
Brasil se enfrenta a una de sus crisis políticas más profundas. Los brasileños se manifiestan en las calles para exigir a Temer la dimisión y el presidente ha comenzado a mostrar ya los primeros síntomas de debilidad, lo que hace pensar a los analistas que la salida de este podría ser inminente.
La popularidad del presidente brasileño ha sufrido un brusco descenso a causa de los constantes escándalos de corrupción. Michael Temer ha perdido el apoyo de algunos de sus socios en el gobierno y son muchos los brasileños que se sienten defraudados por un gobierno corrupto.
Entre los escándalos a los que se enfrenta Temer están los relacionados con el pago de sobornos de una empresa cárnica al al ex presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, actualmente en prisión, e irregularidades electorales.
Existen altas probabilidades de que el país acabe el 2017 en recesión por tercer año consecutivo, una situación que debilita más si cayera la presidencia de Temer.
En el caso de que, siguiendo las hipótesis de los analistas, finalmente se produjera la salida de Michel Temer del poder, gran parte de la sociedad y los grupos políticos de izquierda reclaman la convocatoria a elecciones generales en el país.
Sin embargo, la Constitución recoge que si la renuncia al poder se produce en los dos últimos años de mandato, un nuevo presidente debe ser elegido por el Congreso Nacional para dirigir el país hasta los comicios de 2018. Actualmente hay dos propuestas de Enmienda a la Constitución que posibilitaría la elección directa.
En caso de que el país vaya a elecciones, aún no existe un candidato de consenso que reemplace al presidente.
Algunos rumores apuntan a que entre los posibles propuestas se encuentra el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula Da Silva quien recientemente aseguró “Queremos que (Michel) Temer salga ya, pero no queremos que un presidente sea electo indirectamente”, durante un acto público en San Bernardo do Campo, Sao Paulo.
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