Sandro Castro, nieto del dictador cubano Fidel Castro, ha vuelto a ser centro de la indignación popular tras la publicación de un video en Instagram en el que recomendó “nueve cervezas diarias” como fórmula para “tener buena salud”.
Aunque en apariencia pudiera parecer un chiste de mal gusto o una puesta en escena absurda, el contenido del video generó una ola de repudio entre los cubanos. Y no es para menos.
En un país donde el salario mínimo es de 2,100 pesos cubanos y la mayoría de la población sobrevive con lo justo, la sugerencia de consumir mensualmente 178 dólares en cerveza (el equivalente a más de 65,000 CUP) constituye un insulto obsceno.
Una provocación que refleja impunidad
Para miles de cubanos, el nieto del comandante se ha convertido en una especie de bufón de corte, alguien que actúa con total impunidad, escudado en su apellido. Pero su humor no provoca risa; lo que genera es rabia, frustración y, sobre todo, una sensación de burla institucionalizada.
Así lo expresaron los más de 1,600 comentarios en la página de Facebook de CiberCuba, donde ciudadanos de todas las edades han reaccionado con indignación.
Desde frases como “¡Hasta cuándo este payaso!” hasta acusaciones de “chantaje emocional al pueblo”, pasando por señalamientos de que “si fuera un joven común ya estuviera preso”, la respuesta de rechazo fue masiva y contundente.
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El rostro cínico de la desigualdad
Mientras los cubanos enfrentan apagones, colas para adquirir productos básicos, inflación y la caída libre de su poder adquisitivo, Sandro se exhibe celebrando su propio privilegio.
No es solo que beba cerveza. Es que la promueve como una forma de vida “saludable”, con un guiño a la empresa estatal Cervecería Bucanero S.A., sin aclarar si se trata de contenido publicitario.
Esta actitud, alejada de cualquier sentido de responsabilidad, revela una desconexión brutal con la realidad nacional. La gran mayoría de los ciudadanos, especialmente aquellos que no reciben remesas, ni siquiera pueden permitirse un desayuno diario, según datos recientes del Observatorio Cubano de Derechos Humanos.
Reacciones: Entre la burla y la rabia
Una parte del público se pregunta si Sandro “el Sangrón” actúa por simple provocación, o si sus videos en realidad son un sabotaje velado contra el sistema que lo sostiene.
Otros lo interpretan como una “oveja negra” dentro del clan Castro, un personaje que “desacredita a su familia” y “ridiculiza al sistema”. Pero, como han señalado muchos usuarios, esa lectura alternativa no le quita responsabilidad ni alivia la falta de respeto con que se comporta.
“Es intocable”, “se burla del pueblo”, “con él no se mete ni la policía ni ETECSA”, son frases recurrentes entre los más de mil comentarios que ha generado el video.
Varios recordaron que jóvenes que han protestado o escrito canciones críticas contra empresas estatales han sido arrestados, mientras Sandro goza de megas ilimitados, abundancia y cámaras.
¿Un síntoma o un símbolo?
Más allá del personaje, el caso de Sandro Castro es revelador. Muestra cómo una élite hereditaria vive de espaldas al sufrimiento del pueblo, mientras exhibe su desprecio de forma abierta y reiterada.
Su figura se ha convertido en un símbolo de impunidad y cinismo, de una Cuba donde las reglas solo se aplican a los de abajo. “Pan y circo”, comentaba una usuaria. Pero en Cuba ya no hay pan, y el circo, encarnado por Sandro, no divierte, sino que hiere.
Frente a un escenario cada vez más tenso, con una juventud movilizada, apagones prolongados y hambre estructural, las provocaciones de este “influencer de la revolución” podrían terminar siendo más que una burla: una chispa.
Y como alguien escribió con lucidez en Facebook: “Nada hay más cierto que un día sigue a otro”. El tiempo —y el pueblo— pondrán las cosas en su lugar.
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