
Las calles de Teherán y otras ciudades iraníes se llenaron este miércoles de marchas multitudinarias para conmemorar el 47.º aniversario de la toma de la embajada estadounidense hace 70 años, en una jornada que se convirtió en una celebración doble: la del aniversario histórico y la de la derrota republicana en las elecciones de medio mandato celebradas apenas 24 horas antes.
Frente al edificio de la antigua delegación diplomática —que el régimen iraní denomina el «Nido de Espías»— se desplegaron pancartas con caricaturas y mensajes hostiles contra Donald Trump, acompañadas de los habituales cánticos de «muerte a Estados Unidos» y «muerte a Israel», según informó la Agencia EFE desde Teherán.
También se exhibieron imágenes del líder supremo Mojtaba Jamenei apuntando con un fusil.
Las autoridades iraníes interpretaron la pérdida del Senado y la Cámara de Representantes por parte de los republicanos como una victoria propia y como un rechazo del electorado estadounidense a la guerra.
El presidente del Parlamento iraní y principal negociador del país, Mohammad Baqer Qalibaf, publicó en X: «Los estadounidenses dijeron NO A LA GUERRA, y respaldamos este mensaje». Advirtió además que si Trump ignoraba esa voluntad popular y retomaba los ataques, encontraría una «pesadilla» iraní.
El portavoz del Ministerio de Exteriores, Ismail Bagaei, fue más directo y sostuvo que Trump, «impulsado por la codicia y la arrogancia» y al servicio de Israel, arrastró a su país a un conflicto que terminó costándole las elecciones.
El tono de Jamenei fue, sin embargo, más cauteloso. El líder supremo advirtió que quienes esperan un cambio de política de Washington por la alternancia de partidos «están profundamente equivocados» y descartó cualquier concesión, afirmando que «el poder y la hegemonía en declive de Estados Unidos han sufrido una caída irreversible tanto en el ámbito de su poder militar como en el de su poder blando internacional».
El contexto bélico explica en gran medida la magnitud de la derrota republicana. El conflicto entre EE.UU., Israel e Irán estalló el 28 de febrero de 2026 con la Operación Furia Épica, una ofensiva aérea coordinada contra instalaciones nucleares y militares iraníes.
Irán respondió cerrando el estrecho de Ormuz, por donde transita entre el 20% y el 25% del petróleo mundial, lo que disparó el precio de la gasolina regular en EE.UU. de 2,98 dólares por galón antes de la guerra a 4,48 dólares en mayo, mientras el diésel llegó a 6,35 dólares en octubre.
Un sondeo citado por ABC News reveló que el 71% de los estadounidenses consideraba la gasolina inasequible en octubre de 2026, frente al 28% registrado en febrero.
El propio Trump reconoció que la guerra con Irán influyó en la derrota: «Creo que una parte fue Irán», dijo a Fox News, aunque defendió su decisión: «Hice lo correcto. Lo habría vuelto a hacer».
El vicepresidente JD Vance fue aún más categórico. En una publicación en X, escribió: «La razón por la que perdimos es la guerra. El propio presidente lo dijo anoche».
Los demócratas proyectaron unos 244 escaños en la Cámara de Representantes, muy por encima de los 218 necesarios para la mayoría, y ganaron el Senado con victorias históricas en Texas, Kansas, Carolina del Sur, Ohio e Iowa.
Pese a la celebración, dos altos funcionarios iraníes citados por Reuters advirtieron que Teherán temía que Trump intentara compensar la derrota con un nuevo ataque militar, por lo que el país permanecía en alerta elevada. Las negociaciones indirectas mediadas por Qatar y Pakistán continúan estancadas: Irán exige el cumplimiento íntegro de siete condiciones, entre ellas el levantamiento de sanciones y el fin del bloqueo marítimo.
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