
En medio de las carencias que golpean a numerosas familias cubanas, un grupo de monjas llevó algo más que alimentos y productos de primera necesidad a comunidades rurales de Sancti Spíritus: su presencia, sus palabras y el acompañamiento espiritual ofrecieron momentos de cercanía y consuelo a personas que enfrentan situaciones difíciles.
La organización Cáritas Santa Clara informó este jueves en Facebook que concluyó la distribución de ayuda humanitaria procedente de Estados Unidos en los poblados de Guasimal y Paredes, provincia de Sancti Spíritus, durante jornadas en las que participaron voluntarios y religiosas de la congregación Misioneras de Jesús Verbo y Víctima.
Las entregas estuvieron marcadas por escenas de gratitud y emoción entre las familias beneficiadas, muchas de las cuales encontraron en las religiosas no solo a personas que colaboraban con la asistencia material, sino también una presencia cercana en momentos de necesidad.
«Muchas familias, con lágrimas en los ojos, rezaron a Dios y a la Madre de la Caridad una acción de gracias por todos los que hicieron posible la llegada y distribución de estos donativos», relató Cáritas.
La organización describió las jornadas como días de intenso trabajo, pero también de experiencias profundamente humanas para las familias, los voluntarios y las religiosas involucradas.
Las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima desarrollan labores pastorales y asistenciales en esta zona espirituana. Su participación permitió que la ayuda llegara acompañada de una dimensión espiritual especialmente significativa para quienes encuentran en la fe una fuente de fortaleza frente a las dificultades cotidianas.
El valor de esas visitas no estuvo únicamente en los productos entregados. En hogares donde las necesidades materiales son muchas, la disposición a escuchar, compartir y acompañar puede resultar tan reconfortante como el propio donativo.
La cercanía de las religiosas con las comunidades también refleja una parte de la labor que realizan congregaciones y voluntarios católicos en localidades cubanas donde la asistencia a personas vulnerables constituye una tarea cotidiana.
Según la publicación, los participantes vivieron momentos que «marcaron y llenaron el corazón», una expresión con la que Cáritas resumió el impacto emocional de las jornadas.
El cargamento distribuido en Guasimal y Paredes contenía 700 módulos de alimentos y otros 700 de productos de aseo, enviados por el Gobierno de Estados Unidos y recibidos por la Diócesis de Santa Clara el pasado 29 de octubre.
La organización confirmó que la distribución de esos suministros ya concluyó en ambas comunidades, después de varios días de trabajo de voluntarios y religiosas.
«Se cierra así, en estos poblados, una etapa de entrega marcada por la solidaridad, el esfuerzo de los voluntarios y la gratitud de las familias beneficiadas», expresó Cáritas Santa Clara.
La presencia de las monjas había sido anunciada desde la llegada del cargamento. El 29 de octubre, un segundo envío de ayuda estadounidense destinado a la Diócesis de Santa Clara aterrizó en el Aeropuerto Internacional Abel Santamaría, en Villa Clara, con los suministros destinados a comunidades del sur de Sancti Spíritus.
La carga fue trasladada a la parroquia La Purísima Concepción, en Guasimal, atendida pastoralmente por las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima, quienes habían recibido orientaciones de Cáritas para organizar la distribución junto a los voluntarios locales.
El obispo de Santa Clara, monseñor Arturo González Amador, había pedido entonces que las entregas no se limitaran a proporcionar alimentos y artículos de higiene, sino que también representaran un gesto de cercanía hacia quienes sufren.
En su mensaje, invitó a los participantes a actuar como el buen samaritano, deteniéndose ante «el pobre y el que sufre» para ofrecerle ayuda y acompañamiento.
El envío de octubre fue el segundo destinado a esta diócesis. El primero había llegado el 10 de septiembre, también con 700 módulos de alimentos y 700 de higiene, distribuidos principalmente en las comunidades de Quemado de Güines y Rancho Veloz, en el norte de Villa Clara.
En aquella ocasión, monseñor González Amador reconoció que los recursos no alcanzarían para todas las personas necesitadas y que las entregas debían concentrarse en los hogares más vulnerables.
«Solo podremos socorrer a los casos más urgentes y a las situaciones más dolorosas», advirtió entonces el obispo, quien recordó que la asistencia humanitaria ofrece un alivio temporal, pero no constituye una solución permanente a las necesidades de las familias cubanas.
La ayuda forma parte del programa de asistencia anunciado por Washington para Cuba en 2026, valorado en 100 millones de dólares, de los cuales 60 millones se canalizan mediante Cáritas Cuba y Catholic Relief Services (Servicios Católicos de Ayuda), incluidos los suministros y los costos necesarios para distribuirlos.
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