
Durante 15 días, los vecinos del barrio habanero de Atarés se turnaron para cuidar a un bebé abandonado en sus calles, después de que la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) se negara a recibirlo en al menos dos estaciones distintas. El episodio fue narrado públicamente por el historiador y activista cubano Aries M. Cañellas Cabrera, residente en Madrid, quien esperó a que el caso se resolviera antes de hacerlo público.
Fue una madre del barrio quien encontró al recién nacido y tomó la decisión que parecía obvia: llevarlo a la policía. La respuesta la dejó sin palabras. «Lo encontró otra madre, que hizo lo lógico: llevarlo a la policía. Pero como el sentido común no aplica a las fuerzas del orden cubanas le dijeron... ¡que no lo podían recibir!», escribió Cañellas Cabrera. Al día siguiente, acompañada por otros vecinos, la mujer intentó de nuevo en una segunda estación, con idéntico resultado.
Ante la inacción institucional, Atarés respondió de una manera que el propio autor califica de extraordinaria: el barrio adoptó colectivamente al niño.
Los vecinos organizaron un sistema de turnos para cuidarlo de casa en casa, le reunieron una maleta de ropa y se aseguraron de que recibiera leche y yogurt a sus horas. Al menos tres madres lactantes acudían cada día a amamantarlo. «Para que crezca fuerte como los míos», decían, según recoge el relato.
Cañellas Cabrera, que lleva tres años fuera de Cuba, reconoce que Atarés es hoy un lugar muy distinto al que conoció: «Las calles donde me crié son hoy un sitio muy distinto, como en casi toda Cuba la droga y la violencia han crecido de manera desmedida». Por eso, la respuesta comunitaria ante el bebé le resultó especialmente significativa.
«El barrio había recordado, gracias a ese bebé, que se puede ser, como en los 90, el sitio más peligroso y a la vez más seguro de toda La Habana», escribió el historiador, aludiendo a una época en que las redes de solidaridad vecinal funcionaban como mecanismo de protección colectiva.
Mientras tanto, algunas madres del barrio buscaban por las calles a la progenitora del bebé. El mensaje era contundente: «Si la encontramos la vamos a amarrar en el parque del Tío Tom, se puede ser bandida, pero mala madre no».
Tras 15 días de cuidado vecinal, enfermeras del policlínico de Fernandina recogieron al menor y lo trasladaron a una casa de niños en el municipio 10 de Octubre. «Me dicen que ese día había tristeza, que la gente dura de Atarés estaban de capa caída, pero conscientes de que era lo mejor lo dejaron ir», narra Cañellas Cabrera.
En septiembre de este año, dos fetos fueron hallados entre basura en Centro Habana y las autoridades no emitieron ningún comunicado oficial. A comienzos de año, dos gemelos fueron presuntamente abandonados en el Hospital Pediátrico de Camagüey, donde permanecieron bajo el cuidado del personal de enfermería. Cuba contaba en 2023 con apenas 54 centros de asistencia para menores, atendiendo a poco más de 400 niños sin amparo filial.
Para Cañellas Cabrera, el valor del relato va más allá de la anécdota: «Si hoy traigo esta historia a mi muro es para que se sepa que el régimen no ha podido acabar con todo, que la gente en Cuba se niega a deshumanizarse».
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