al paquete de pollo también le subieron el salario. Eso es lo que llamo yo: igualdad», en un reel que retrató la paradoja del alza salarial frente a la inflación.
Asimismo, en otro reel se propuso convertir una bandeja de comida en antena para buscar señal... de alimentos. Este superó las 334.000 visualizaciones.
En los comentarios del video de la calabaza, varios usuarios reconocieron el miedo y hasta horror que producen los precios en la isla. En la Cuba de 2026, donde el más del 90% de la población carece de acceso adecuado a alimentos, según el Food Monitor Program, el verdadero pavor no necesita disfraz, ni calabaza, ni Halloween.
El video de la calabaza acumuló casi 30.000 visualizaciones y más de 2,000 likes en pocas horas, confirmando que Chequera sigue siendo uno de los humoristas que mejor entiende —y mejor cuenta— lo que significa vivir en Cuba cuando hasta el susto del 31 de octubre tiene precio de lujo.
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