Diez meses después de la caída de Maduro, ¿por qué sigue en pie la dictadura cubana? Expertos de Miami lo explican

Detalle de La Plaza Albear, en La Habana (Imagen de referencia) © CiberCuba
Detalle de La Plaza Albear, en La Habana (Imagen de referencia) Foto © CiberCuba

Casi diez meses después de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el gobierno cubano continúa en el poder pese al endurecimiento de las sanciones estadounidenses, la interrupción del suministro de petróleo venezolano y el agravamiento de la crisis energética en la isla.

Un análisis publicado por Newsweek este 2 de noviembre y firmado por David Averre, examina por qué la estrategia de Donald Trump no ha conseguido provocar en Cuba un desenlace semejante al de Venezuela.

Christopher Hernandez-Roy, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS); Michael Bustamante, de la Universidad de Miami; y Sebastián Arcos, de la Universidad Internacional de Florida (FIU), explican las diferencias entre ambos sistemas políticos y los obstáculos que enfrenta Washington para conseguir un cambio en La Habana.

Más presión económica, pero sin resultados políticos

Desde enero de 2026, la administración Trump ha intensificado las restricciones económicas contra Cuba.

Las medidas incluyen la interrupción del suministro de petróleo venezolano, amenazas de aranceles contra países que abastezcan de combustible a la isla y nuevas sanciones contra funcionarios, empresas estatales y compañías extranjeras vinculadas al gobierno cubano.

Las consecuencias económicas y energéticas han sido graves. Según Newsweek, el sistema eléctrico nacional sufrió al menos seis colapsos parciales o totales entre enero y septiembre, mientras los apagones llegaron a superar las 24 horas en algunas zonas del país.

Sin embargo, el deterioro de las condiciones de vida no se ha traducido en las concesiones políticas que Washington esperaba.

El gobierno de Miguel Díaz-Canel mantiene el control de las instituciones y continúa rechazando las presiones estadounidenses.

El canciller Bruno Rodríguez Parrilla ha defendido la disposición del gobierno cubano a resistir la presión durante el tiempo que sea necesario.

Por su parte, la encargada de negocios de Cuba en Washington, Lianys Torres Rivera, señaló en octubre que existen canales de comunicación entre ambos países, pero no negociaciones formales.

¿Por qué Cuba no es Venezuela

Una de las principales diferencias señaladas por los especialistas es la estructura del poder político en ambos países?

Michael Bustamante, historiador y director del Programa de Estudios Cubanos de la Universidad de Miami, destaca que Cuba funciona como un sistema de partido único, mientras que Venezuela conservó instituciones y espacios políticos formalmente multipartidistas durante el gobierno de Maduro.

En Venezuela, la oposición consiguió una amplia movilización electoral en 2024, aunque el resultado oficial fue cuestionado y el gobierno de Maduro fue acusado de manipular los comicios.

Tras la captura del mandatario en enero de 2026, su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, asumió el poder y estableció mecanismos de cooperación con Washington.

En Cuba no existe una figura equivalente dentro de la cúpula gobernante que pueda asumir el mando y negociar una transición semejante.

Tampoco hay una oposición con representación institucional comparable a la venezolana.

Sebastián Arcos, director del Instituto de Estudios Cubanos de FIU, también subraya las diferencias entre los dos sistemas.

A su juicio, el control político e institucional desarrollado por el régimen cubano hace mucho más difícil reproducir el escenario venezolano.

La salida de Díaz-Canel o incluso de Raúl Castro tampoco garantizaría necesariamente un cambio de orientación política.

La estructura del Partido Comunista, las Fuerzas Armadas y los organismos de seguridad podría permitir la continuidad del sistema bajo otros dirigentes.

La estrategia de Washington: presión y desgaste

Arcos interpreta las medidas de la administración Trump como una combinación de intimidación y presión económica destinada a debilitar al gobierno cubano y estimular posibles fracturas dentro de sus estructuras de poder.

La estrategia busca aumentar los costos de mantener el sistema actual, restringiendo recursos y reduciendo las posibilidades de que La Habana encuentre nuevas fuentes de financiamiento y abastecimiento.

Sin embargo, la presión económica no garantiza por sí sola una transformación política.

Los especialistas advierten que la capacidad de resistencia del aparato estatal cubano y la ausencia de una alternativa de poder claramente identificada complican cualquier intento de reproducir la operación realizada en Venezuela.

La paciencia estratégica de Marco Rubio

El secretario de Estado, Marco Rubio, ha defendido una política de presión sostenida, sin comprometerse con una caída inmediata del gobierno cubano.

En agosto, Rubio aseguró que Cuba estaría encaminada hacia un futuro diferente antes de que terminara la administración Trump.

También explicó que Washington continuaría bloqueando los mecanismos utilizados por el gobierno cubano para aliviar las restricciones económicas.

«Cada vez que encuentran una salida, nosotros la cerramos», afirmó entonces.

Según Bustamante, esa apuesta por la paciencia estratégica ha provocado inquietud entre algunos seguidores de Rubio en Miami, especialmente entre quienes esperan medidas más contundentes contra La Habana, incluida una posible intervención militar.

La administración estadounidense, sin embargo, enfrenta obstáculos que van más allá de la resistencia del gobierno cubano.

La guerra con Irán cambió los cálculos sobre Cuba

Christopher Hernandez-Roy, director en funciones del Programa de las Américas del CSIS, considera que la guerra con Irán modificó sustancialmente las posibilidades de una operación estadounidense contra Cuba.

El conflicto obligó a trasladar recursos militares que habían estado desplegados en el Caribe y elevó los riesgos políticos de una nueva intervención, especialmente si no produjera un resultado rápido como el obtenido en Venezuela.

La diferencia entre ambos escenarios es significativa: la operación contra Maduro permitió establecer una relación de cooperación con una parte del gobierno venezolano, mientras que en Cuba Washington no cuenta con un interlocutor equivalente que garantice la continuidad institucional bajo nuevas condiciones políticas.

Durante un acto en Florida el 23 de octubre, Trump volvió a sugerir que Cuba figuraba entre sus próximos objetivos y habló de enviar a Rubio para alcanzar un acuerdo una vez que los buques estadounidenses regresaran de la región de Irán.

Pero las declaraciones presidenciales no han venido acompañadas de una operación comparable a la ejecutada en Venezuela.

Mientras Washington mantiene su campaña de presión y Rubio apuesta por el desgaste a largo plazo, el gobierno cubano conserva el control político.

Para los especialistas consultados por Newsweek, la fortaleza de sus mecanismos de control, la falta de un sucesor dispuesto a cooperar con Estados Unidos y los riesgos de una intervención militar explican por qué la caída de Maduro no ha tenido el mismo desenlace en La Habana.

COMENTAR

Vídeos relacionados:

Archivado en:

Redacción de CiberCuba

Equipo de periodistas comprometidos con informar sobre la actualidad cubana y temas de interés global. En CiberCuba trabajamos para ofrecer noticias veraces y análisis críticos.






¿Tienes algo que reportar?
Escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

+1 786 3965 689


Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.


Redacción de CiberCuba

Equipo de periodistas comprometidos con informar sobre la actualidad cubana y temas de interés global. En CiberCuba trabajamos para ofrecer noticias veraces y análisis críticos.

Sigue leyendo 👇

No hay más noticias que mostrar, visitar Portada